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martes, 24 de julio de 2012

JCVD es por Jean Claude Van Damme



Aquellos niños que presenciaron los comienzos de los 90's y la resaca de los 80's bien conocieron el auge de los héroes de acción y de ese género intitulado pelis de los martes de noche en el canal 4. Si uno perteneció a esa generación, uno supo reverenciar y respetar a actores de la clase de: Stallone, Schwarzenegger, Seagal, Chuck Norris, Van Damme, Lundgren, a los hijos de Bruce Lee, Don "the dragon" Wilson, el que hacía de Cody en "Step by Step", o el  Karateca en Brigada Cola.
Pero el tiempo ha pasado, y con el tiempo ese cine pasó de moda. Ahora los martes de noche en el canal 4 dan otra cosa y muchos de éstos sujetos desparecieron (o fueron gobernadores) y quedaron en un estrato aún más abajo que el  del cine.
Es a partir de esta melancolía cinematográfica de los ídolos de patadas caídos que se ha conformado un estado de descomposición que hace fértil cualquier terreno del cine, pueden preguntarle a Tarantino sino me creen que la descomposición sirve para cosas nuevas. A propósito de esta coyuntura vengo a recomendar al filme JCVD que viene a reflexionar sobre este sedimento cinematográfico de pelis ya extintas, y sobre la imagen del propio Jean Claude Van Damme.
Imagínense a Jean Claude Van Damme de 50 años, arrugado y viejo interpretando a Jean Claude Van Damme con los problemas de una estrella decadente que quiere vivir en paz. Imagínense que de repente Jean Claude Van Damme es un buen actor que da un monólogo a cámara y te eriza la piel; pero más aún, imagínense que es un buen tipo, al que quieren que le vaya bien en su vida y al que quieren darle un abrazo, porque de una manera u otra se sienten en deuda con él. Piensen en estas preguntas: ¿Qué es de la vida de Van Damme?, ¿Cómo ven a Van Damme en Bélgica? Porque sabemos que es belga, pero no sabemos mucho más ¿Por qué los amigos de su hija se ríen cuando él está en la TV?  ¿Por qué hace las películas que hace? ¿Qué opina su madre de él? ¿Por qué lo consideran un mal ejemplo?...  y especialmente ¿qué hace Van Damme secuestrando un banco?
Voy a parafrasear a un tal Jordi Costa de El País de España cuando afirma que: "es posible que todo sea una elaboradísima broma pero la conmoción es verdadera". Es cierto, el filme tiene algo de falso, algo no del todo honesto, pero a partir de eso logra una empatía verdadera y uno termina respetando y hasta queriendo a Jean Claude Van Damme mucho más que antes de ver el filme.
Sin mayores consideraciones o defensas cinematográficas (las cuales sí se pueden hacer), recomiendo ver JCVD porque acercarse a la mirada del ex icono karateca, ayuda a acercarse a un cine de reciclaje del que sacude los paradigmas del cine; porque -y aunque no los crean- Van Damme es un buen actor y además tiene pinta de buen tipo.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

La melancolía de Lars Von Trier

Hace unos pocos días ha llegado a mis ojos el último filme de quien supo ser uno de los niños mimados de Cannes y hablo en pasado porque a partir de esta obra se le complicó la cosa con el intelectualado francés. Realmente Melancolía[1] no le trajo problemas (no más que cualquier filme de Von Trier), lo que sí los trajo fue la conferencia de prensa posterior. Aunque  no es mi intención hablar del lío nazi (ya lo hice en el artículo políticamente incorrecto), creo que es necesario ubicar la repercusión del filme dentro de tales circunstancias.

