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martes, 27 de diciembre de 2011

Buenas tardes, me gustaría tener una discusión

Buenas tardes, me gustaría tener una discusión. Ese es el nombre del presente artículo, el del video que pasaran a ver en breve y todos deberíamos decir: "buenas tardes, me gustaría tener una discusión" más veces al día. Si todos lo hiciéramos creo que viviríamos en un mundo mejor, porque decir: " buenas tardes, me gustaría tener una discusión" es abrir una puerta hacia la lógica propiamente dicha, la argumentación, la dialéctica intelectual y al pensamiento.

Fuera de la reflexión involuntaria sobre la necesidad del conflicto hay dos citas que me andan rebotando por el cerebro vacío. " La inteligencia es inversamente proporcional a la felicidad" y  "hay pocas cosas más graciosas que un pedo" la primera es de Lisa Simpson y la segunda se la escuche a Pedro Saborido y de la conjunción de ambas nace la pregunta. ¿hay humor en la complejidad o el humor es patrimonio de la simpleza?.
No se la respuesta de tal pregunta; pero la sensación es que a medida de que uno conoce el humor, uno se ríe menos. La sensación la extraigo del capítulo de los Simpsons  en que Homero se sacó un crayón del cerebro y así aumentó su I.Q. a un número de tres cifras. Lo cual provocó el goce de la literatura, no reírse en las pelis de Julia Roberts y una gran infelicidad.
La nueva pregunta sería: ¿es posible el humor sin crayón en el cerebro? y la respuesta vuelve a ser: no se. Posiblemente haya más humor con crayón pero también es cierto que hay humor en la complejidad.

Pues (y al fin y al cabo) les traigo un video del humor en la complejidad; un humor que reflexiona desde la lógica formal, la paradoja, la abstracción y sin perder risa. A continuación uno de los Monthy Phytons dice: "buenas tardes, me gustaría tener una discusión".   


martes, 22 de noviembre de 2011

Mastropiero y la epistemología

Temo arruinar el siguiente segmento diciendo pavadas antes de presentarlo; porque arruinar un chiste es relativamente sencillo en comparación a realizar uno. La cuestión es que les paso un video que encontré gracias a los colegas de Youtube y después dejo alguna mínima consideración.


Acaban de ver y escuchar - Dilema del amor (cumbia epistemológica) compuesta por Iohan Sebastian Mastropiero e interpretada por Los Brillantes todo dentro del espectáculo Lutherapia de Les Luthiers.

Esto es lo que están haciendo Les Luthiers más cercanos en el tiempo y me pareció interesante descubrir algo nuevo de ellos en vez de recurrir a los clásicos (aunque no descarto algún día invocar a Esther Piscore, Cantalicio Luna o Gunther Fraga)

Como no quiero ponerme a filosofar sobre la metodología del humor o epistemología del humor (tenía que hacer ese chiste por lo menos una vez) quisiera resaltar como el resultado tan humorístico no quita que todo lo que se diga sea cierto y profundo. 
Y la reflexión es la consiguiente: si ciertamente cuando empieza a ser un espectador consciente y crítico hay ciertos placeres que decrecen (uno se ríe con menos cosas), esto es algo feo partiendo que somos el único animal que ríe (junto a la hiena). Pero por otro lado una llega a distintos niveles de placer (el goce no es solo la risa es la profundidad de la risa).
¿Es verdad tan apreciación? ¿Es más graciosa la cumbia sabiendo de epistemología y del estructuralismo?

Miremos de vuelta el video y contestemos o mejor aún miremos el vídeo y disfrutemos.

martes, 8 de noviembre de 2011

¿Se acuerdan de Videomatch?

Repito la pregunta del título ¿se acuerdan de Videomatch?. No de ese imperio televisivo llamado bailando por un sueño y todos sus satélites , no del Showmatch que deja de un canal para casi hacerse dueño de otro , tampoco del Show de Videomatch como apuesta más fuerte de un programa. Estoy hablando del Videomatch que iba a la medianoche, cuando la medianoche era un horario marginal, ese que había mutado de un programa deportivo hasta convertirse en una desprolijidad de cámaras ocultas, sketches y la sensación de ver gente que estabn haciendo cualquier cosa.
En mis últimos años de la escuela se me aparecieron Videomatch y el Cuarteto de Nos (por el disco otra navidad en las trincheras) y ambos constituyeron un núcleo insipiente de rebeldía patoteril alejada de lo políticamente correcto. Para un pre púber de 11 años cosas como las malas palabras, la violencia, lo sexual y especialmente el hecho de reírse de un otro incauto fueron cosas que plantaron un semillita punk.
Parece lejano ese Videomatch que me fascinaba, capaz el hecho de que el programa haya sufrido tantos cambios hace parecer las cosas más lejanas. Gracias a los colegas de Youtube que hacen presente el pasado (merece más tiempo su capacidad de necromante) pude observar algo de ese programa y todavía me sigue atrayendo aquel programa;tiene una cosa primitiva-maliciosa que realmente me hace reír mucho.
A modo de muestra les dejo unos videos de Pachu conocido en donde el sujeto se hace pasar conocidos de transeúntes para que estos recuerden anécdotas que nunca sucedieron.



