martes, 16 de agosto de 2011
Uno de patadas
lunes, 15 de agosto de 2011
El mes de la nostalgia, Parte III: Stop/Rewind/Play
Díganme si esta música no es el verdadero himno de nuestra nostalgia veinteañera
Del vals al holograma
Más que espectadora, era una intérprete más de la película. Al vigésimo quinto visionado –cinta desgastada ya por los sucesivos rewind que cada fin de semana sufría- ya sabía los diálogos y los repasaba ante los ojos atónitos de mi abuelo. Aún hoy me cautiva el vals entre Aurora y su Príncipe, quizás porque me transporta a aquella sensación de ser un poco reina en aquella casa de la calle Asilo.
Truly, truly, truly outrageous…
Hay una joya de mi memoria videosférica que Youtube, en su limitada omnipotencia, no me ha sabido recuperar. Es una película que marcó mi vida para siempre, y no estoy exagerando. Alcanzando el cielo, se titulaba, según la traducción al español. Campioana (“Campeona”) es su título original, en rumano, según me enteré varios años después, ya sin la posibilidad de volver a rebobinarla. Esta cinta que tantas decenas de veces alquilé en el videoclub cercano a casa (ya teniendo casetera en mi hogar) relataba la historia de una niña rumana que soñaba con ser gimnasta, entrenaba duro y ganaba el oro olímpico. La inspiración explícita: Nadia Comaneci.
domingo, 14 de agosto de 2011
Eddie, traé el ukulele.
Supongo, fiel lector de la columna de #rwack, que ya lo sabías y que ya tenés tu entrada o ya estás haciendo transas para conseguirla. Antes de seguir leyendo, quiero que veas este video y entiendas lo que significa un toque en vivo de esta magnitud.
Pff. A full, ¿no? Dan ganas de estar ahí saltando, ¿verdad? Ya falta menos, falta menos (countdown http://t.co/hEUla84 // vía @vmseba).
Los Pearl Jam siempre están haciendo algo.
Luego de su último discún de estudio, “Backspacer”, sacaron una reedición del Ten, un boxset con el Vs y el Vitalogy, y un discazo en vivo llamado Live on Ten Legs. Este año la banda cumple 20 años, y van a sacar una película llamada Pearl Jam Twenty. La gira que los trae acá funciona como la excusa perfecta para promocionar dicho film.
A todo esto, Eddie Vedder sacó un rico disco solista, Ukulele Songs, sucesor de la banda sonora de Into the Wild. Por algún lugar escuché que el propio Eddie Vedder, solito, puede ser el show que abra a Pearl Jam en La Plata. ¡Traé el ukulele, Eddie, dale!
Intento imaginarme el toque que vamos a presenciar y no me da la cabeza. Seguro que tocan Even Flow, Jeremy, Do The Evolution, Animal, Alive, Porche, Given To Fly, Black y, espero, como tres horas más de canciones. Pero también sé que hay dos millones de temazos más que van a quedar afuera de la lista. Últimamente estoy escuchando mucho el Lost Dogs, que está compuesto por temas raros, y seguro que la única que van a tocar de ahí es Yellow Ledbetter (dejando afuera a Hitchhicker, All Night, Sad, y más). Aaaaaaaaaahhhhhh.
Bueno ta, ésto se me fue de las manos y se transformó en una catarata atropellada de emociones y suposiciones sin sentido.
La verdad que no quiero escribir más. Quiero escuchar Pearl Jam.
Si vuelven a tocar este enganche, mueren 60 mil personas al instante. Después no digan que no avisé.
Trailer de PJ20 con Given to Fly.