Como dije en el párrafo anterior, he presenciado el filme en cuestión y creo que es lo mejor que vi del 2011. Si bien Medianoche en Paris[2] ha sido la vuelta del gran Woody, Melancolía tiene el potencial para entrar en las listas de los cursos de historia del cine; por lo tanto creo que es de esos filmes que además de entender  tienen la capacidad  de explicar su época. Son pocos los filmes que logran tal cosa porque también son pocos los que lo intentan. Si bien no es obligatorio intentar dejar algo sublime grabado en piedra con un filme,  hay que reconocer que el cine se predispone a la magnificencia. En este momento se me viene a la mente lo que decía el personaje de Daniel Day Lewis en Nine[3], parafraseo : "el cine cuesta mucho dinero, lleva mucho tiempo y mueve mucha gente; tiene que ser pretencioso".  En esto de ser pretencioso Lars  lo es mucho ya que siempre anda con una sonrisita de autoestima y regodeándose de su excepcional y vanguardista talento; pero pese a que se pasa de inteligente en esa pasada de inteligencia llega a resultados interesantes.
Fuera de la recomendación (que ya está dada) quisiera tirar un par de líneas que intenten justificar tal recomendación. Como ya dije, Melancolía explica su época y por lo tanto cuenta con un gran carácter alegórico, lo que lleva a que  - y tal como si fuera un filme Antonioni -  se pueda diferenciar lo que cuenta y de lo que se trata. Porque si alguien piensa que Melancolía tiene una primera parte sobre los problemas en una boda y una segunda sobre la destrucción del planeta ese alguien no ha podido escarbar más allá del cuento. Von Trier es un sujeto pretencioso y desde hace ya una década viene haciendo radiografías de la sociedad americana y ésta no es la excepción; al igual que en Bailarina en la oscuridad[4] o en Dogville[5], en Melancolía tenemos el retrato más podrido y cercano a los EE. UU y su manera de ser.
Un ritual de felicidad en donde todos festejan es de verdad el perfecto escenario para descubrir la miseria humana, cómo todos  nos preocupamos solo por nosotros sin darnos cuenta y cómo cuando todo acabe realmente no tendremos nada que decir o hacer. Eso es Melancolía, es la razón por la cual todo va a acabar  y el silencio de cuando todo acabe,  es la dura realidad  de darnos cuenta que no somos gente buena, que estamos solos y que todo va a estar mejor cuando no estemos.





[1] VON TRIER, Lars (2011) Melancholia
[2] ALLEN, Woody (2011) Midnight in Paris
[3] MARSHALL, Rob (2009) Nine
[4] VON TRIER, Lars (2000) Dancer in the Dark
[5] VON TRIER, Lars (2003) Dogville

martes, 29 de noviembre de 2011

Takashi Miike y el cine post televisivo japones o algo parecido

Bien es sabido mi interés y devoción por el cine asiático contemporáneo. Yo lo acabo de llamar post televisivo más por la necesidad de ponerle una clasificación y de poner algo que suene pomposo; aunque sin lugar a duda la televisión juega un papel importante en tal género de cine japones.
Hay un cine de tal potencia cinematográfica que obviamente escapa a nuestras salas (casi todo escapa a nuestras salas) e incluso escapa a nuestros festivales, hay un cine japones hecho para japoneses y que no sale mucho de ahí.
Pues ese cine tiene como baluarte a un señor llamado Takashi Miike (más de una vez mencionado en los segmentos de: Desde Asia y con amor del blog) y ese señor creo que es la persona indicada para hacer una breve presentación de un cine lleno de yakuzas, calles con carteles de neón, gente que parten sillas en las caras de otros, velocidad abrumadora, rock y un montaje satánico.

Primero vamos con un filme llamado Blues Harp que inicia con un montaje bestial en el cual se mezclan fragmentos del filme  casi a una manera de obertura de opera ya que todavía no vimos el filme. Dejemos las palabras y abramos paso a una banda de punk asiática.


Bien, si les gusto o por lo menos le pareció algo interesante podemos pasar al segundo clip que pertenece a la primera parte de la tan particular trilogía de Dead or Alive. Quiero advertirles que si el anterior video le pareció un tanto fuerte éste es más fuerte. Por favor no lo tomen como una apología a la cocaína, las bailarinas de escasa ropa (que están censuradas por las dudas), los asesinatos sangrientos ni siquiera lo tomen como una apología a la ingesta fideos en exceso; tan solo tómenlo como una apología del cine.

martes, 11 de octubre de 2011

Desde Asia con amor: Volumen 2 (Westerns)

El otro día un sujeto en un bar le comentaba al mozo: Qué falta de respeto, primero vaqueros gays y ahora vaqueros chinos ¿acaso no era el vaquero el último recinto estoico del cine? John Wayne nunca pudiera haber sido un chino. El mozo se detuvo un segundo a pensar y respondió: El personaje de Jackie Chan en esa película con Owen Wilson se llamaba Chong Wang que fonéticamente es muy parecido a John Wayne. Luego y sin cruzar más palabras el sujeto y el mozo se sumergieron en una apasionada batalla de golpes de puños y artes marciales.
Pese a la posición del sujeto (que terminó ganando la lucha cuando desfundó un revolver y llenó de plomo al mozo) yo creo que los oxímoron  u oxímorones como lo westerns asiáticos – ergo, oesteros del este - son lindos y que me resultan interesantes cuando los géneros cinematográficos mutan; deja la sensación de que uno está frente a un momento histórico.
Pues hoy viene de westerns asiáticos y les dejo dos reseñas exploratorias que tienen como único fin decir: Miren que por otros lados se hacen filmes.
Ustedes podrán buscarlas por ustedes ya saben que vías o mandando un mensaje simbólico a una distribuidora de cine prendiendo fuego a otra distribuidora y posterior amenaza.

