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miércoles, 10 de agosto de 2011

Algunas consideraciones apenas instintivas al respecto de “Artigas, la Redota”




El pasado lunes a la noche asistí al cine para ver “Artigas, la Redota”, la sala estaba a medio llenar, el público adulto, en promedio mayor de 35 años. Sin embargo el comportamiento era cuasi infantil, “que éste es de la tele”, “sí, pero eso es Colonia, no es Montevideo”, “… ¡Mirá! ¡Cómo van a pasar a Artigas teniendo sexo, qué falta de respeto!”, etc. etc. Y después lo de siempre, los celulares y la ausencia de cualquier tipo de modales para comer o tomar en medio de lo que se esperaba que fuese el clima en una sala para disfrutar realmente de este tipo de espectáculo.

Concretamente sobre el film, debo decir que entra en el límite superior del rango de consideración de lo aceptable.

Respecto a la fotografía y el arte visual en general suple las expectativas previas, sobre todo teniendo en cuenta un conocimiento previo del trabajo de su director César Charlone. Los modos en los que logra asociar su cámara con la obra de Blanes se definen como una de sus mayores conquistas. Además de la mancomunación con la banda sonora de Luciano Supervielle, se supo que en algunas ocasiones la música preexistente inspiró a la cámara en su trabajo en un ejercicio más que interesante.

Tal vez lo más criticable en general sea en algunas secuencias los movimientos erráticos de la cámara, mostrados pareciera incluso desde una lente sucia (lo que me alejaba más aún de la situación narrada) y la deformación que se puede apreciar en un par de secuencias por el uso de una lente similar al ojo de pez, que no tiene a mi criterio un andamiaje claro, solo me creaba confusión.

Todo eso desde el punto de vista estrictamente técnico, sobre el guión (del propio Charlone junto a Pablo Vierci) mis dudas crecen todavía un poco más y me permito cuestionarme otras cosas, no sé si es desde el punto propio de mi ignorancia, pero no podía dejar de sentirme incómoda por el exceso de la voz en off en una especie de soliloquio que se repetía constantemente por parte del espía español, (antagonista o brazo ejecutor del verdadero antagonista -según se quiera ver- Sarratea, encarnado convincentemente por Mario Ferreira), donde la amada era evocada como esperanza de futuro de un modo que rozaba el cliché apoyándose en la representación gráfica de la misma en dibujos separados, los ojos dibujándose en el mar, su cuerpo entre las piedras, etc. Al repetir eso tantas veces uno podría llegar a pensar que dichas remembranzas se iban a ampliar o a profundizar, pero solo retrasan más y enlentecen la acción de dicho personaje sumiendo esos proyectos y sus ganas de alcanzarlos en innecesaridad y superficialidad desde la lectura posible del espectador. También en los usos de epígrafes (textos para indicar lugar por ejemplo) se llega a apreciar esa redundancia aludida… a ver, a la tercera vez que mostrás la Casa de Gobierno en Bs. As. y no se enmarca ninguna otra acción en un lugar similar no es necesaria la aclaración, me parece.

Por suerte, la obra citada me sorprendió por la positiva en el aspecto que más desconfianzas me despertaba en la previa, y que ha sido catalogado como uno de los clásicos problemas del cine nacional, juicio que en los últimos años ha ido revirtiéndose o al menos atenuándose gracias a entre otras a la otra (valga la redundancia) pieza fílmica de Charlone, “El baño del Papa”: el tema del trabajo actoral, la “adaptación” al cine de nuestros actores formados para el teatro, la dirección de actores.

La dificultad en este sentido asomaba desde distintos frentes, la personificación de la Historia nunca es una historia exenta de polémicas o al menos de discusiones en la cinematografía, incluso en las sociedades que ya tienen ejercicio sobrado en la materia.

El Artigas de Esmoris es profundo en presencia y hasta en la expectativa previa a su aparición, en el silencio y en hasta en su voz (inspirada en la de Zitarrosa, según confesión del propio actor), “desmarmolizantemente” humano (más allá de algunas malas pasadas que le juega el ritmo general de la narración), sospechosamente viviente y movilizante; se dio el lujo de develar a un padre de la patria hasta inocente, dubitativo o dolido en gestos más o menos sutiles. Todo encausado hacia los objetivos finales de la película mostrar qué es Artigas y por qué se representa así y no se puede hacerlo de otro modo.

