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miércoles, 12 de octubre de 2011

Marguerite Monnot o la difícil tarea de ser amiga de una gran diva

El título de mi columna es injusto y poco feliz de plano, digo esto porque la personalidad en cuestión fue mucho más que una de las grandes amigas y miembro privilegiado del entourage de  la Piaf. Sin embargo me tomo estas licencias dado que quiero narrar parte de la historia de vida y no me siento lo suficientemente capaz de emitir juicio atinado respecto de la calidad de la Monnot como compositora, lo único que podría decir es lo que muchos especialistas concluyen: gran parte de la sonoridad dramática de las canciones del eterno gorrión de París se debe a la mistura de chansonette valsera que Mommone le dio a las músicas de muchos de sus hits.
El dramatismo divo, etéreo, femenino, que escoltaba las incomparables habilidades vocales y la expresividad teatral del gesto que correspondía a cada pieza del repertorio de Edith eran potenciados por el oído, las manos y la sensibilidad de otra mujer debajo del escenario a la sombra respecto de los flashes y los atisbos de tormentosas relaciones.
Estoy hablando de las músicas, que eran lo suyo, durante casi veinte años,  la diva interpretó casi una treintena de canciones con sus melodías, ya sean escritas para  o con ella, o para otras enormes intérpretes como Annette Lajon o Marie Dubas.
De izq a der. Odette Laure, Marguerite Monnot y Edith Piaf

Frente a la biografía de la Piaf la suya parece en principio  de lo más tranquila, hija de una maestra y un pianista, profesor y compositor de música litúrgica en la pequeña ciudad de Decize resulta una prodigio del piano que a los dieciséis años ingresa al Conservatorio de París habiendo rechazado poco tiempo antes un lugar como músico de la corte española, ante la incredulidad de sus padres. Su fama crece, a los dieciocho su carrera de concertista llega a su fin, decide no subir al escenario en Nueva York, ya nunca más tocará en público, los rumores sobre su pánico, posible locura y compleja personalidad no tardan en reproducirse, y por su inmensa timidez jamás pudieron ciertamente rebatirse.
Recién a los veintidós logró volver al ruedo, pero ya de la mano de otros sonidos: los de la nueva música popular parisina, para horrorizar a su familia entre otras cosas. La historia sostiene que su primer canción fue “Ah! Les mots d’amour!” (las palabras de amor). Cuatro años después gana el gran premio de la Academia del disco francés por un tema llamado “L’étranger” (el extranjero). Tal vez sea por esto que el letrista Raymond Asso decide presentarla a una nueva cantante que interpretaba su éxito por los bares de toda la ciudad. De más está decir que el trío Monnot-Asso-Piaf trabajó en temas románticos que calaron hondo, que sonaban a tristeza y melancolía inseparables a las historias de amor de la guerra en tiempos de guerra: “Le fanion de la Légion”, “J’entends la sirène”," Mon Légionnaire”, “Je n’en connais pas la fin”.
La ocupación nazi mantuvo a ese grupo de jóvenes amigos más unidos que nunca, los éxitos musicales se continuaban, se destacaba "Où sont-ils donc mes petits copains". Tras la guerra, los años cincuenta deparan más éxitos para la dupla y la banda en general, se suceden las giras, Piaf está en su mejor momento, es la artista mejor paga del mundo.
Monnot al piano junto a Piaf y M. Cerdan.
Llega el año 1950 y las historias de amor embargan la vida de las dos amigas: Marguerite se casa con el cantante Paul Peri y Edith inicia el romance de su vida con el boxeador campeón del mundo Marcel Cerdan.
En lo artístico se suman al grupo Yves Montand, un casi adolescente Charles Aznavour y Georges Moustaki, con el que años después Monnot compondría el gran suceso internacional que marcó un regreso a la cima de los rankings: “Milord”. Antes de eso, tras el fallecimiento de Cerdan en un accidente aéreo, las dos compusieron codo a codo: “L’hymne à l’amour” dedicada al malogrado enamorado. Dos clásicos incuestionables.