Una mujer, un arma, una tienda de fideos[1]

Zhang Yimou (Héroe[2], La casa de las dagas voladoras[3], La maldición de la flor dorada[4] y también organizador de las ceremonias de los últimos juegos olímpicos) director chino por excelencia (seguro del momento y capaz que también de la historia) nos trae una versión de Simplemente sangre[5], ópera prima de los hermanos Coen.
Lo primero que suena interesante es que haya hecho una remake de una película que originalmente no es un western,  en clave de western, aunque tampoco la nueva versión es un 100% western. Si tuviera que clasificarla en género diría que: mantiene la trama de policial de la original, la cinematografía es un western épico y la dirección de arte es una cosa rara medio pasada de ácido.
Me excedí en todo lo que sabemos antes del filme y no tanto en éste porque realmente toda la descripción es más interesante que el propio filme. No es que sea un mal filme pero, la promesa de Zhang Yimou + Simplemente sangre + Western es más grande que el resultado. A modo de consuelo queda una película que cruza fronteras como ella sola y que solo con nombrar sus características causa un interés.


Sukiyaki Western Django[6]

Al igual que el título de la anterior, éste también es más que atendible, cada palabra trae consigo una carga de interés, veamos:

Sukiyaki – Es una comida (no es la primera vez que a los westerns le ponen epítetos culinarios) muy barata, fácil de hacer y que es un revoltijo de todo un poco.

Western – No hay necesidad de explicar

Django – Protagonista del filme homónimo interpretado por Franco Nero que luego de venir de la guerra arrastraba un ataúd con una gran metralleta adentro.

A partir de estas tres palabras obtenemos un western japonés remake de un italiano. Western asiático que lleva excéntricamente una violencia rara, que es bien posmoderno y que tiene de todo un poco mezclado adentro (Shakespeare, nieve, samurais, Tarantino, tesoros, gente con problemas de bipolaridad, todos). Para tal desafío la persona indicada fue el prolífico y desafiante Takashi Miike (prometo que algún día va a faltar en un articulo del cine asiático; pero hoy no es el día).
Una película que no es muy fiel al original y por momentos cae en la chanchada abusiva del exceso cinematográfico, pero por momentos es también excesivamente atendible y maravillosa, además de ser siempre entretenida aunque solo sea porque uno no sabe qué esperar. 
El mejor western asiático (bautizado sukiyaki western por el momento) y el filme emblema de este neonato subgénero que puede causar el desbarrancamiento de mi vida.



[1] YIMOU, Zhang (2009) San qiang pai an jing qi
[2] YIMOU, Zhang (2002) Ying Xiong
[3] YIMOU, Zhang (2004) Shi mian mai fu
[4] YIMOU, Zhang (2006) Man cheng jin dai huang jin jia
[5] COEN, Joel (1984) Blood Simple
[6] MIIKE, Takashi (2007) Sukiyaki Western Django

martes, 13 de septiembre de 2011

La ficticia frontera fractal: Segundo episodio

Si mal no recuerdo la última vez que hablamos del tema fue en el post: La ficticia frontera fractal: primer episodio, y ahí habíamos quedado con más dudas que certezas.
La realidad y el cine se mezclaban, las pantallas eran tramposas y los límites se convertían en fractales; lo cual es una aseveración muy poética pero un tanto discutible en su veracidad.

Partamos de todo lo ya hablado para obtener una primera certeza: el cine tiene problemas con lo real debido a que la realidad también tiene problemas con lo real.

La segunda certeza debería venir de la respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué es la realidad? O planteado de otra manera, ¿qué grado de realidad estamos necesitando para solucionar el problema?