Y termino con esta perfecta interpretación de Black, y seguramente también, la más conocida.
viernes, 12 de agosto de 2011
Hay modos y modos de observar
jueves, 11 de agosto de 2011
El mes de la nostalgia, Parte II: Te extraño en todos los idiomas
“Buenos Aires te extraña”, dice un afiche publicitario que invita al turismo en la ciudad del tango. Una pareja de bailarines milongueros se abraza acompañando el eslogan. Y pienso en Gardel, y en su Buenos Aires querido que nunca pudo volver a ver. Sí, ya se asoman las primeras gotas de nostalgia. Buenos Aires extraña a Gardel. Gardel extraña a Buenos Aires. ¿Son ya como dos extraños?
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| John William Waterhouse, Penelope |
El dolor de la falta se materializa en otra faceta del desencuentro cuando pasamos al inglés. “I miss you”, dicen los anglófonos. Pero “miss” no es solo “extrañar”, es también “perder”. Es lo que se tuvo y nos fue arrancado. Te extraño: te pierdo. (Idea Vilariño, siempre: “Como si ya te hubiera perdido alguna vez”). Cuando perdemos algo, significa que no lo podemos encontrar. Permanece perdido hasta que lo (re)encontramos. Perder: “ex-traviar”, asombrosamente parecido a “extrañar”, aunque “extraño”, en inglés, se diga “stranger”. La nostalgia como pérdida, como algo que se nos escapa. El problema es si al final “perdemos” también la batalla contra la distancia.
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| Giorgio de Chirico, Il Rittorno di Ulisse, 1968. |
Hay un precioso capítulo de Milan Kundera en su novela-ensayo La ignorancia, donde recorre las variaciones idiomáticas de la nostalgia asociadas a las ansias de volver a la tierra natal (el eterno retorno de Ulises, la eterna espera de Penélope). Allí menciona otro sinónimo del verbo “extrañar”: “añorar”. La añoranza no solo comparte con la extrañeza la letra ñ. Como explica Kundera, añorar viene del verbo catalán “enyorar”, que a su vez deriva del latín “ignorare”. Esa génesis de la añoranza en la ignorancia no se da solo etimológicamente sino pragmáticamente, en el sentir. Añoramos porque ignoramos. “Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país está lejos, y no sé qué ocurre en él”(1). Es por eso que extrañamos tanto. Cuando menos sabemos, cuanto más dolorosa es la incertidumbre, mayor el deseo de disolver las distancias.
| Francesco Primaticcio, Ulises y Penélope |
(1) Kundera, Milan, La Ignorancia. Tusquets Editores, Barcelona, 2000.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Algunas consideraciones apenas instintivas al respecto de “Artigas, la Redota”
El pasado lunes a la noche asistí al cine para ver “Artigas, la Redota”, la sala estaba a medio llenar, el público adulto, en promedio mayor de 35 años. Sin embargo el comportamiento era cuasi infantil, “que éste es de la tele”, “sí, pero eso es Colonia, no es Montevideo”, “… ¡Mirá! ¡Cómo van a pasar a Artigas teniendo sexo, qué falta de respeto!”, etc. etc. Y después lo de siempre, los celulares y la ausencia de cualquier tipo de modales para comer o tomar en medio de lo que se esperaba que fuese el clima en una sala para disfrutar realmente de este tipo de espectáculo.
Concretamente sobre el film, debo decir que entra en el límite superior del rango de consideración de lo aceptable.
Respecto a la fotografía y el arte visual en general suple las expectativas previas, sobre todo teniendo en cuenta un conocimiento previo del trabajo de su director César Charlone. Los modos en los que logra asociar su cámara con la obra de Blanes se definen como una de sus mayores conquistas. Además de la mancomunación con la banda sonora de Luciano Supervielle, se supo que en algunas ocasiones la música preexistente inspiró a la cámara en su trabajo en un ejercicio más que interesante.

Tal vez lo más criticable en general sea en algunas secuencias los movimientos erráticos de la cámara, mostrados pareciera incluso desde una lente sucia (lo que me alejaba más aún de la situación narrada) y la deformación que se puede apreciar en un par de secuencias por el uso de una lente similar al ojo de pez, que no tiene a mi criterio un andamiaje claro, solo me creaba confusión.