Tiempo después una gran pelea marcó el fin de la amistad porque para la obra de teatro “Irma, la douce” (uno de los musicales más famosos del teatro francés y uno de los pocos que traspasó fronteras) la compositora decidió dar el protagónico a una actriz y no a una Piaf cada vez más irresponsable para con el trabajo que estaba cayendo cada vez más bajo en su adicción a los calmantes y el alcohol. Los ataques de todo tipo por parte de la diva, los conciertos suspendidos, el desmayo en el recital del Waldorf Astoria, el dominio de la vida de la estrella por parte de un entorno muy perjudicial fueron decantando la prohibición de la sola mención de la Guite (como también llamaban a Marguerite) que no pasaba ni siquiera por enfrente del estudio de Boulevard Lannes; todos estos factores se atenuaron o maquillaron por la llegada de otro joven pianista a la vida de la Piaf: Charles Dumont cuyo talento le regalaría un último gran tema: “Non , je ne regrette rien”. 

Por aquellas mismas épocas, Marguerite Monnot moría, algunos dicen que se dejaba morir, la depresión que había inundado su adolescencia y primera juventud había vuelto en los cincuenta y pico, la voz de su música la había abandonado, ella creía que el fin de una relación o la no realización de un trabajo no podía terminar con una amistad tan fuerte. Se equivocaba. Según su marido cada vez estaba peor y esa operación por una apendicitis que había dejado avanzar le dio el motivo para dejarse ir. La noticia ganaba los cafés en la madrugada del 12 de octubre de 1961, hace hoy exactamente cincuenta años, la leyenda dice que un parroquiano grito en un barsucho bohemio de Montmartre: “Brindo por el talento verdadero detrás de una jovencita desgraciada que sin ella se volvió una diva en decadencia, nuestra copa y nuestra lástima para las dos”. 
La Piaf le sobrevivió exactamente dos años, es decir, murió en octubre de 1963 a los cuarenta y siete años tras una larga agonía en la que la fiebre delirante le hacía invocar personajes de su pasado según contara su último marido Theo Sarapo (y también como lo interpretara de forma magnánima Marion Cotillard frente a la cámara de Olivier Dahan). La môme solía clamar por Marguerite pidiéndole que se acercara al piano que esta noche trabajarían en una nueva canción mientras tomaban champagne.

Como epílogo se podría agregar que hace un par de años se descubrió entre viejos archivos y papeles de Piaf listos a ser rematados que Marguerite Monnot había compuesto la música de la canción emblema de la estrella más grande de la música francesa:“La vie en rose”.
Nunca la firmó, no se sabe por qué, Emanuel Bonini habla del vínculo como de interdependencia pero con sentimientos de megalomanía por parte de la intérprete y de inferioridad por parte de la compositora, el no soy lo suficientemente buena para ella gobernaba el pensamiento de Monnot por más que antes y después de Piaf e incluso durante la pianista de Decize escribió teatro y compuso música para otros cantantes y para bandas sonoras de unas cuantas películas.
Al final todo se reduce a una historia de amistad, hermandad, decepción y dolor; todo eso es amor dentro y fuera de sus canciones.   