Foto: Joaquín Moreira Alonso
Si pensamos que todo aquello que puede ser nombrado es real, el artículo terminaría aquí porque Indiana Jones, la Reina de Inglaterra, Robin Hood y Jehová caerían en la misma categoría de lo real.
Por otro lado podríamos enunciar que la realidad es todo aquello que ocupe, ocupará o haya ocupado un lugar en el espacio y se dé en el tiempo. La realidad es un hecho por lo tanto la Reina es real, Robin es menester de los historiadores, Indiana es una mentira y Jehová es –por lo menos- muy cuestionable.
Si sumamos un par de cucharadas de lo abstracto es válido decir que la realidad es todo aquello que se puede experimentar. Ahí las diferenciaciones son más individuales, pero estoy seguro de que Jehová ha afectado más vidas y ha hecho sentir más que la Reina de Inglaterra. Incluso para algunos Indiana Jones nos ha acompañado más y nos ha enseñado más que muchos otros ciudadanos con la credencial vigente. ¿Por qué Indiana no es real? Si el propio Jones es parte de mí y (según todas las definiciones hasta el momento barajadas) yo soy Real.

La segunda certeza quedó inconclusa y frente a la imposibilidad de una respuesta fenomenológica vayamos a una ontológica. Dicho más simple sería algo así que como: “yo no puedo establecer categorías, voy a aceptar lo que me diga cada realidad en su caso”. Por lo tanto la realidad es todo aquello que se presente como tal. Yendo a los ejemplos: la Reina es real, Robin Hood tiene una realidad mutante según con quien hables, Indiana Jones es un personaje de Harrison Ford y Jehová tiene su realidad directamente proporcional a la fe.

Teniendo una segunda certeza podemos volver a nuestro asunto del cine y preguntarnos: ¿el cine se presenta como realidad?
La respuesta adecuada varía según la primera clasificación del cine. La ficción no es real, en cambio el documental es realidad; Michael Moore existe, en cambio Chubaca no.
Por ende la frontera fractal de la realidad en el cine podría trasladarse a la frontera entre la ficción y el documental.

Antes de terminar para volver permítanme establecer un mero entretenimiento ilustrativo y formativo.
Les traje una mosqueta virtual, en donde los tres vasitos se suplantan por tres videos y la pelotita se suplanta por la realidad. De tal manera que uno solo es un documental, los otros dos son patrañas ficcionales. Pero en señal de buena fe les voy a permitir ver debajo de todos los vasos.


 
 


La nueva certeza se desprende de la respuesta: ¿dónde está la pelotita?

martes, 9 de agosto de 2011

13to festival de invierno: a elegir películas a través de los prejuicios más raros

Ruy Ramírez
Hace poco ha comenzado ( y ya esta por terminar) el festival de invierno de la cinemateca (cinemateca son esas salas de cine con sillas incómodas, “pseudointelectualoides” en pantuflas, viejas “comebizcochos” y una selección de películas meditada). Sé que no es el festival propiamente dicho, pero nunca es un mal momento para ver filmes que uno normalmente no vería.
La cuestión es: ¿cómo elegimos un filme para ver del cual no tenemos idea? Pues cada uno tiene una batería de prejuicios para seleccionar esos títulos en azul que aparecen en el librillo naranja de cinemateca. A partir de ahora algunos preconceptos míos.

Criterios generales

Duración: Mientras más breve mejor, no es lo mismo comerse un bodrio de tres horas a uno de hora y media.

Subtítulos: Si tienen subtítulos digitales bájenle la puntuación. Son incómodos, se desincronizan y están afuera de la pantalla, se trancan y por todo esto te enojan.

Soporte: No solo es la diferencia de calidad lo que hay entre lo filmado en 35mm y lo digital. También la diferencia se da en que cuando aparece una cinta en fílmico significa que ya anduvo por la vuelta en otros festivales y por lo tanto tiene varias aprobaciones. En cambio algo en digital puede llegar de cualquier manera y sin mayor criterio.

Nacionalidad: Esto es más complicado y depende del gusto propio pero hay ciertos parámetros generales sobre los que no voy a explayarme (pero existen). Quedémonos con esto. Por la positiva: Estados Unidos, República Checa, Rumania, Sudeste Asiático, Brasil (siempre y cuando no sea en un focus). Por la negativa: España, Irán, India, Italia. Francia y Argentina entran en una categoría propia de “extremadamente peligrosa”.

Recomendaciones (obviamente no vi ninguna, me llevo por los prejuicios, por mi séptimo sentido y por un espíritu lúdico)

Todos mienten[1]: Una argentina de un tal Matías Piñeiro (trajeron muchas pelis de este sujeto). Puede llegar a ser interesante ya que la reseña connota un estilo similar a Sábado[2] o Como un avión estrellado[3]; una película sobre la incomunicación es interesante. Además dura 75 minutos, breve es bueno.