Solo rato después de salir de la sala recordé que era el mismo que presentaba opciones políticas Marxistas-Lenonistas en su personaje de tiempos de campaña, el de “Orientales, la patria o la cumbia” o el de la Antimurga BCG. Nunca se me pasaron por la mente dichos factores al verlo como Artigas. Lo que es inmensamente gratificante para con su trabajo, que encontrará su lugar cada vez más justo en la memoria del cine uruguayo conforme pase el tiempo.

Cabe el destaque a las labores tanto de Rodolfo Sancho como el espía español que navega entre la manifestación de los más variados sentimientos, Aníbal Larra. Este actor español de gran performance aquí es el mismo que interpretara a Antonio en la novela “Amar en tiempos revueltos” en su primera temporada; como a la de Yamandú Cruz en su desempeño como Blanes (cuyos avatares biográficos merecerían film aparte) que mostró de manera explícita que pintar y contar la patria no es ni será jamás tarea fácil.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Viene de ayer sobre Midnight in Paris.

Esta columna podría llamarse “Les nuits avec eux, n’importe quoi except l’ennui (las noches con ellos, cualquier cosa menos aburrimiento) o la importancia de llamarse Woody Allen con ciertas consideraciones filosófico-literarias como extra, o más bien un intento por no arruinar lo que venía bárbaro desde ayer en este intento de columna colaborativa”.

La obra de Woody Allen está poblada y gobernada por la luz desde el punto de vista compositivo del cuadro, y por la luz que proyectan los personajes; y para continuar con los lugares comunes, voy a incurrir en la redundancia de expresar que pocas cosas son tan maravillosas como iluminar desde París.

Y las cosas se dieron como era de esperarse, y la salida de la sala hablaba a través de los rostros de los concurrentes del regocijo por encontrarse con una hermosa película, sí con estereotipos, sí con giros argumentales repetidos que se pueden rastrear hasta treinta años hacia atrás de la misma pluma, etc. ,etc. … Sin embargo, la magia prometida por Allen nos sigue empujando a las salas, a veces, con suerte, más de una vez al año; y lo cierto es que no se puede más que coincidir con aquellos que sostienen que esta es una de esas que entra en la lista de las mejores, según esos Allenólogos de nuestra pop culture que pululan por todo el orbe.

Yo no sé los motivos, siento que tal vez ponerme a escarbar demasiado en el cómo de sus trucos le haga mal al encantamiento que prefiero sostener casi de modo infantil cuando se trata de él.

Por todo eso, dentro de las pocas cosas que quiero subrayar en este pseudoanálisis (que se va a descarrilar para cualquier lado en apenas un par de líneas) es que la performance del reparto en cada escena sobrepasa lo formidable. Pocas veces quedé tan satisfecha por el trabajo actoral de un ensemble magnífico donde todos daban la pauta de estar haciendo algo increíble, el ejemplo más claro tal vez por la intensidad de su casi cameo tan breve como inolvidable haya sido Adrien Brody en la piel, la voz y hasta el acento de Salvador Dalí.

Pero no por lo remarcable de las labores de los actores que encarnaron los pasados me quiero olvidar de los que hicieron del 2010 las pesadillas martirias, las guías -en varios sentidos- o las esperanzas de final feliz de Gil (el protagonista encarado más que muy bien por Owen Wilson).

Personalmente, fui complacida en lo mucho que esperaba de Marion Cotillard, Rachel Mc Adams, Michael Sheen (que por suerte cada vez se le puede ver más en pantalla, y se las sigue arreglando para no descuidar el sitial ganado en la escena londinense -el equilibrio perfecto-) y del propio Wilson como alter ego modelo nuevo milenio de nuestro Allen-loser predilecto. Al respecto de mi calificación sobre este elenco seré categórica: si este cast por lo menos no pelea el SAG (Screen Actor’s Guild) Award 2012 como mejor elenco será por la envidia de sus propios colegas por no haber estado ahí.