lunes, 3 de octubre de 2011

Janis Joplin y cómo pretendemos seguir tomando piezas de su corazón

Mañana, 4 de octubre, el rock and blues mundial llorará por cuadragésimo primera vez la pérdida de su estrella femenina más poderosa. La madrina del club de los veintisiete sigue haciendo falta, ella está sola, ella sigue sola por más que el componente femenino de dicha hermandad haya ganado una tremenda soul diva hace unos meses.
Sigue amando a veinticinco mil o más personas cada vez que canta pero aún busca en solitario el largo camino a casa, parafraseándola un poco. Amigos... tuvo muchísimos, amantes... unos cuantos, fanáticos... sigue cosechando y ni que hablar de emuladoras, ese acto fenoménico sucede cada vez que una jovencita descubre el blues y cree que puede ser cantante.  
Entonces el enojo se hace voz y la lágrima que intento contener cuando escucho "Bye, bye baby" o "Try" y la que sé que no voy a poder reprimir cuando llega "Piece of my heart" en mi  recontragastado CD de Antologías se renuevan en discusiones, a veces solo conmigo misma sobre los cómo y los por qué de su estilo. ¿Cuál fue su mejor banda? ¿Es esencialmente innovadora de su época o solo el último producto de una maquinaria que ya había absorbido todo lo original de la San Francisco de esos últimos años de la década del 60? A mi entender lo suyo fue superior a mucho de lo de sus colegas y amigos de Jefferson Airplaine o The Grateful dead porque le agregó toneladas de pasión desgarradora y flagelo potente e inseguro en un mismo tiempo a la psicodelia californiana.
Lo cierto es que en vida llegó a conocer los mejores halagos y las peores críticas ("la Judy Garland del Blues") como antes también las había sufrido su ídola, Bessie Smith "una amante de la afección vocal" que había partido treinta y tres años antes, también siendo muy joven tras ser rechazada en un hospital para gente blanca se desangró mientras la llevaban a otro centro asistencial tras un accidente de tránsito consecuencia de su alcoholismo. En 1970, poco antes de su muerte, Janis decidió darle una sepultura a su nivel en un panteón pago por ella. También había dispuesto todo en el caso de su propio deceso fiesta paga por adelantado con alcohol y brownies locos para sus amigos. "Va por cuenta de Pearl" (su seudónimo), rezaba la esquela que dejó.
Sus cenizas van por el Pacífico y ella no terminará nunca de irse, en las orillas contemplamos notas musicales y anécdotas formando parte del océano de la historia universal del sonido que alimentara una vez y cuyas consecuencias siguen evolucionando.




miércoles, 14 de septiembre de 2011

A new Wolf Gang in the charts

Que se parece demasiado a David Byrne, que parece que Keane trancó la máquina del tiempo entre los setenta y los ochenta, que ya basta de los reproductores de ecos de Bowie... En fin, mucho de esto se ha dicho desde posiciones no tan halagadoras para con el proyecto de un extraordinario nuevo talento del indie británico, Max McElligott.


Wolf Gang es el proyecto musical por el que abandonó todo en su último año de estudios universitarios en Londres para convertirse en economista... y ahora, poco tiempo después, tras dedicación fulltime de un año, su disco debut Suego Faults. 






Como multinstrumentista con sed de pop se despacha con un setlist envolventemente poderoso pero en ningún momento agresivo por el contrario, se respira constantemente una psicodelia seductora pero casi abandónica que la torna indefectiblemente contemporánea.
Me permito compartir la apreciación de Gareth Grundy para The Guardian UK que afirma que los dos mejores tracks son "Lions in cages" y "Back to back", a los que añadiría "Dancing with the Devil" que me fascinó desde que la escuché por primera vez rotando en Urbana FM.






Sin dudas el disco se abre paso entre las influencias de este artista que además de las nombradas, se confiesa admirador de Elvis Costello, Elton John y Neil Young cuyas canciones interpretaba desde niño con sus compañeros de escuela con el beneplácito de sus padres. Seguro que muchas cosas pasaron desde aquellos tiempos y la oferta para grabar su disco con Atlantis Records, cuando sonaba cada vez más su nombre en la nueva escena londinense y "Lions in cages" se empezó a difundir en las radios desde el demo; no obstante le falta todavía muchísimo más para consolidarse, todo en él suena a promesa y las expectativas puestas en él desde la prensa y el público especializado hacen presuponer que esto es solo el comienzo. 
Es complicado establecer por otra parte adonde puede llegar su popularidad, lo cierto es que hasta ahora se lo ha escuchado muy poco aparte de su música. Es reacio a otro tipo de apariciones. Lo que suceda con este disco en la gira que ahora mismo está desarrollando (que ha pasado y tiene más fechas por todo en Reino Unido además de Alemania, Francia, Noruega e Irlanda en temporada de festivales) marcará su futuro así como lo determinará, me atrevo a vaticinar, su pronta llegada a los Estados Unidos, que espero que se dé en el justo momento para que se difunda a gran escala su muy interesante material. Con la colaboración del veterano productor Dave Fridmann (primer pedido de Max a su disquera) también gestor de discos de Flaming Lips, Mercury Rev y MGMT, no es demasiado inverosímil pensar que al menos en New York va a contar con un aliado para golpear algunas puertas... 