Matchmaking Mayor[4]: Un documental sobre la emigración del campo a la  ciudad. El librillo dice que tiene un vínculo a la comedia que siempre es algo importante para que estos documentales no sean un bajón. Lo más interesante es que es una colaboración de la Republica Checa y Eslovaquia (estos sujetos saben de dicotomías y especialmente saben hacer documentales).

Bucharrestless[5]: Un documental rumano que se presenta algo así como el hombre y la cámara pero de la decadente Bucarest actual. No tiene diálogos, que puede ser peligroso, pero le tengo fe en aspectos técnicos y estructurales.

Cracks de Nácar[6]: Una de dos viejos hablando de cuando jugaban fútbol de botones en la infancia. Para mí es una gran candidata a ser un tremebundo embole y presiento que si la veo (cosa que no voy a hacer) me van a dar ganas de poner un juego de fútbol en el Playstation.

Hogar dulce hogar[7]: Es la única uruguaya y nos muestra a gerontes españoles de una casa de ancianos que con Nostalgia recuerdan cuando eran felices. No sé usted, pero para mí tiene todo para ser 56 minutos de una tortuosa pérdida de tiempo.

Flamenco, Flamenco[8]: Creo que con decir que es un filme de Carlos Saura es suficiente y es de lo que viene lo único con la chapa de consagrado.


[1] PIÑEIRO, Matias (2009) Todos mienten
[2] VILLEGAS, Juan (2001) Sábado
[3] ACUÑA, Ezequiel (2005) Como un avión estrellado
[4] HNÍNKOVÁ, Erika (2010) Matchmaking Mayor
[5] DORONBANTU, George (2011) Bucharestless
[6] DIELEKE, Edgardo, CASABÉ Daniel, (2011) Cracks de Nácar
[7] VIERA VIGNALE, María (2010) Hogar dulce Hogar
[8] SAURA, Carlos (2010) Flamenco, Flamenco

martes, 2 de agosto de 2011

Woody Allen en París; o la Medianoche en París; o Palito cuando te equivocas te queremos, pero cuando acertás te queremos mucho más; o el hecho de que no nos conozcamos no significa que no seamos amigos; o Uhh La La

Debo admitir que el título quedó larguito. Pero, cuando algo provoca un ataque de verborragia, hay que respetarlo de la misma manera que hay que sacarse el sombrero frente a todo lo que quite el discernimiento y no sea una droga. Toda la perorata del comienzo me sirve para aclarar que el post estará escrito bajo un estado de entusiasme cinematográfico por la vida.


Saliendo de todo lo introductorio, voy a comentarles que he tenido el placer de ver Medianoche en París[1] del magnánimo palito Allen y me quedé pensando en una batería de cosas. A partir de ahora algunas de esas reflexiones; no todas. Solo las que vienen al tema y las que están permitidas por las leyes de las buenas conductas.
 
Primer divague: Últimamente Woody ha estado temblequeando entre los vaivenes de la calidad de sus filmes; por decirlo de alguna manera: no ha sido su mejor década. Obviamente hay excepciones. Si la cosa funciona[2] es una maravillosa comedia de la cual lo único malo que se ha dicho es que parece un filme de Allen de los 70s (lo cual si lo piensan es un elogio); y también está el drama Matchpoint[3] que tiene una carga de tensión magnífica. Frente a este vaivén no se preocupen, porque Medianoche en París es su mejor comedia romántica en años y especialmente deja la sensación de que no va a ser una excepción; Woody ha vuelto.

Tipico plano de Allen, en este caso en París

Segundo: Este señor debería ser contratado por las oficinas de turismo de cada ciudad. Desde que Allen ha agarrado el pasaporte, cada ciudad ha quedado retratada de manera gloriosa. No siempre el fondo circunstancial de una película juega tan favor como en las de este señor. Antes se podía decir que el hecho de ser neoyorquino le daba un conocimiento y relacionamiento con la gran manzana. Ahora tan solo se puede decir que sabe aprovechar las cosas de una manera invisible. Ahorrándome palabras, el filme te hace querer ir y amar París.