Por otra parte, el film Midnight in Paris logra despertar una vasta multiplicidad de intereses que nos pueden conducir a las lecturas y relecturas de obras literarias y plásticas. Es que la calidad y candidez de los retratos de esos personajes que hicieron de esa París de los años 20 de los mejores escritores norteamericanos y el campo de acción de las vanguardias pictóricas como el Cubismo podrían ser objeto de muchísimas más películas, novelas u obras teatrales, además de las que ya existen.

Lo que me gustaría aclarar, y quiero ser estricta al respecto, es que la historia de este filme no se queda en la oda a la nostalgia de la capital cultural de los años veinte, la de las secuelas de la Gran Guerra, la de la Reconstrucción cuando la gran futura tragedia del siglo veinte no se mostraba aun así de amenazante en el horizonte.

Pero lo cierto es que la/el idea(l)- tópico de ensalzar la posibilidad de una Edad de Oro como una epifanía está en la esencia y paisaje de esta película como tesis a ser rebatida y se nos va dando pistas de ello con el paso de los minutos, de los días de Gil en París y se va a confirmar cuando viaje a lo que Adriana (su amada de los años veinte) considera La Edad de Oro (la Belle Époque –fines de siglo XIX-) y a su vez al conocer a Degas, Gauguin y Toulouse-Lautrec le confiesen su predilección por otro periodo más pasado todavía como el Renacimiento.

Toda esa cadencia máquinico-temporal que podría repetirse retrocediendo hasta quien sabe dónde me remitió casi impulsivamente al discurso de Don Quijote sobre la Edad de Oro (que se encuentra en el capítulo XI de la Primera Parte), del que quisiera citar dos fragmentitos: “…Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia (…) Entonces se decoraban los concetos amorosos del alma simple y sencillamente del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos…”

Para el Quijote la Edad de Oro fue antes de la propiedad privada, a tal punto que todavía no existían los términos “tuyo” y “mío” y también recalca sobre la simpleza de la belleza femenina de aquel entonces y de la honorabilidad honesta de hombres y mujeres. Por más que quisiéramos distinguir algo quijotesco en Gil, y así lo hiciéramos, a sabiendas de que los valores utópicos compartidos no sean los mismos por todos los que añoran edades de oro, no deberíamos dejar de observar a la libertad y a cierta pureza espiritual acompañada por una claridad intelectual como valores añorados que se repiten.

A veces el tiempo nos lleva y trae a su antojo, lo digo porque cuando Gil entra a Shakespeare & Co., Sylvia Beach lo recibe aunque no la veamos en todo el film y está terminando la nueva edición del “Ulises” con Joyce discutiéndole en la otra punta del escritorio, por más que haya realizado esa visita durante el día, eso ya no importaba mientras estaba frente a la enorme pantalla en la oscuridad lo creí así.

Alice inmortalizada años después por su amada Gertrude Stein (notablemente interpretada por Kathy Bates) en la novela “Autobiografía de Alice B. Toklas” es la que le abre las puertas de casa a Gil y desaparece del relato, pero cómo es posible no nombrarla.

Su carisma y su inteligencia hicieron de Stein más que musa, gurú, conciliadora, mecenas de los artistas que la rodeaban profesándole una confianza absoluta, su corazón fue hogar y su casa refugio de una interminable lista de (por no decir todos los) talentos de la época. Se dice que al volver a los Estados Unidos por un breve periodo en los años treinta dijo: “Estados Unidos es mi país pero París es mi hogar”. Ella no solo fue protagonista sino que oficio de analista e intérprete de esta época citada en ensayos como “Retratos” análisis de trayectos y obras de pintores como Picasso y Braque, además de “Qué son las obras maestras y por qué son tan escasas” en la que habla de los porqués de los rupturistas: “…En otros tiempos un pintor decía que pintaba lo que veía, como es natural no lo hacía, pero de todos modos podía decirlo, ahora no quiere decirlo porque como lo está viendo no le resulta interesante. Esto tiene algo que ver con las obras maestras y con el porqué de que haya tan pocas de ellas pero no tiene todo que ver…”

Su modo de análisis tan francés y americano a la vez, está metido en nuestra decodificación cultural hasta para leer imágenes, aunque no sepamos su nombre (como le dije a Ruy a la salida del cine).