El futuro dirá... cuando en un par de años te martillen el cerebro con su último hit hasta en el super y te suene familiar al menos por su peculiar y musical nombre, podrás decir: "Creo que ya me suena, capaz que leí de este loco por algún blog". 




http://wolf-gang.co.uk
http://www.myspace.com/thisiswolfgang/


miércoles, 17 de agosto de 2011

Salú Rosita…

…con el alma te dedico mi única columna de la nostalgia en este agosto.
Bueno gente, ya saben agosto es el mes de la nostalgia, nos guste o no.
Sin dudas cuando las remembranzas van más allá de la superficialidad a la que nos tiene acostumbrados la esfera mediático-social vernácula, como en el caso de las formidables columnas de Mar Payssé, todo se torna más agradable, es decir, hay maneras de ver este fenómeno que no nos dejan afuera y que de cierto modo, por ser obviadas, pueden llegar a resultar más atractivas.
Yo no pretendo arreglar semejante embrollo, menudo problema para los sociólogos, psicólogos sociales o quienes sean que puedan estudiar a los “nostalgifílicos” o “nostalgiófobos” que deambulan por la ciudad en esta zafra.
Mi cometido esta tarde es recordar a una dama orientala de cuya partida se cumplieron treinta años hace cinco días, la compositora de una de mis canciones preferidas desde siempre o desde los diez u once que es más o menos lo mismo, es decir, cuando le empezamos a prestar más atención a la música. No exagero si digo que está en mi top five en español.

Mi familia sabe sobradamente de mis caprichosas veleidades en muchos sentidos, pero la pelea por esta canción significó una de las instancias clave de la configuración de mi personalidad musical. En mi cumpleaños de quince yo quería que este vals sustituyera al recontratrillado “Danubio azul” (en realidad yo no quería fiesta, pero esa es otra historia) y quería bailarlo con mi abuelo (creo que va a ser la única persona en mi vida con la que haya bailado un buen vals) y con mi padre (más bien por compromiso dado que a él tampoco le copaba la idea). Nada de lo que yo quise pude concretar por aquel entonces, sin embargo mi gente se empezó a dar cuenta que estaban frente a una jovencilla con ideas propias, un temperamento complicado y una preretórica aristotélica del carajo con la que me divierto a expensas propias y ajenas hasta el día de hoy.

La fiesta fue un lluvioso 30 de noviembre. El día después, la verdadera fecha de mi cumpleaños absuelta de todo compromiso social, festejé como quise y les hice la vida a cuadritos a mis padres (como corresponde que intente cada tanto cualquier adolescente que se precie de tal) que trataban de recuperarse del cansancio y la resaca. Solo mis amigos más cercanos y mis familiares más queridos estaban invitados al superdomingo. Sobras, bebidas a medio enfriar, karaoke, prohibición de fotógrafo y video, guerrilla de agua, baile sobre la mesa más toda mi música que quedó afuera culpa del mal gusto del DJ; y a la hora señalada, el abuelo y yo y nuestro vals desde alma.