 Tercera cosa: Siempre hay un gordo medio pelado, con un reloj que cae del bolsillo de su chaleco y que dice: “No hay estilo como el viejo estilo”. A veces ese señor –que es por lo general medio facho– tiene razón; este es un caso. No hay receta como las viejas recetas y siempre caen bien en Woody condimentos del estilo de la pareja burguesa con pequeños grandes problemas burgueses, el suegro republicano, el protagonista caminando con el saco al hombro mientras suena jazz, el escritor con inseguridad enfermiza, el odio hacia la ciudad de Los Ángeles, el enemigo pedante y exitoso que habla demostrando sus conocimientos sobrevalorados (antes para decir esto se decía Alan Alda). Todo es parte del paquete clásico de Allen, y no confundamos lo novedoso con lo bueno y a lo ya conocido como aburrido. Woody Allen, que supo ser vanguardia, ya no lo es. No porque se haya acartonado sino porque el cine cambió para parecerse al estilo del gran hipocondríaco. Para cerrar el párrafo se debería decir que, por más que sea la misma receta, es irrepetible y no es previsible por el simple hecho de que el filme es tan encantador que no deja de prestar atención a ciertas cosas; la película hipnotiza por decirlo de alguna manera (eso no es previsible).

Penúltima: Es sabido que trabajar con Woody le trae prestigio al “actorado” y es de ahí que se consigan tan buenos castings por poca plata (poca para Hollywood). Pero la cosa va más allá de un buen reparto, el cine de Allen (el de la Nueva York setentera diría) va creando mitología de actores a cada paso. Salgamos del hecho de que no podamos ver a Diane Keaton sin ver a Annie Hall y de que repudiemos en silencio a Alan Alda. Recordemos cómo nos pusimos a ver a Scarlett Johansson en Matchpoint,  a Sean Penn hablando con voz finita en Dulce y Melancólico[4], a la entrañable mudita que interpretó Samantha Morton en el mismo filme, o en cómo torcíamos la cabeza cuando veíamos a Mira Sorvino en Poderosa Afrodita[5]. El tipo sabe dirigir actores y especialmente sabe encontrar los actores para esos personajes tan especiales que escribe. Por lo que digo sospecharán que hay un buen casting en Medianoche en París y sí, lo hay. Pero, yo apostaría a que va más allá de un buen casting, yo diría que después de Medianoche en París podemos decir que Owen Wilson puede hacer un buen Woody Allen, que Carla Bruni actuó, que Rachel McAdams es una actriz madura, que Marion Cotillard va enamorando gente en cada esquina y que para explicar quién es Corey Stoll vamos a decir Hemingway.

La del estribo: Creo que lo único que he hecho en el artículo ha sido desparramar azúcar, pero el filme me llevó a tal estado. Supongo que la felicidad no es solo mía sino que el cine, en tanto institución, debe estar feliz por la vuelta de estas películas. Hay cierta cosa de ingenuidad, belleza que provoca que uno quiera enamorarse y eso es bastante para una peli, incluso para una Woody Allen.
Podría seguir tirando palabras pero será mejor que, carente de mi capacidad crítica, tan solo quede estar feliz por el cine.


[1] ALLEN, Woody (2011) Midnight in Paris
[2] ALLEN, Woody (2009) Whatever works
[3] ALLEN, Woody (2005) Matchpoint
[4] ALLEN, Woody (1999) Sweet and Lowdown
[5] ALLEN, Woody (1995) Mighty Aphrodite

martes, 26 de julio de 2011

La ficticia frontera fractal: Primer episodio

Desde que el cine se ha hecho una realidad, ha traído consigo el debate sobre la conflictiva relación, precisamente, entre la realidad y el cine.
Esta cuestión podría remontarse al primer momento del cine cuando el tren llegó a la estación, el cual con su llegada provocó un gran alboroto. Cabe destacar el hecho nada despreciable de que este lío no se dio en una de las tantas llegadas a la estación propiamente dicha, sino que el asunto fue la primera vez que el tren llegó (o no) en el cine. Dicho malentendido ocurrió porque la gente decidió hacer caso omiso al grito de: “ésta es sólo una ilusión de movimiento creada por la sucesión de varias fotografías en poco tiempo; nada nos puede arrollar”. La gente, en vez de escuchar, optó por correr temerosa del tren que se acercaba.


 A partir de esta anécdota – cuya realidad es cuestionable - se pueden desprender varias cosas: para empezar, que el tren falso tuvo más suceso que el verdadero. Por otro lado queda claro que puede haber varios niveles de real y realidad. En un primer nivel muy superficial se podría decir que los trenes reales son los tangibles y los que están en la pantalla no… aunque las cintas donde está grabado el tren sí es real, la luz proyectada también, y el tren en que se basa también; pero el tren de la pantalla no.
Pasando a un plano más complejo, podemos decir que la cuestión de la realidad no viene de la mano de la materialidad, sino de la imitación. Desde este campo se puede decir que todo el cine en sí es una imitación, una ilusión que a partir de un registro recrea la realidad. Por ende, una imitación de la realidad, ¿podría ésta parecerse demasiado a la realidad?

