martes, 8 de noviembre de 2011

¿Se acuerdan de Videomatch?

Repito la pregunta del título ¿se acuerdan de Videomatch?. No de ese imperio televisivo llamado bailando por un sueño y todos sus satélites , no del Showmatch que deja de un canal para casi hacerse dueño de otro , tampoco del Show de Videomatch como apuesta más fuerte de un programa. Estoy hablando del Videomatch que iba a la medianoche, cuando la medianoche era un horario marginal, ese que había mutado de un programa deportivo hasta convertirse en una desprolijidad de cámaras ocultas, sketches y la sensación de ver gente que estabn haciendo cualquier cosa.
En mis últimos años de la escuela se me aparecieron Videomatch y el Cuarteto de Nos (por el disco otra navidad en las trincheras) y ambos constituyeron un núcleo insipiente de rebeldía patoteril alejada de lo políticamente correcto. Para un pre púber de 11 años cosas como las malas palabras, la violencia, lo sexual y especialmente el hecho de reírse de un otro incauto fueron cosas que plantaron un semillita punk.
Parece lejano ese Videomatch que me fascinaba, capaz el hecho de que el programa haya sufrido tantos cambios hace parecer las cosas más lejanas. Gracias a los colegas de Youtube que hacen presente el pasado (merece más tiempo su capacidad de necromante) pude observar algo de ese programa y todavía me sigue atrayendo aquel programa;tiene una cosa primitiva-maliciosa que realmente me hace reír mucho.
A modo de muestra les dejo unos videos de Pachu conocido en donde el sujeto se hace pasar conocidos de transeúntes para que estos recuerden anécdotas que nunca sucedieron.



En tanto tipo que estudia comunicaciones tiene una cosa muy interesante ya que la nota sostiene su éxito en que sus intérpretes sean medianamente desconocidos. La víctima no puede conocer la nota ni a Pachu y Pablo y partir de eso se crea un programa algo clandestino en donde los humoristan se infiltran buscando cosas para reírse violentamente de otros.
Ese paradigma de programa de medianoche que tiene que permanecer medio anónimo y que solo te debe ver tu público y no otro es un paradigma de televisión de aire ya caduco; especialmente si vemos el Videomach (Showmatch: bailando por un sueño) actual.

En fin, un articulo y unos links para darse cuenta de que a pasado mucho agua bajo el puente.



lunes, 7 de noviembre de 2011

A una semana de cantar: "Soooooy deee Pearl Jaaaam. Es un sentimientoooooo, no puedo paraaaaaaar"



Con motivo de la inminente llegada de Pearl Jam a la vecina orilla, el próximo domingo, me parecía que estaba bueno armar un setlist con los temas que más me gustan. Como quise hacer esto un poco más comunitario, consulté a los amigos de Twitter sobre cuáles eran sus temas preferidos y por suerte unos cuantos respondieron. 

Esto es para ir haciéndonos la cabeza. Para ir calentando nuestras neuronas distorsionadas. 
Los que vamos, tendremos que ir dando el último repaso a su discografía, antes que nuestra mente explote en el instante que los veamos arriba del escenario. Y los que no van, bueno, si escuchan esto y les gusta Pearl Jam, se van a querer cortar partes importantes de su cuerpo. Así que, disfruten o sufran. 
AAAAAAAAAHHHHHHH. Se viene Pearl Jam, la concha de la madre!!!



@eskartas: Daughter

@Vmseba: Yellow Ledbetter, Better Man, Jeremy, Corduroy, Nothingman, I Am Mine, Release

@Vicdan9: Just Breathe, Come Back

@ErnestBlueberry e @iael: Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town

@Borderline_oney: Around The Bend

MaximilianoRearviewmirrorEven Flow

domingo, 6 de noviembre de 2011

Divagues tardíos sobre el Mundial de Gimnasia, intentos fallidos de burlar la gravedad y el paralelismo sorprendente entre Obdulio y Comaneci

La rumana Ana Porgras en su volátil ejercicio de viga, Tokio 2011 


Durante el mes de octubre se desarrolló el Campeonato Mundial de Gimnasia Artística, uno de los eventos preferidos de mi agenda mediática y personal (lo cual, ya lo sé, habla de lo poco excitante que es mi agenda anual en materia de eventos de índole juvenil, en fin). La cita fue en Tokio, tras muchos dilemas acerca de los peligros nucleares y posibles terremotos que podrían afectar las rutinas de las gimnastas. Mi idea era realizar una crónica o reporte acerca de lo acontecido en la competición, pero ante la distancia temporal que ya nos separa del evento, en lugar de una cobertura en tiempo real desparramaré una sucesión de pensamientos, recuerdos y consideraciones que siempre he querido expresar sobre mi deporte preferido, siguiendo los titulares adelantados en (adivinaron) el título.