Tiempo después supe que su autora, Rosita Melo, lo había compuesto a los catorce años (tocaba el piano desde los cuatro) y las cosas parecían cerrarse en mi cabeza, en esa edad tan fermental mi encaprichamiento se había correspondido a su enorme talento apasionado en esos acordes. Si era difícil enfrentarme a mi pseudo rebeldía en 2002, no me quiero imaginar lo que significaba tratar de liberarse al menos a través de la música en 1911. Fue luego según los conocedores una gran concertista y profesora de piano, madre de tres hijos, y esposa durante más de cincuenta años de Víctor Puima Vélez quien le dedicó sus mejores versos para sus melodías. Para entender mejor la historia de esta canción conocida internacionalmente, sin dudas hay que remitirse a la década de los cuarenta porque allí fue cuando Homero Manzi tuvo la idea de incluirla en el film “Pobre mi madre querida” donde sería cantada por Hugo Del Carril (con una nueva letra, la que conocemos, definitiva co-firmada con Víctor). Capaz que a alguno le suenen estos nombres pero esta gente era la crema y nata del tango de la época, además superpopulares, wrackstaaarsss del río de la Plata, pá que se entienda mejor.


La versión original sin letra ya era famosa internacionalmente tocada por orquestas americanas y europeas pero sin dudas el film y su repercusión como parte de una escena y con un nuevo encare por esa letra tan romántica y dura a la vez, le abrió las puertas a un nuevo público. La combinación es combustible para el corazón en estado puro. La lágrima, los sueños, el desaliento del ánimo destrozado por el desamor y la fuerza para ponerse de pie de nuevo se hamacan entre fonemas y compases. Yo camino, la tengo en mi mente, capaz que no soy ni tan fuerte ni tan inocente a la vez, pero me dejo conmover por esta tremenda canción, otro tema megatriste del cual no comprendo su arraigo en las bodas (junto a “One” de U2).
“La vida es mucho más que un vals pero si un vals se asoma a tu vida no temas seguirle el ritmo”, capaz que me lo dijo Canaro en esas madrugadas de entresueño insomnoliente cuando la radio se me queda prendida en Clarín.
Nota al pie: Ver a Nelly Omar cantando “Desde el alma” con casi noventa y nueve años es más que nostalgia, es vida y arrabal mal herido de amor y recuerdos, es historia presente.

miércoles, 20 de julio de 2011

Nos congelamos

Es el frío y soy yo,

mis manos congeladas buscan mis mejillas

justo antes de dormirme.

La fiebre avanza con la madrugada,

la tos despierta del delirio a sueños y pesadillas.

Amanece de nuevo pero la luz del alba

no entinta los vidrios que miro apenas destapándome.

Nada de eso importa,

ya en la ducha muevo los pies constantemente

para que no se quemen congelados.


Un gato vino a morir al reparo de mi ventana,

sólo ayer de tarde me regaló un postrero maullido,

una última mirada amarilla

que había suplido apenas la ausencia del sol.

Lo envolví en muchas bolsas negras,

de las gotas de la llovizna que iban quedando

surgían destellos de colores.

Después recogí la comida que le había dejado

y que no llegó a tocar.


Tardío, un poco asqueado, desayuno,

hay músicas:

son ellas,

las salvadoras de la des-(luz)-ida

novel anquilosada mañana.

Ya no tengo sueño pero cierro los ojos.

Solo resta salir de viaje a como dé lugar...

miércoles, 29 de junio de 2011

El pop rock metaeventero de U2: mi alma y Glastonbury

Seguir el viaje de músicas en festivales de verano aunque las olas no sean tan nuevas.

U2 es mi banda favorita, no son pocas las veces que me pregunto por los motivos. Creo que uno importante es la comodidad, es decir, desde hace once años cada vez que se me pregunta al respecto y contesto mi verdad siento un gran alivio placentero. Están los que me responden “Ah... sí, ¡qué bueno! Son medio veteranos, tipo los Stones, ¿no?” ; o “...Es una basura comercial... y sé que se hacen los humanitarios, bien de imperialistas del norte”.