G. Stein por P. Picasso (1906) según varios especialistas esta obra funciona como transición entre el periodo rosa y el incipiente cubismo en el pintor español.

Para terminar esta columna que le quiso dar fundamento a la nostalgia (tarea difícil e inconclusa) desearía aludir a un personaje que robó de la platea de los mejores momentos de risa, uno de los protegidos predilectos de Miss Stein, y sin duda el más popular de los escritores que aparecen en el film: Ernest Hemingway (interpretado por Corey Stoll).

En “París era una fiesta”, él dedica a Stein los elogios más increíbles y bellos que su clásico pesimismo le permitió realizar, evocando por ejemplo la risa contagiosa y la mirada confidente que lo llenaban de seguridad –al menos por escasos momentos-. Para explicar un poquito mejor lo que sentí al ver a este Hemingway con el que conocía de antes, voy a repasar un pasaje del capítulo III de “Adiós a las armas”: “…yo solamente conocía el humo de los cafés, las noches en que la cabeza nos da vueltas y es necesario mirar un determinado punto de la pared, fijamente, para no seguir girando; las noches, en la cama, borracho, con la creencia de que no existe nada más que aquello (…) y, en la oscuridad, el mundo irreal que nos rodea se repite cada noche, es excitante, y uno lo hace con la convicción de que no existe nada más, y que todo nos es igual. Inesperadamente, algún momento de interés, después el sueño y el despertar por la mañana con la sensación de que todo ha terminado; todo es tan decisivo, tan duro, tan claro (…) Algunas veces la ilusión desaparece, incluso falta la alegría suficiente para salir a la calle. Pero siempre, en perspectiva, un nuevo día y con él otra noche, y la noche siempre es mejor a menos que el día sea claro y frío…”

Tal vez por ello se dé la presencia así marcada casi identificativa de Gil con él, ambos viven sus crisis, aunque de modos distintos. Deambular es el encanto, y de allí que deba ser a causa de un escape del que nosotros fuimos testigos por la voluntad maestra de Allen.

El delirio y la genialidad protegidos por la noche no parecen bajo estos preceptos como tan irrealizables.



miércoles, 6 de julio de 2011

Cuestiones de pantallas, miradas, presencias, elecciones y seguidores

¿Qué harías si tras veintiún años de labor ardua conseguís el ascenso soñado y en menos de seis meses te enterás por rumores en la prensa que el trabajo ya no será tuyo en los próximos meses sino que por el contrario vuelve a tu antecesor?

No sé si sorprende el análisis, pero no faltó quien afirmara que el despido más caro de la historia de la televisión de los Estados Unidos fue otro síntoma de que al final nadie zafa de la crisis, y que en tiempos de ésta los medios en general se ponen más conservadores que nunca. Lo último sería fácilmente refutable dado que tras salir de NBC (más de centro en el espectro político americano) la oferta más fuerte que recibió el sujeto en cuestión para él y todo su equipo fue ir a la Fox (definitivamente, y a veces ridículamente –un par de veces me costó diferenciar su noticiario con la parodia de Saturday Night Live -SNL-, en especial recuerdo una entrevista con Sarah Palin, no podía dejar de pensar en Tina Fey imitándola- a la derecha más conservadora). Pero en realidad esa idea no sorprendió tanto porque como parte de las supuestas contradicciones del campo mediático citado cabe recordar que ese canal es el que transmite desde siempre “Los Simpson” que supo contar al protagonista del caso como parte del equipo de guionistas durante un tiempo (a juzgar por muchos muy bueno) y que aún no ha podido consolidar un night show en su larga historia (respecto a programas de comedia en general tenía hasta hace poco “The Wanda Sykes show” los sábados).