Los divagues tardíos


Si bien los mundiales de gimnasia se realizan todos los años excepto el olímpico (la carrera de un gimnasta promedio es muy breve como para darse el lujo de un mundial cada cuatro años), se trató de una edición de particular importancia por ser un mundial pre-olímpico, donde equipos y atletas clasifican a los Juegos. Y los Juegos Olímpicos son algo así como el súmmum del súmmum, la competencia más prestigiosa en el universo gimnástico. Ganar una medalla olímpica es para un gimnasta la máxima gloria que puede alcanzar en su carrera. De hecho, el solo formar parte del seleccionado olímpico ya es casi tan meritorio como ganar una medalla mundial.

 Por supuesto, ni los canales televisivos abiertos ni los de cable ni los diarios han informado sobre el  evento. Creo que emitieron algún clip sobre la competencia masculina como una especie de rareza freaky de lo que puede lograr el cuerpo humano, pero mientras los domingos es frecuente ver partidos de tenis internacionales o carreras de fórmula uno, la gimnasia es una utopía en la televisión nacional. No es de culparse, dados los millonarios precios de los paquetes de cobertura y la poca redituabilidad ante la relativa escasez de seguidores del deporte. Digo relativa porque durante las olimpíadas los teléfonos de los canales arden de llamadas preguntando por la gimnasia, aunque quizás esto no es relevante dada la instantánea conversión al fanatismo deportivo que experimenta la mayoría de los espectadores durante los Juegos Olímpicos.

Por estos lares (Uruguay, Sudamérica en general exceptuando Brasil) la gimnasia es un deporte casi exótico, que solo sale a la luz durante las Olimpíadas. En este mismo razonamiento, como no hay mediatización de la gimnasia durante el resto del año, no es importante. Tal vez, para muchos, ni siquiera existe.

En realidad en nuestro país hay unos cuantos clubes dedicados a la práctica de este deporte. Sin embargo, el nivel que presentan las gimnastas más talentosas y avanzadas no está cerca aún del nivel de elite internacional. De hecho, muy pocas naciones –al menos en la rama femenina de la gimnasia- alcanzan esta categoría. Desde hace varias décadas, los podios mundiales y olímpicos casi sin excepción han sido ocupados solamente por cuatro países, considerados grandes potencias de la disciplina: Rusia (ex URRS), China, Estados Unidos y Rumania, seguidos de un puñado de países que bajan y suben del ranking según las estrellas disponibles en su seleccionado.

La cuestión es que mientras en Norteamérica, Europa y Asia los campeonatos de nivel mundial se transmiten por las cadenas de deportes (incluso con comentaristas especializados, es decir, cada país tiene su Kesman y su Da Silveira, solo que generalmente hay alguna mujer en la dupla relatora) aquí para conocer los resultados hay que recurrir –cómo no- a la inmensa red de redes, donde hay una interesante blogósfera dedicada a la gimnasia con autores (más bien autoras) que hasta viajan a los eventos para dar una cobertura en vivo por escrito (al estilo Twitter) en sus respectivos blogs.


The Couch Gymnast, blog de referencia en el mundo de la "Gymternet"

Así, es gracias a estas comprometidas escritoras de la gimnasia (todas en lengua inglesa: sólo he registrado un blog en español sobre el deporte) los fanáticos de este hemisferio nos enteramos de quiénes integrarán cada equipo, cuáles son las expectativas, si alguien se ha lesionado y, finalmente, cómo se repartieron las medallas. Después, con suerte, un alma bondadosa sube a YouTube los videos capturados con su celular o las transmisiones televisivas de su país. Sí, he tenido que escuchar coberturas en chino.

Los intentos fallidos

No dejo de preguntarme qué sería de mi afición gimnástica si no fuera por las potencialidades globalizantes de la Red. Aunque mi enamoramiento del deporte provino de la inolvidable película rumana “Alcanzando el cielo” que homenajeaba a la más inolvidable aún Nadia Comaneci, mi involucramiento con la gimnasia también fue gracias a un evento olímpico, Atlanta 96. Sin Internet, mi contacto con la gimnasia sería exactamente tan excepcional como los 29 de febrero.

 Si mis cálculos no fallan, por la época de Atlanta mi frágil gracilidad ya había ingresado al plantel del club social y deportivo de mi ciudad y había aprendido algunas piruetas con la ilusión de que algún día podría volar por los aires. Hasta había ganado una medalla de bronce y todo. Pero fue con Atlanta que empezó mi vínculo con la gimnasia como espectadora. Qué gran época de la gimnasia. Poco tiempo después abandoné mis intentos vanos y fracasados de volar por el aire. Ni siquiera conservo aquella medalla de bronce. Tal vez fue de esos sueños que después se transmutan en recuerdos.