Lo cierto es que yo devuelvo todas las respuestas con la mejor de mis sonrisas, hablar de música más allá de las limitaciones ajenas y propias frente al tema debe ser de lo más simple y maravilloso a lo que podemos dedicar nuestro tiempo libre entre amigos o para conocer mejor a alguien.

Sí sres. eso de “dime qué escuchas y te diré quién eres” para esta columnista aplica bastante bien, incluso si la respuesta es “de todo un poco”; aunque parezca loco eso dice algo, ¿verdad?. Nos encanta hablar bien y mal de melodías, letras, canciones, discos, bandas, instrumentistas, cantantes, géneros, festivales e incluso llegamos a imaginar y opinar con formas prejuiciosas cómo son tales o cuales países según la música que conocemos de allí. Yo nunca fui a Irlanda pero a través del tiempo se enriqueció una imagen demasiado romántica en mi cabecita no solo por U2 (que no es demasiado iconólatra de “Lo Irlandés”, salvo por algunos pocos temas en una extensa discografía) sino por la suma de ellos a algunos autores como Beckett o Wilde, algunas personalidades y varias películas como “¡Qué verde era mi valle![i]” o “Cinco minutos de gloria[ii]” –nombro estas dos para visualizarlo en extremos-.

Es complicado traer a conciencia un proceso como este pero es necesario notar que lo practicamos, proyectándolo y padeciéndolo. Pero es cómodo, nos da respuestas por eso lo seguimos, la intención de absolución total del prejuicio más que una utopía parece una ridiculez, sobre todo en una cuestión como esta de entender lo que aún hoy es distante, adonde todavía no se puede llegar a través de un monitor por más definición que tenga.

Y un poco de todo esto me pasó el finde pasado. Sé de qué van los festivales de rock, conozco todos los temas de la setlist, vi las fotos, videos y reviews pero no estuve ahí; me formé una opinión, escribí un comentario basado en nada en un montón de impulsos eléctricos los de una pc y los de mi cerebro.

U2 tocó el viernes en Glastonbury (si aún no lo saben el festival de rock más importante de Europa que llegó a su 40ª edición) y brilló en su primera participación festival comercial (lo digo esto en el sentido de que no era una reunión de fines solidarios) en mucho tiempo sabiendo que no se enfrentaban solo a su público con el que mantiene ese magnetismo de la última banda de la generación de los estadios, “la intimidad a gran escala” como le gusta definir a Bono.



La experiencia sin dar nada por sentado, más allá de las polémicas por los escraches previos con acusación por evasión impositiva o la sorpresa que causó la reciente confirmación por parte de Adam de su paternidad desde el año pasado junto a su novia; “treinta años después, en un terreno desconocido, hacen su show con el hambre feroz y es ese sentido de urgencia (incluso con una pizca de nervios) en lugar del triunfalismo que hace de esto un juego cargado, dejándonos algo más que un set memorable”. Como lo resume la crítica de Dorian Lynskey de The Guardian UK

Y eso no causó más que satisfacción entre los cuatro de Dublín porque como confiesa su líder: “Yo todavía mantengo esa idea pasada de moda del metaevento, que lo atraviesa y lo vuelve más de lo que es[iii] ” Esa para mí es otra cualidad que hace que los quiera como mi banda preferida, porque creo que equilibran el valor de un gran vínculo con sus fans y una cohesión intragrupal que tiene sonidos, tópicos y pasajes líricos identificables ya como suyos, que a pesar que están recontraforrados en guita siguen defendiendo su compromiso con lo que ellos creen que es su arte, lo mismo que en la mínima cocina de los Mullen (flia. de Larry, el batero) hace casi 35 veranos.