Como final de este repaso lineal de la historia se puede decir que Conan O’ Brien terminó arreglando con TBS una señal de cable menor (dedicada a la comedia: reposiciones y shows de algunos comediantes como George López) perteneciente al conglomerado Time-Warner.
¿Por qué elegir eso en lugar de un canal de aire que crece en público de todo el país-continente a medida de que la administración Obama y disconformidad con ésta avanzan? Casi nueve mes después de su último Tonight Show arrancó “Conan on TBS” sobre el nombre dijo que eligiendo ése sería más complicado a la hora del despido. Hablando más seriamente dijo que la total libertad creativa, el hecho de poder hacer todo desde Los Ángeles (dado que había mudado toda su vida al Oeste desde New York hacía menos de un año y medio) y que sus colaboradores habituales hayan aceptado dejar sus nuevos proyectos para volver con él fueron los impulsos definitivos. “Tener la última palabra y estar en un lugar que donde todo es futuro y cosas para ser es lo mejor que te puede pasar” a lo que el reportero de la Rolling Stone contestó que se había cumplido lo dicho en su mensaje de despedida en su último día en NBC: “work hard, be kind and great things gonna happen”; que no tardó en convertirse en una frase impresa en letras blancas sobre remeras de un naranja que emulaba su pelirroja cabellera y que sus fans lanzaron e hicieron agotar el pasado verano desde el website TEAM COCO (llamado así para compararse con los distintos grupos de fans de los galanes de Twilight – Team Edward, Team Jacob,etc.)

Y lo inesperado sucedió, las suscripciones a los paquetes de cable que contenían esa señal se dispararon, compitió con Leno (en su vuelta) y con Letterman (también en una señal de aire como CBS) y les ganó durante algunos meses (ahora la cosa está más pareja que nunca y el liderazgo en el rating fluctúa día a día), sin contar la multitud que lo sigue por internet.
Lo cierto es que de todos esos comediantes al frente de esos tipos de shows es el que mejor provecho le ha sacado a esa herramienta, en el último People Choice awards eligieron su sitio web (Team Coco reconvertido en sitio oficial con la exclusividad de todo el material relacionado a él, con sus fundadores devenidos en parte de su equipo) como el mejor de los programas televisivos, también forma parte como invitado del grupo-consejo creativo de Twitter.


También en el reportaje de la Rolling Stone magazine antes mencionado (hecho semanas antes de su regreso) se recuerda y se repasa todo lo negativo del después del despido: la depresión que intentaba esconder constantemente aunque no pocas veces de manera graciosa, a decir de su esposa Liza. “Ya era infernal tenerlo en casa. Llegó a ser parte del equipo de apoyo en la clase de su hijo Beckett (en preescolar) era increíble ver los rostros de los otros padres cuando llegaban a la escuela y lo veían con dos o tres niños colgados jugando pelota en el patio. Incluso pensó en prepararse para dedicarse a dar clase de historia, a niños pequeños especialmente.” Cabe recordar que es egresado con posgrado de Yale en Historia y de Harvard donde aún es una leyenda por ser el único estudiante en haber sido electo dos veces como director de una icónica publicación de sátira política. Afirma luego contestando a su esposa que podría haberse quedado en casa explorando su “irlandesidad” tomando whiskey y metiéndose en problemas ideando un grupo fundamentalista-separatista de California. “Podría haber funcionado pero elegí salir de gira… antes de que Liza se aburriera definitivamente de mí”.

Entonces partió, escribió con unos pocos amigos rutinas y algunos sketches (declaró que con un entusiasmo similar a cuando lo hacía en SNL o para otros comediantes era muy joven y todo fuera de Massachusetts -su región natal, nacido en Boston- era increíble para mí). También filmó unos cortos hilarantes sobre la vida en casa, armó una banda musical impecable para lucirse cantando y tocando la guitarra, invitó a amigos de muchas de las ciudades visitadas, memorable fue cuando Eddie Vedder se apareció para presentarlo y hacer un dueto o Steve Martin en NY,etc..En el medio grabó un vinilo de colección para la disquera de Jack White (amigo, asiduo invitado a sus programas: último en NBC y primero en TBS, por ejemplo) con un monólogo y entrevista por White: “And they called me mad?” y unas versiones de algunos de temas en común preferidos.

Claro está, no todo fue alegría. La tensión, las negociaciones, los miedos a nuevos fracasos también están reflejados en el documental “Conan O’ Brien can’t stop” estrenado en Estados Unidos el pasado 24 de junio dedicado a ese período que es un después de, un antes de y un presente de lo mejor que le puede pasar a un comediante: un tour entre grandes ciudades de las costas y pequeños pueblos en el medio pero siempre con “sold out” en la ventanilla de la boletería. Un film realizado por Rodman Flender, novel director (con experiencia en algunas series televisivas) con buenas críticas hasta el momento. A continuación el trailer y los primeros cuatro minutos de la película.



