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sábado, 24 de septiembre de 2011

Un penal mal pateado

Debo admitir que en estas semanas me vi enfrentado –por motivos profesionales– a leer, escuchar y consumir periodismo deportivo.  Y lo admito no porque eso sea algo muy extraño en nuestra cultura, sino porque en más de una ocasión manifesté mis críticas hacia el ejercicio periodístico vinculado al deporte (para mí eso no es periodismo).

El caso que me llevó a hacer a un lado mis prejuicios fue el de los derechos televisivos para la cobertura de próximas eliminatorias de mundiales de futbol. El gobierno, la Asociación Uruguaya de Futbol (AUF) y las empresas Tenfield (uruguaya) y Full Play (no uruguaya) son algunos de los actores metidos en este panal, donde quien mete la mano para sacar la miel corre riesgo de ser picado.
En resúmenes cuentas –y ya les digo cuál es mi punto– Tenfield y Full Play se disputan la compra de los derechos de televisación de los partidos, pero parece que la empresa uruguaya tiene un acuerdo con la AUF que incluye una cláusula de prioridad, con la que Tenfield puede saber qué dinero ofrece Full Play (o cualquier otra empresa) para, posteriormente, igualar o mejorar la oferta. En las licitaciones comunes los oferentes no saben cuánto ofrecen sus competidores.
En fin, todo esto derivó en reuniones entre el propietario de Tenfield, el empresario Francisco (Paco) Casal y autoridades de la AUF para saber si se mantenía o no esa cláusula. Ministros, periodistas, jugadores de futbol, presidentes de la República, todo el mundo habló en este tema. Lo cierto es que el pasado miércoles un “periodista” deportivo consiguió lo que nadie había conseguido en estas semanas: entrevistar a Casal.
Ahí estaba el primer canal uruguayo, varios días antes, anunciado la entrevista. Había varias preguntas para hacerle al empresario. Entre tanto que se dijo, se habló incluso de amenazas hacia la familia del presidente de la AUF, Sebastián Bauzá.
Miércoles 21 de setiembre, 22:35 horas. El periodista comienza a hablar. Presenta la entrevista. Anuncia el tema y al entrevistado. Cuenta sobre su estado anímico, sobre su confusión, sus inquietudes y anticipa sus preguntas. La cámara lo toma a él. Luego lo toma a Casal. Después hace un plano general. Luego el cuadro vuelve al periodista, para retomar la secuencia.
Ocho minutos con 32 segundos duró la presentación de la entrevista. Un Stand Up del periodista. Para quienes vieron la conversación entre el doctor Jorge Da Silveira y el empresario Casal, sabrán de qué les hablo. De ahora en más, ese deberá ser el ejemplo por la negativa en todas las escuelas de periodismo. Lo que no hay que hacer a la hora de entrevistar a alguien, todo lo que se debe evitar, todo lo hizo Da Silveira.
La palabra “yo” debe haber sido la más repetida en la entrevista, extrañamente, siempre al inicio de las preguntas del profesional de la noticia. También, en varias ocasiones, dejó en claro que sobre el tema "no sabía mucho", que tuvo que averiguar y que "leer bastante" para preparar el encuentro. En definitiva, ese es su trabajo ¿no? Es él quien debe manejar la información y brindarla al televidente de la manera más ilustrativa.

Muchos reconocimientos, pedidos de disculpas y agradecimientos mutuos. Muy pocos minutos de tensión. Dos horas de entrevista y muy poco claras las preguntas y las respuestas. Un simple: “me puede repetir la pregunta” de parte de Casal hubiese dejado en jaque a Da Silveira.
No es mi intención hacer un razonamiento inductivo. No afirmo que el hecho de que la entrevista la haya realizado un periodista deportivo fue el motivo de su mala calidad. Sin embargo, no dudo que un periodista no deportivo (un periodista) podría haber realizado una mejor entrevista.

viernes, 1 de julio de 2011

Locutores sí los hay

El periodismo deportivo, en alguno de sus modos, lleva a la pérdida del sentido en materia discursiva, ya sea por el lenguaje aplicado o por la línea argumental que utilizan sus periodistas. Sin embargo, permítaseme atajarme (nunca mejor usada la metáfora futbolística) ya que no creo que todos caigan en esta bolsa.