Los paralelismos

El punto de inflexión clave de Atlanta 96 (campeonato que vi una y otra y miles de veces en unos videos que me había grabado mi abuela) es que allí comenzó mi inexplicable admiración por las gimnastas rumanas. Había algo de valiente en las integrantes de aquel equipo que, pese a provenir de un pequeño país, conservaban un amor increíble por su gimnasia, una gimnasia que era un tesoro de su tradición y que había hecho famosa a su nación en el mundo, gracias a aquel primer diez perfecto de la pequeña y audaz y perfecta Nadia Comaneci.

Equipo rumano en Atlanta 1996

¿Suena familiar el pequeño país de fama mundial gracias a un deporte, casi el único deporte de su tradición deportiva? ¿Y si les digo que las gimnastas son prácticamente celebridades en la televisión de Rumania? ¿Y que salieron cuartas en el último mundial? Por si no lo notaron, lo que intento argumentar es que los paralelismos entre la gimnasia rumana y el fútbol uruguayo son recalcables. Quizás por eso no he dejado de identificarme con esas heroínas, aún cuando haya otras gimnastas de otras naciones con líneas más perfectas y dificultades más arriesgadas. Me he encontrado a mí misma hinchando por cada rumana como si fuera de mí país. Y quizás sea un poco mi país. Desbocatti dice que Rumania y uruguay son como países gemelos separados en el espacio, y Lonely Planet define a Montevideo como un pedazo de Bucarest en América Latina. Pero, voilá, yo lo había descubierto mucho antes.




Ana Porgras, de Rumania, con un leotardo blanco, celeste y una especie de sol como adorno. ¿Necesitamos más pruebas?


Para quienes quizás se lo pregunten, lamentablemente el mundial de Tokio dejó a mi querida Rumania fuera de las medallas por primera vez desde 1981. Ni una medalla, pese al enorme talento de las integrantes del equipo. Estados Unidos y China, máquinas de fabricar atletas en las disciplinas que se les antojan,  arrasaron con los medalleros. También Rusia, pero no digo nada, porque al menos este país lleva, como Rumania, la gimnasia en su sangre. La esperanza que conservo es que, si se reproducen los paralelismos con Uruguay, Rumania sería campeona del  campeonato Europeo 2012. Y en los Juegos Olímpicos, veremos. Lo cierto es que no sé si  un oro uruguayo en fútbol me emocionaría tanto como escuchar el himno rumano otra vez durante una entrega de medallas.  





domingo, 30 de octubre de 2011

MetallicA y la introducción a este maldito mundo del #rwack


El otro día me bajé el Master of Puppets
Todavia recuerdo lo que sentí cuando me regalaron el CD original. Para mí que era el mejor regalo del día del niño que alguien podía recibir jamás. En el instante que le di al play a ese álbum, nació en mi interior un peludo que se iba a vestir de negro durante toda su vida. 
La adrenalina de ese disco me alteró las neuronas, me mató, me metió en este maldito mundo del #rwack. Una cosa así:
 

Creo que son muy pocos los discos que uno no se cansa de escuchar nunca. Esos que cada tantp los pone y los repìte dos millones de veces, luego los deja de escuchar, para después  retomarlos y darle doce millones de veces más. Metallica tiene unos cuantos de esos discos. Pero sobretodo tiene canciones épicas. Canciones inmensas, con vida propia, que transmiten y contagian una emoción tan alta como imposible.

En mi opinión, además de ser una de las bandas fundamentales de la historia, Metallica es una de las mejores puertas para entrar en el rock.
Yo te aconsejo que se lo recomediendes a quién escucha los Wachiturros al palo y te rompe las bolas. Decile que curta el Master. O mejor dale el disco negro, que con ese entra seguro. Que se haga amigo, que abandone ese estilo y que venga para acá. Qué caze su vehículo, se ponga los auriculares y venga a recorrer esta ruta demencial. Advertile que es un camino de ida, no hay marcha atrás. Decile que somos varios los que vamos. Que se va a encontrar con amigos, hermanos, y que van a soñar con escuchar en vivo esa distorsión. Pero principalmente, aconsejale que se deje de tirar pasos y arranque a peludear.
Eso. 

sábado, 29 de octubre de 2011

“La que manda acá soy yo”

“Que no te vaya a ver la Bianchi corriendo por los pasillos, ni cuando vas al baño”, se decía en aquel entonces, cuando yo estudiaba en el Bauzá. Es que cuando sos estudiante todo director te resulta terrorífico. Nunca me la crucé en esa situación, nunca tuve problemas con Graciela Bianchi, directora del liceo Bauzá.