En este caso la alegría fue mía al saber que existía un material que rescataba ese momento. Y fue sin duda eso lo que me llevó a escribir estas líneas el día de hoy. La página Team Coco es de los pocos sitios web que sigo casi todos los días, ahora está claro que para ver el programa, pero el countdown y todo lo anterior también lo seguí y me divirtió muchisímo. Para mí resulta un refugio para reírse porque sí y al mismo tiempo no hacerme sentir una idiota frente a la pantalla. Ojo, eso no quiere decir que me la juegue de intelectual fulltime y no sea al menos un poco “cholula”. Soy una Coco follower. Adoro su jopo, sus pasitos de baile de antes del monólogo, el modo en el que entrecierra los ojos cuando repregunta y muchos de sus otros gestos, su elegancia, su voz, obvio que su sentido del humor… y así podría seguir hasta el miércoles que viene.
En fin, sólo me resta recomendarles darle una chance (si aún no lo hicieron) al mejor de todos los host-cultores del mejor (y creo más antiguo y estereotipado en un buen sentido) formato de infoteinment.



miércoles, 22 de junio de 2011

What’s Éric looking for...

Otrora ídolo dentro de los estadios, este personaje se enfrenta hoy a la difícil tarea de hacerse una carrera como actor, lo cual lo ha ocupado los últimos doce o trece años.
Mientras los reds de Manchester siguen invocándolo en sus canciones, en octubre del año pasado volvió a los titulares por sus declaraciones a un diario local del sur de Francia (su región natal) que se dispararon a través de las redes sociales instando a un boicot al sistema financiero europeo. Todo eso solo por decir que él creía que la gente debía ir en paz a la protesta, dejar allí sus megáfonos e ir al banco en calma, a la sucursal a la que va siempre en su ciudad y retirar su dinero, el máximo posible. Si un número importante de ciudadanos en distintos puntos de Europa lo hacía a la vez no importaría cuán pobres fuesen sus cuentas, ese día quedaría en la historia como primer paso hacia un enorme cambio en este sistema que ya no daba para más. Claro está, las reacciones no se hicieron esperar desde la parodia en shows humorísticos televisivos hasta la intención de llevarlo a juicio por querer causar una corrida bancaria e instar a la alarma pública, esto por parte de algún político medio pelo de la derecha con afanes de notoriedad.
Es que Cantona siempre fue así, nunca se fue exento de polémica o pelea de ninguno de los Clubes en los que recaló en su país o en la propia selección. Ni que hablar de los nueve meses de suspensión que purgó en el 95 por la famosa agresión al hincha en medio de un partido que se disputaba entre el Manchester United y el Crystal Palace. Se sabe que identificó al sujeto porque se hartó de sus insultos racistas y no lo pensó dos veces, “sabía del temperamento difícil de Éric pero nunca pensé que vería esto” fue la reacción de su D.T., Sir Fergusson.
Paréntesis, me pregunto ¿qué tendrá el aire del sur de Francia que hace reaccionar de forma tan violenta a sus talentosos delanteros frente a los insultos racistas en el mismo campo de juego?. Da para pensarlo, ¿no?.
Lo cierto es que este marsellés de orígenes sardos y catalanes le dio a su seguidores la proporción perfecta de talento, fuerza, orgullo y locura. ¿Qué más podría querer cualquier hincha?
Pocos dudaban de su carisma pero eso no es suficiente para convertirse en actor; y más aún en Inglaterra y Francia donde tanto las exigencias como el prestigio en la formación en arte dramático están en la cima a nivel mundial.
Él dejo en claro desde el principio que esto iba en serio, que era lo que había decidido para su futuro por más que durante su suspensión rindió sus exámenes para convertirse en entrenador. Por aquella misma época tomaba lecciones de teatro en secreto con un amigo-hincha del United que también le recomendaba algunas lecturas esenciales sobre el tema.
Así empezaron a sumarse los cameos, los spots, de esos primeros dos o tres años se destaca su interpretación de un personaje lateral a la trama central de “Elizabeth 1ª” de Shekhar Kapur (1998) como Monsieur De Foix, el embajador francés. En el 99 se estrena en Francia con gran repercusión popular “Les enfants du marais” de Jean Becker basada en el best-seller de Georges Montforez, allí le tocó ser antagonista, Jo Sardi, un campeón de boxeo (ya había interpretado a deportistas en otro papel más pequeño como Lionel, un rugbier en “Le Bonheur est dans le pré”) que pierde todo por un altercado en un bar con uno de los protagonistas, que borracho “se metió” con su chica. Por ir a prisión se pierde la defensa de su título, su novia, sus bienes pagando daños y abogados. Todo lo que piensa es en salir para matar al “causante” de su desventura.
EL Protagónico de su filmografía hasta hoy, es probablemente el papel más complejo al que se pudo enfrentar, que representaría un desafío a cualquier actor, el papel por el que más de un consagrado se bajaría de sus habituales pretensiones llegó a la pantalla en el 2003 . El Inspector de Policía de Marsella Richard Séléna chantajea a una sospechosa de homicidio (el de su propio tío por dinero) a que lo acompañe a cenar todos los días durante un año. Se supone que ese es el último de vida del protagonista dado que le fue diagnosticado eso tras sufrir un infarto. La cuestión es que una obesidad mórbida sumada a una incurable depresión causada por la muerte prematura de una novia, algunos fracasos profesionales (en particular en el caso del asesinato de un niño) lo hacen la vívida imagen de un ogro al que solo lo mantiene en pie su fetiche por la comida y la fascinación por la belleza y el carácter despiadado de Elsa, la sospechosa. El film se llama “L’Outremangeur” de Thierry Binistri y de más está decir que lo recomiendo.
El film más reconocido en el que ha participado hasta la fecha me atrevo a decir que es “Looking for Éric” de Ken Loach, estrenado en 2009, que concursó en Cannes. Allí interpreta una versión de sí mismo como ícono e ídolo de un gran sector de las clases bajas de Manchester. En realidad es la alucinación primero causada por la marihuana, luego llevada por el deseo de tener al lado como confidente y consejero a un ser realmente querido de un cartero también llamado Eric, dado que su situación familiar es un verdadero desastre, su ex mujer una loca a la que dejó cuando su hija era recién nacida, su yerno “un malandro digno de su asquerosa familia”, etc. La cosa es que con un montón de reds enfermitos se termina vengando de áquel, todos con máscaras de su eterno number seven.