Pero se puede enfocar la realidad de otra manera, ya que la imitación se da a partir de la recreación y la creación (teniendo como base la imitación del mundo; no podemos pensar por fuera del mundo) o a partir de las capturas y explicaciones de la realidad. A simple vista, podría decirse que esta separación es la que diferencia entre las ficciones y los documentales

Foto: Magdalena Schinca
Voy a darme un respiro de esta complicación para sugerir un pequeño divertimiento geométrico. Dibujemos un triángulo equilátero y delimitemos cada lado en tres segmentos iguales. De cada uno de los segmentos del medio tracemos dos segmentos de tal modo que se formen tres triángulos; los cuales tendrán como un lado uno de los segmentos del primer triángulo. Ahora repitamos el procedimiento que hicimos con el primer triángulo en los tres triángulos más pequeños; si lo hizo bien tendrá seis triángulos más pequeños aún. Por último repita este proceso hasta que se aburra.
 Lo que se formara será una figura bastante compleja llamada fractal; y todo este entretenimiento geométrico se debe a que las fronteras entre el cine y sus realidades son fractales. Estos límites son complejos, no lineales, y sobre todo se dan de tal manera que siempre se puede hacer una nueva delimitación por otro lado. Ergo, nunca serán límites en sus bordes.

Pero … … ¿Cómo podemos encontrar la realidad en el cine si no sabemos qué es real realmente?

martes, 5 de julio de 2011

Desde Asia y con amor: Volumen 1 (Cannes)


Aparte de Hollywood, Bollywood y la dependencia de Canal Plus llamada Francia, hay una cuarta industria cinematográfica plenamente dicha, la cual está constituida por el triángulo de Corea del Sur, Japón y Hong Kong, aunque a veces se le suman los chinos de China (no los de Hong Kong) y los energúmenos cinematográficos de los tailandeses.
Ahora cabría decir dos cosas casi etimológicas que parten de un criterio personal. La primera es que realmente una industria es plena cuando hace filmes y pelis para abastecerse a sí misma, por lo tanto debe grabar todos los géneros, crear géneros propios y que sus salas estén constantemente proyectando con filmes nacionales. La segunda sería decir que no es una trampa poner a varios países bajo una industria, pero sucede que, pese a que tienen diferencias y estilos propios, tienen un sistema de producción casi igual. Incluso hay varios ejemplos de colaboración entre ellos: Three extremes[1], Three[2] y la trilogía de la sociedad de las tríadas de Miike, la trilogía de Dead or Alive del mismo Miike entre muchos otros ejemplos.
Ya aclarado y presentado, pasaré a escribir la presente columna que está dirigida a difundir películas asiáticas para que ustedes se quejen, hagan marchas y tomen rehenes para que tales filmes se exhiban en el circuito de cines. En caso de ser menos belicosos, pueden conseguirse los filmes por ustedes ya saben qué vías.
Sin más dilaciones, dos filmes que se presentaron en Cannes y que aquí no van a traer porque hay una peli de Adrián Suar en la cual se transforma en zapato.

Hara Kiri: Death of a Samurai[3]

De la selección oficial de Cannes (pero sin premios) llega el remake de un filme clásico de Samuráis dentro del propio subgénero de Samuráis, y con un atractivo llamado Takashi Miike. Miike es el director japonés más visto de Japón y posiblemente de los más vistos en Japón. También debe ser de los más prolíficos ya que debe grabar un promedio de tres películas por año, pero especialmente es al tipo que se tiene que ver para entender el cine nipón.  Si usted era habitual de ir a ver el trasnoche Pocitos posiblemente recuerde Dollbox, el corto escalofriante dentro de Three extremes; la oda al sadomasoquismo Yakuza llamada Ichi the Killer[4]; y la perturbadora Audition[5]. El señor Miike no solo se caracteriza por su violencia y bestialidad, sino que se caracteriza por hacer cualquier cosa. A modo de muestra: comedias de enredos, artes marciales, westerns, musicales, infantiles, zombies, teen slashers, adaptaciones de videojuegos, series televisivas policiacas, Yakuzas, dramas existencialistas, etc. 
Si bien Hara Kiri no se presenta como parte del lado extremo de Miike (el lado más atractivo), tiene una particularidad que marca bien al director. El tipo se presentó y quedó en la muestra oficial de Cannes con una cosa grabada en 3D.