Todo eso desde el punto de vista estrictamente técnico, sobre el guión (del propio Charlone junto a Pablo Vierci) mis dudas crecen todavía un poco más y me permito cuestionarme otras cosas, no sé si es desde el punto propio de mi ignorancia, pero no podía dejar de sentirme incómoda por el exceso de la voz en off en una especie de soliloquio que se repetía constantemente por parte del espía español, (antagonista o brazo ejecutor del verdadero antagonista -según se quiera ver- Sarratea, encarnado convincentemente por Mario Ferreira), donde la amada era evocada como esperanza de futuro de un modo que rozaba el cliché apoyándose en la representación gráfica de la misma en dibujos separados, los ojos dibujándose en el mar, su cuerpo entre las piedras, etc. Al repetir eso tantas veces uno podría llegar a pensar que dichas remembranzas se iban a ampliar o a profundizar, pero solo retrasan más y enlentecen la acción de dicho personaje sumiendo esos proyectos y sus ganas de alcanzarlos en innecesaridad y superficialidad desde la lectura posible del espectador. También en los usos de epígrafes (textos para indicar lugar por ejemplo) se llega a apreciar esa redundancia aludida… a ver, a la tercera vez que mostrás la Casa de Gobierno en Bs. As. y no se enmarca ninguna otra acción en un lugar similar no es necesaria la aclaración, me parece.
Por suerte, la obra citada me sorprendió por la positiva en el aspecto que más desconfianzas me despertaba en la previa, y que ha sido catalogado como uno de los clásicos problemas del cine nacional, juicio que en los últimos años ha ido revirtiéndose o al menos atenuándose gracias a entre otras a la otra (valga la redundancia) pieza fílmica de Charlone, “El baño del Papa”: el tema del trabajo actoral, la “adaptación” al cine de nuestros actores formados para el teatro, la dirección de actores.
La dificultad en este sentido asomaba desde distintos frentes, la personificación de la Historia nunca es una historia exenta de polémicas o al menos de discusiones en la cinematografía, incluso en las sociedades que ya tienen ejercicio sobrado en la materia.
El Artigas de Esmoris es profundo en presencia y hasta en la expectativa previa a su aparición, en el silencio y en hasta en su voz (inspirada en la de Zitarrosa, según confesión del propio actor), “desmarmolizantemente” humano (más allá de algunas malas pasadas que le juega el ritmo general de la narración), sospechosamente viviente y movilizante; se dio el lujo de develar a un padre de la patria hasta inocente, dubitativo o dolido en gestos más o menos sutiles. Todo encausado hacia los objetivos finales de la película mostrar qué es Artigas y por qué se representa así y no se puede hacerlo de otro modo.

Solo rato después de salir de la sala recordé que era el mismo que presentaba opciones políticas Marxistas-Lenonistas en su personaje de tiempos de campaña, el de “Orientales, la patria o la cumbia” o el de la Antimurga BCG. Nunca se me pasaron por la mente dichos factores al verlo como Artigas. Lo que es inmensamente gratificante para con su trabajo, que encontrará su lugar cada vez más justo en la memoria del cine uruguayo conforme pase el tiempo.
Cabe el destaque a las labores tanto de Rodolfo Sancho como el espía español que navega entre la manifestación de los más variados sentimientos, Aníbal Larra. Este actor español de gran performance aquí es el mismo que interpretara a Antonio en la novela “Amar en tiempos revueltos” en su primera temporada; como a la de Yamandú Cruz en su desempeño como Blanes (cuyos avatares biográficos merecerían film aparte) que mostró de manera explícita que pintar y contar la patria no es ni será jamás tarea fácil.
martes, 9 de agosto de 2011
13to festival de invierno: a elegir películas a través de los prejuicios más raros
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| Ruy Ramírez |