[i]

1941, Dir. John Ford

[ii] 2010, Dir. Oliver Hirchsbiegel

[iii] Rolling Stone, Noviembre de 2009, “La gira de las galaxias” Seguimiento de la Gira 360º y entrevista con Bono por Brian Hiatt. Recomiendo fervorosamente también los comentarios de Neil Mc Cormack para The Telegraph (prometo abordar a este crítico y su especial relación con la banda más adelante)



La entrevista posconcierto con Jo Whiley y Zane Lowe.



miércoles, 1 de junio de 2011

Ese tema del verano (Parte 2)



… Mi canción del estío es “Selfmachine” de I Blame Coco. Esta canción pertenece al disco “The Constant” y fue el segundo single tras “Splash” (otra cancioncita muy linda).

Esta banda-proyecto tan admirable es el trabajo de una chiquilina nacida en el 91, la señorita Coco Sumner. Con echar un vistazo a algunas fotos y videos, se nota que por más que la casualidad haya hecho que naciera en Italia, lleva a Londres en su palidez, en la bruma de sus ojos y en su aspecto cuidadosamente raro, nada glamoroso (que puede parecer hasta poco femenino –se ha comentado incluso que sería lesbiana- , look nada esperable para una estrella pop, aunque sí muy Indie rock) que de cualquier modo la catapultó a la Elle UK en mayo o a las páginas de Vogue este mes.
De su vocecita tenue y poderosa a la vez, déjenme confesarles algo, una vez que supe quién era su papá no pude dejar de escuchar su fraseo al final de la primera estrofa y al principio del estribillo: sí amigos, la voz de Sting, ¿demasiado pop?, se puede de vez en cuando.
Pero la onda con ella va por otro lado, o al menos ya tiene firma propia. Se ha ganado los elogios de críticos y ciertos roqueros brit que jamás elogiarían a su padre (hasta se la ha involucrado sentimentalmente con Pete Doherty). Sobre el frontman de The Police dice que le encanta que le pregunten por él, no hay problema con eso, que lo quiere a morir igual que a su madre (el ícono de la moda, Trudie Styler) pero que su arte no es sobre ellos, es sobre lo que ella es, sobre lo que quiere ser y tiene para decir. Sí les reconoce el alentar su amor por la música (empezó a rascar la guitarra a los cuatro), el que le dejaran bucear libremente entre la inmensa cantidad de discos presente en las ambas casas, los libros, las películas y los viajes pero sobre todo el cuidado permanente de su frágil salud desde pequeña, llegando a postergar importantes instancias en sus respectivas carreras. Nada más y nada menos. También sus temas de salud propiciaron en ella la inclinación hacia otra actividad: la cocina. Usualmente en casa de sus amigas o en la sala de ensayo de la banda en la zona norte londinense se encarga también de la comida, y cuando debe por alguna restricción se cocina aparte y todo, otra cualidad de esta jovencita genio, ¿no?
No tiene miedo de confesar que se siente igual de cómoda sola que rodeada de amigos, colegas y gente que comparta sus inquietudes (por más que sea en general muy vergonzosa, se ha ido soltando en escena) no importa dónde, ama Londres pero al terminar el liceo se fue a vivir un año a Suecia para terminar el disco, allí grabó por ejemplo con la diva nacional del pop, una de las más grandes de las mejores pistas del mundo: Robyn. El tema fue “Caesar”.
La dulce fuerza electrónica de ella como intérprete seguro inspiraron a Coco en esta canción “Selfmachine” al igual que los relatos de J.G. Ballard y la película Wall-E, tanto como su album preferido: Never Mind The Bollocks de los Sex Pistols, la motiva siempre.
Ella me hizo querer un poco más el verano del 11 y hoy sigo disfrutando de su arte a través del frío, su nuevo tema “In sprit golden” está despegado, un grito, otro manifiesto, otra rabieta teen re-pop-rock.