En tanto tipo que estudia comunicaciones tiene una cosa muy interesante ya que la nota sostiene su éxito en que sus intérpretes sean medianamente desconocidos. La víctima no puede conocer la nota ni a Pachu y Pablo y partir de eso se crea un programa algo clandestino en donde los humoristan se infiltran buscando cosas para reírse violentamente de otros.
Ese paradigma de programa de medianoche que tiene que permanecer medio anónimo y que solo te debe ver tu público y no otro es un paradigma de televisión de aire ya caduco; especialmente si vemos el Videomach (Showmatch: bailando por un sueño) actual.

En fin, un articulo y unos links para darse cuenta de que a pasado mucho agua bajo el puente.



martes, 27 de septiembre de 2011

Alberto Laiseca o el poder de la palabra


Por lo general tendía a explicar las razones por los cuales seleccionaba un link youtubiense y lo luego lo mostraba; un intento descarado de marcar una direccionalidad en la mirada, un “miren aquello por esto”. En la presente ocasión voy a invertir el procedimiento para contaminar menos la mirada y aprovechar cabalmente las otras virtudes del presente link.
A modo de prefacio: por el canal I-Sat los viernes cerca de la medianoche – dependiendo de la hora en que terminara Cha Cha Cha – había unos diez minutos iluminados a través del ducto de un ventilador en que un señor se sentaba a narrar.
 

 Pregunta: ¿Por qué esta pata de mono me da más miedo que otras?

Pues, respondemos desde aquí: el hombre es lenguaje, al inicio era la palabra, la quintaesencia que une nuestros átomos es el verbo, homo parole y todas esas expresiones que utilizan los hombres y mujeres adeptos a la semiótica totalitaria.  Pero también son esas cosas que son más fáciles de aceptar luego de ver y escuchar la narración de esta pata de mono.

Nuevas preguntas: ¿por qué cruje el parquet, se espesa el líquido de las cañerías y  las puntas  de los dedos son más sensitivas cada vez que escucho esto? La respuesta, no casualmente, es la palabra. La elección, combinación, pronunciación e interrupción  de la palabra  es aquello que cambia la sustancia, o parece cambiarla, lo cual es lo mismo.

Materializo: ¿por qué es tan bueno este relato? Pues por el uso del lenguaje y nada más, porque la diferencia no se halla en el hecho o en las cosas, está en la expresión de ello.
Permítanme introducir una mentira, porque la poesía se halla en la mentira y no en el hecho. ¿Cuál es la diferencia de la guerra de los mundos de Wells a la de Welles? Les aseguro que es mucho más que una letra.

Este sujeto, Laiseca, nos da argumentos a los defensores del relato en contra de la historia, a los que sostenemos que en el arte la pregunta es ¿cómo? y no ¿qué?, a los que profesamos que la forma  no es una decisión posterior al contenido.

martes, 6 de septiembre de 2011

Sí, Sí, Sí, Padre propóleo

Sé que traer este link va a traer detractores, pero a veces uno tiene ese impulso adolescente necesario como para armar un lío entre todo lo que le navega por la mente.
La cuestión es que traigo un couplet de murga (para algunos ya eso es un problema), pero va a ser de murga de la Unión de los noventa (esas murgas poco adeptas a los cambios, que cantan alto, chabacanas, propiedad de seres oscuros y que sobre todo son de la Unión). Aquellos que conocen la coyuntura y leyeron el título ya debieron concluir que voy a traer el couplet del Padre Propóleo de los Arlequines del 93.
Muchos deben pensar que esta pieza es una manifestación ordinaria, simplona y rudimentaria del humor y deben tener razón ya que no está de moda. Pero; para mí, es la manifestación más pura de un grado cero del humor. Al ser la estructura tan primitiva (más que estructura son unos andamios) se puede percibir cómo funcionan todos los eslabones y engranajes del humor, cómo vienen los centros y los remates, cómo en una estrofa se planta algo, se puede intentar adivinar la rima y especialmente uno puede ver a través de él como si uno pudiera ver la matriz.
Además es algo histórico y nos ayuda a entender las murgas de la época y como eran los couplets de los ochentas (aunque éste sea del 93 parece de los ochenta ya que tiene eso de que no pega nada con nada).