“Estoy ahí, ya sé que no pero yo estoy ahí, si el tipo de la radio me lo cuenta”, canta Tabaré Cardozo. Es que este murguista encontró en el locutor (comentarista) deportivo (solo de futbol) un gran narrador. Los locutores de radio que se dedican a transmitir partidos de futbol deben manejar un gran nivel descriptivo. Por lo general logran dar a entender lo que sucede en el campo de juego, no solo contando quién lleva el balón y qué es lo que hace con él, sino que también utilizando un muy buen manejo de la velocidad, del tono y del volumen al hablar. A su vez, tienen la colaboración de un locutor comercial que se encarga de hacer publicidades en vivo, lo que permite que el relator descanse en los momentos en que realmente no hay comentarios para decir, nada que narrar ni describir. De ese modo, salvando excepciones, el relator de futbol habla solo cuando hay algo que describir.

Ahora bien, ¿qué hace el relator de futbol de la televisión? Ni que hablar que también analiza e interpreta lo que pasa en la cancha, pero atención, porque la locución comercial  ya no es una aliada. Es más, en televisión no figura, y en su lugar aparecen las publicidades gráficas, tanto en la cancha como sobre la pantalla de manera electrónica. Entonces, ¿qué sucede cuando nada hay para comentar, ya sea porque el partido se detuvo o porque no hay jugadas de peligro que necesiten ser resaltadas? El locutor no calla, sino que más bien busca alternativas que, sin querer, lo pueden llevar a la idiotez narrativa: repite tal cual lo que el televidente está viendo, refrita comentarios ya mencionados durante varias veces en el partido, o lo que es peor, se distrae y hace comentarios que nada tienen que ver con el encuentro. En algún caso hacen chistes, es tremendo.

Con esta columna no afirmó que el relator de futbol de la televisión carece de capacidad para estirar al aire sin que el televidente se dé cuenta. Simplemente destaco que algunas formas discursivas, más de las que se creen, sobran en el periodismo deportivo.

domingo, 29 de mayo de 2011

Momento de gloria

Foto: Laura Recalde
Cuando el futbol lo es todo, resta ver qué queda por fuera.

El partido fue un éxito deportivo. El equipo favorito ganó, tal cual estaba previsto. Demostró destreza, trabajo en equipo y buena dirección. El estadio repleto. Miles de personas festejando, gritando al punto de desbordar la capacidad de sus gargantas. La alegría estaba presente aquella tarde de futbol. Y ahí estaba él, la estrella de la tarde, el mejor jugador: había hecho el gol de la victoria.

Durante los 90 minutos de partido este jugador no paró de demostrar calidad, de lucirse con la pelota, de generar oportunidades de gol y dejar en evidencia la inferioridad del equipo adversario. Se decía que varios directivos de algunos equipos europeos habían venido a verlo jugar. Definitivamente se trataba de alguien especial.

En medio de ese momento de alegría este gran jugador quedó solo un instante. Era el momento adecuado para entrevistarlo, y de ese modo ganarle al resto de los periodistas deportivos que allí estaban. Micrófono en mano y en compañía del camarógrafo, el periodista se acercó, era su hora de gloria. Levantó el micrófono, la luz roja se prendió, lo tenía, le preguntó: ¿Qué sentiste cuando hiciste el gol?

Ahora, déjenme entender algo. ¿Eso le preguntó? ¿Eso? ¿Qué sintió cuand…? Perdón. De ahora en más les hablaré cada tanto sobre el Parodismo (y no periodismo) Deportivo.