El mismo año se estreno otra peli inglesa con él llamada “French love” de Jackie Oudney, en la que también aparece como fuente de sabiduría esta vez entre un montón de burguesitos confundidos, que a fulano le parece estar enamorado de la mujer de su amigo mengano, después se separar y el primero no sabe que hacer, entra este personajes en medio de todo, distinto a ese mundillo, un tal Thierry Grimaldi. Una de las críticas de la película rezaba algo así como: qué desordenada, estereotipada y esperable sería la historia que el tipo que le da más encanto sutil y cordura puede estar interpretado por Cantona; otras críticas se dedicaron alabar su performance en un rol inesperado.
Lo último del año pasado viene siendo un rol en el reparto de la familia disfuncional de “Ensemble c’est trop” encabezado por la gran actriz Natalie Bayé, en un guión escrito y dirigido por Léa Fazer; y su debut teatral en “Face au paradis” dirigido por su actual esposa Rachida Brakni, a quien conoció en “L’Outremangeur”, ella interpretaba a Elsa.
Lo que se viene este año, un rol de reparto de “De force” un policial de Frank Henry protagonizado por otra enorme de la pantalla y el escenario francés de la misma generación que Bayé: Isabelle Adjani.
Al principio de esta extensa y antojadiza reseña dije que Cantona había decidido dedicarse full time a la actuación o a la vida artística (entra también desde presentador de t.v. hasta cantante invitado de la banda Dionysos), lo cual no es del todo cierto. Para sorpresa de muchos, en enero del corriente se sumó como Manager (función intermedia entre gerente deportivo y entrenador) en la MLS (Major League of Soccer) para el Cosmos en su regreso a la primera división, un equipo de New York. ¿Será que Broadway está también en los planes del King of Old Trafford?