sábado, 28 de mayo de 2011

Ese tema del verano

Ahora que parece que ya estoy perdiendo los primeros rounds en la pelea contra el frío y el sol no entibia ni a la primera tarde, quisiera hablar de la canción que se convirtió en mi tema del verano.
No es que no haya movido el esqueleto un par de veces con la versión Don Omar de “Danza Kuduro” o con uhu-uhu-uhuuh de “Barbra Streisand” de Duck Sauce. No es que haya viajado seis meses en la máquina del espacio-tiempo combinated-express a Londres.
Al final sucedió como siempre (nada especial, al comienzo): la escuchás un par de veces por allá en octubre o noviembre y empezás a tararear la melodía (no te atrevés aún con la letra porque es en inglés). Para cuando te das cuenta de que se te pegó es demasiado tarde, y canturreas el estribillo. Entonces recién después te das cuenta de lo que decías, te ponés a pensar en ello y te enamorás de la canción. No te importa que una gurisa que sospechás menor que vos te cante preocupada y triste comparándose con un robot, sabés que es cursi pero igual lo adorás.
La radio en la que elegís escuchar música (sí, me pueden tildar de re-sigloXX), la pasa por lo menos una vez cada día. Llegando casi al 31 de dic., parás la oreja para tener el nombre de la banda; definitivamente, son nuevos. La tenés en el aparatito, el video te encantó, te escuchás todo el disco, es el primero… flasheás.
Llegó febrero, te acompaña en el bus al laburito, a los exámenes, al Velódromo, al Teatro de Verano, etc. Los Oscars, todas las películas que te ves en diez días (por lo menos este año mejor que el 10). Arrancan las clases, se te termina la changa de temporada, te ofrecen otro trabajo (el horario es una mierda, del sueldo mejor ni hablar). Más música, escuchás un tema de U2 en los días por los que pasaron por Latinoamérica y se te cierra la garganta (sí, realmente me gusta el popsynthrocksicle de las islas y mi amor por los cuatro de Dublín es otro tema) frente a todo eso la canción te sigue haciendo bien, y ya tienen adelanto del próximo disco. ¿Todavía no dije ni el nombre del tema ni la banda?...

(Sigue el miércoles)

sábado, 21 de mayo de 2011

Noches parisinas y noches cosmopolitas



Del folk- rock con fuertes rasgos de canción francesa de Louise Attaque (que pudimos apreciar en vivo en el 2005) al pop en el que decidió meterse de lleno con “Ginger” su disco debut como solista; Gäetan Roussel nos dice que no hay de que temer si una linda canción sofisticada, de letra amenazadora e intrincada, te hace bailar o al menos desearlo. No es que esto sea original pero pocas veces alguien me ha recordado eso con tamaña calidad (y menos en vivo).
El magnetismo y el dominio del espacio escénico no es novedad por parte de este cantante, no es un instrumentista virtuoso pero siempre es acompañado de muy buenos músicos, eso no cambia. Su liderazgo va por otro lado, como productor-estratega que se ha valorado en comparaciones con Damon Albarn, por ejemplo.
Lo suyo sigue siendo las letras, las de los amores que se van, las de los amores que tememos que se vayan, las de las ciudades que nos sostienen o acentúan nuestro pesar y otra inmensa gama de recuerdos y realidades.
La diferencia hoy es más evidente que va por el lado de la sonoridad, más internacional, universal, así es, nos guste o no este esperanto musical del pop. Quedaran algunos pocos (como algunos de mis amigos) que digan: “me gustaba más cuando era más francés”, pero muchos otros podrán conocerlo y escucharlo ahora que es un multipremiado supercool y posiblemente podamos saber de él más seguido.
Al final parece haberse cumplido su deseo de la canción Les nuits parisiennes del primer disco de Louise Attaque: Y siempre vivo noches parisinas/ y yo quisiera vivir la hermosa noche en Siena/ Al viento, al fuego y a la moneda/ abrirme al sentimiento// Y siempre vivo noches parisinas/ y yo quisiera vivir noches brasileñas/ y llevarte a lo alto/ y cantarte por lo bajo nuestro amor de cuatro estaciones.