 Arirang[6]

Si Miike es el ejemplo del director asiático amado en Japón y sin tanto reconocimiento mundial, Kim Ki Duk es el ejemplo paradigmático del director consagrado mundialmente sin tanto reconocimiento en su Corea natal. Incluso después de su anterior filme, Dream[7], el propio Kim declaró que ya no iba a hacer más filmes debido a que se estaba quedando sin plata.
Arirang que se presentó en “Un certain regard” de Cannes y lo ganó. Es el filme posterior al anuncio de quedarse sin dinero y en parte demuestra esa ausencia de efectivo ya que es guionada, dirigida, fotografiada, editada y actuada por el mismo Kim Ki Duk.
Una película superpersonal que pretende rondar la colina de la vida y el suicidio. Entra demasiado bien en el estilo de Kim plagado de silencios, disquisiciones metafísicas y un formato más similar a una Tesis que a una novela. Cabe decir que no creo que sea una película adecuada para los ansiosos; tan solo miren el trailer.




[1] CHAN Fruit, PARK Chan Wook, MIIKE Takashi (2004) Saam gaang yi
[2] CHAN Peter, KIM JI Woon, NIMIBUTR Nonzee (2002) Saam Gaang
[3] MIIKE Takashi (2011) Ichimei
[4] MIIKE Takashi (2001) Koroshiya 1
[5] MIIKE Takashi (1999) Ôdishon
[6] KIM Ki Duk (2011) Arirang
[7] KIM Ki Duk (2008) Bi-mong  


jueves, 26 de mayo de 2011

Políticamente Incorrecto

Lo primero que es pertinente decir es que Lars Von Trier es un tipo raro, tan solo piensen que se casó con Bjork que es algo así como una china islandesa que se viste raro y que cuando canta parece comunicarse con cetáceos. Este tipo raro también se destaca por hacer filmes para demostrarnos que él es mejor que el resto de los mortales; desde la creación del Dogma 95 hasta el juego de rayuela cinematográfico llamado Dogville[1]. Francamente creo que a todos nos gustaría decir que es un estúpido, pero tan solo podemos decir que es un estúpido narcisista que hace filmes interesantes.
Sucede que está aconteciendo el Festival de Cannes, que el propio Trier tiene su filme Melancholia[2]  en competencia y que aprovechó tal espacio para meterse en uno de los flancos más frágiles del cine.  Frente al pedido de que hablara de sus raíces alemanas el director Danés proclamó cosas como: “Pensé que era judío durante mucho tiempo y estaba muy contento siendo judío… pero resultó que no era judío… pero de todos modos, realmente quería ser judío y después descubrí que en realidad era un nazi, ya sabes, porque mi familia era alemana, lo que también me agradaba… ¿Qué puedo decir? Comprendo a Hitler. Creo que hizo algunas cosas mal, sí absolutamente, pero puedo verle sentado en su bunker al final…". Todo el discurso estaba dentro de un montón de aclaraciones de que no era antisemita y que no apoyaba la segunda guerra mundial. Pero las prevenciones no fueron suficientes ya que fue declarado persona non grata para el festival, se lo obligó a disculparse y se lo instó a que en caso de ganar no vaya a recibir nada.
Si bien siempre se puede volver a repetir que Trier es un estúpido que hace todo con una sonrisita jactanciosa; creo que realmente no dijo nada. Porque ciertamente este incidente habla más de la industria del cine que del nazismo.
Es sabido que en el cine no hubo una buena cicatrización del nazismo,  todavía hay una necesidad de encontrar nuevos héroes, de revivir las hazañas de tal pelotón y de hacernos recordar que Hitler era malo. Efectivamente Hitler era un mal tipo, pero hay una necesidad de recordarlo que no parece saludable.
No es solo el hecho de que cualquier película del holocausto gane el Oscar sin importar que tan paupérrima sea (recuerden La Vida es Bella[3]), tampoco es el hecho que algunos les cueste decir que El Triunfo de la Voluntad[4] es uno de los mejores documentales de la historia a pesar de ser nazi.
El verdadero hecho es que el cine ha decidido ser un recordatorio por todas las penurias que vivieron los judios en el holocausto. No por nada Tarantino en Bastardos sin Gloria[5] decide falsear la historia y matar a Hitler dentro de un cine y mientras una gran cara judía se ríe de cómo cayeron en la trampa.


[1] VON TRIER, Lars (2003) Dogville
[2] VON TRIER, Lars (2009) Melancholia
[3] BENIGNI, Roberto (1997) La vitta è bella
[4] RIEFENSTAHL, Leni (1935) Triumph des Willens
[5] TARANTINO, Quentin (2009) Inglourious Bastards