Ya expuesta mi defensa los dejo con la pluma de Eduardo Rigaud, los arreglos musicales pleneros de Jorge Cocina Márquez y la memorable actuación de Pablo Barrios en el papel del Padre Propóleo y a esa incoherencia cromática de la murga llamada: El negro Claudio Rojo en el rol del monaguillo. 



martes, 23 de agosto de 2011

Para ahora que esta de moda el Stand up

Es verdad, ahora está de moda el Stand up y los comediantes que se paran frente a una pared de ladrillos se reproducen como gremlins bajo la lluvia. En cada boliche, teatrillo, Internet, concurso, programa de hijos de Cacho, hay alguien haciendo Stand up. Y aunque no lo crean, no estoy enojado con tal situación. Lo único negativo que puedo expresar es que se corre el riesgo de que haya más comediantes que gente para aplaudir.
Aprovechando la fiebre del Stand up, traigo un breve monólogo de un señor que sabe algo sobre la creación de humor desde la primera persona. Si no se dieron cuenta, hablo de mi amigo personal Woody Allen.
Sé que no fue el primero y que no es patrimonio de él. Pero es alguien que hizo de ser inseguro, perdedor, hipocondríaco y claustrofóbico, grandes cualidades para un personaje humorístico. Cualidades que no están siempre en el discurso, pero las lleva consigo a tal punto de que el silencio es extremadamente gracioso.
Antes de poner play, préstenle atención a cómo va uniendo lo disparatado con lo verosímil y a cómo las cosas se van enganchando creando un todo. Debe ser muy difícil poner en este monólogo un platillo para que indique los chistes.


martes, 16 de agosto de 2011

Uno de patadas

Al igual que la ciencia (y otras cosas poco importantes) el cine tiene  paradigmas que se rotan la cima del poder. Algo que desde hace rato no figura por la cúspide es el cine de acción propiamente dicho, el cine del héroe de acción. Los dueños de restaurantes ya han quedado viejos y las versiones clase B (Van Damme, Seagal, Chuck Norris, etc.) no sabemos si siguen actuando o si tienen algún carrito de chorizos.
Desde hace una década a esta parte ha nacido un nuevo paradigma en el cine de acción y, oh casualidad, ha sido en el sudeste asiático.
Capaz que los nuevos filmes, especialmente los tailandeses, tienen más cercanía con el subgénero “cine en que se parten cosas en la cabeza” que con el cine del héroe de acción; pero es un nuevo paradigma.
Los dejo para que saboreen un poco de esta nueva fórmula del cine de acción. En este caso se trata de un plano secuencia del filme Thai Dragon[1], que es más reconocida bajo el título de Yo quiero mi elefante, debido a que la trama es que a un sujeto le roban el elefante y lo recupera a patadas gritando: Yo quiero mi elefante.

Antes de empezar quiero aclararles que una de las cosas cambió. Porque ahora pasaron de dobles de acción, efectos digitales y acrobacias con cables, a simplemente pegarse. Tony Jaa (el hombre que sube las escaleras) realmente pelea así, lo cual provoca un plus de realidad que nos deja esa sensación de estar jugando a la Double Dragon.



[1] PINKAEW Prachya (2005) Tom yum goong

jueves, 23 de junio de 2011

Paquidermos en Technicolor

De pequeños todos nos asombramos o nos asustamos, pero cuando los vimos de grandes, dijimos: “Yo quiero de la que tomó Dumbo”, que debe ser de la misma que degustó Walt Disney por la época de 1941, cuando dibujaron a Dumbo[1].
Si vamos a los hechos, Dumbo toma un poco de alcohol, empieza a ver cualquier cosa y estando borracho vuela. Así nos tiran una moraleja sobre no discriminar y sobre la autoestima. Pero de verdad Dumbo, en busca de experiencias nuevas, se pone un cartón bajo la trompa pegándose un viaje de ácido que le va ayudar a descubrir las drogas placebos.
Y si usted piensa que es un mensaje un tanto fuerte para un niño, no se olvide que Mr. Disney era un ser enfermizo, fascista, que se hizo congelar para evitar la muerte; llamémosle un tipo peculiar. También piense que las películas de animación de ahora no son tan saludables como supone, además de ser más feas.
Así que evite los prejuicios y deje hipnotizarse por perturbadores elefantes rosados. Y si miran lo suficiente, sus pupilas se convertirán en espirales descendientes.



[1] SHARPSTEEN, Ben, (1941) Dumbo

martes, 24 de mayo de 2011

Para empezar, uno de Groucho

Si a uno le gusta la gestación del humor y piensa tener una columna de recomendados de Youtube; uno no tiene otra opción más que inaugurar dicha columna con el señor Groucho Marx.
En el caso el video procede del programa televisivo What’s my line? en el que la gente común iba a compartir una charla con el señor Groucho para intentar descubrir una palabra secreta. Dicho así parece una idea sencilla y demasiado familiar, una que en Argentina haría Julián Weich o aquí Humberto de Vargas. Pero la misma consigna frente al autoproclamado “amante sarnoso” se convierte en un festín bestial de humor y una oda a la velocidad del pensamiento.
Sin más prolegómenos, los dejo con el mejor humorista de todos los tiempos – o por lo menos uno de ellos - . Como posdata recomiendo prestarle atención al tratamiento que reciben los que se creían mejor que él.