La tan controversial directora tiene más prensa que Pedro Bordaberry luego del “Día del Firmazo”. Es que, en su totalidad, es una persona de combinaciones extraordinarias. Directora de uno de los liceos más grandes de Sudamérica, con un perfil de izquierda independiente, que formó parte del gobierno (y no solo del frenteamplista), que se opuso a las ocupaciones de los liceos durante el gobierno de Julio María Sanguinetti, que no acepta las reglas oficiales de flexibilizar la exigencia educativa y que se peleó –recientemente– con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Sumémosle a ello que tampoco se lleva bien con el director de Secretaría General del Ministerio de Educación y Cultura, Pablo Álvarez, quien publicó esta semana en su muro de Facebook un video donde se la ve discutiendo con estudiantes: “cállate la boca”, “a mí no me tuteás” y “la que manda acá soy yo”, son algunas de las expresiones que utiliza Bianchi para hablarle a un grupo de estudiantes que se habían subido a un árbol y le arrojaban cosas a las personas que por allí pasaban.

La pregunta que todos nos hacemos (o nos deberíamos hacer) es: ¿tan mal de la cabeza está esa directora? Evidentemente, si nos apuran, la primera respuesta seguramente sea un rotundo “sí”. No obstante, ni me quiero imaginar lo que significa dirigir un liceo con 3 mil estudiantes. Tampoco logro pensar en un modo eficaz para tratar con alumnos que, lamentablemente, no cuentan con los valores necesarios para comprender el esquema jerárquico que implica la relación director-alumno. Con esto último no me refiero a la relación del director “todo poderoso” con el alumno insignificante y pasivo, como la que había en los colegios de antaño (y que seguramente en algunos centros educativos todavía sobrevive). Apunto a un buen trato y al reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la institución.

En resúmenes cuentas, creo que a “la Bianchi” (como le decíamos hace unos seis años) se le fue la mano con el modo en que le habló a los estudiantes. Pero también creo que el error fue ese, el modo en que se expresó, y no el porqué de esa charla con sus alumnos. De todos modos les aclaro algo: por suerte nunca tuve problemas con esta directora.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La colère de Robert Goren

Llega el final de Law and Order Criminal Intent  a las pantallas de Latinoamérica y vuelvo a renovar mi promesa de no engancharme más con series policiaco-detectivescas que creo ya vi o leí por ahí. Todo se repite, vuelvo a caer. Este género para mí es un placer culposo. Debajo de un montón de fotocopias que me quedan por leer escondo a Simenon, pero justo antes de apagar la portátil, ya acostada, el refilón del lomo rojo de un librito con una aventura de Maigret me llena los ojos, es tarde pero no importa, solo un par de páginas, no me va a pasar nada, yo lo dejo cuando quiera…
Maigret, el detective comisario que habita la obra de Simenon apostado en la base del Quai des Orfèvres posiblemente sea un paradigma dentro de los detectives del método de proximidad psicológica, lector y traductor de escenarios de la escena del crimen donde cada tanto despliega el histrionismo que suele reprimir. Claros ejemplos serían cuando se hace pasar por Emile Boulay, la víctima de turno en “La colère de Maigret” para adentrarse en los nuevos negocios y concertar una cita pendiente del occiso que regenteaba  una serie de cabarets en Montmartre. Las subidas y bajadas en el temperamento del comisario nunca dejaban de sorprender a los implicados por más que lo conocieran con anterioridad como los jueces y sus subordinados de la Policia Judicial; y por supuesto para con los potenciales sospechosos no pocas veces la experiencia resultaba un tanto extrema. La empatía para con estos el envolvimiento que emana la discursiva de un sujeto en apariencia demasiado peligrosamente simple, que cuando interroga parece estar pidiéndote ayuda porque hay cosas que no están claras y lamentablemente “él es un veterano que cuando está en su oficina vive tapado de folios listos para pasar a instancia judicial”. Expresiones como: “Esta vez le tocaba a Maigret hacerse el ingenuo” o “Maigret asintió con un gesto de la cabeza. Había tomado un aspecto de niño bueno y parecía dispuesto a las confidencias” operan entre las líneas de diálogo hasta que llegan los “El comisario echó a reir” “Pareció haber un momento de malestar entre los dos hombres. Maigret en ningún momento manifestó la intención de no quedarse allí ”. 
Jean Gabin como Maigret
Simenon se refugia en un verbo como “hipnotizar” para hacer explicar al narrador lo que sentía Maigret por los casos, no podía entender cómo los otros inspectores no se habían dejado hipnotizar por el caso y prestaban más atención en comparar sus cañas de pescar para el presente verano, y así repite el citado verbo en distintos pasajes. El hecho de usarlo de esa manera directamente nos remite a la idea de humanización, de subjetividad reinante una personalidad y sus reacciones lo que  enriquece los esquemas del género y abrió la puerta a cambios en el mismo. Hoy parece que se puede ver eso en muchas versiones unas mejores que otras, menos caricaturizables, etc. pero el escritor belga como digno testigo del corto SXX at large, (1903-1989), con un estilo claro, una escritura impecable, contribuyó, y lo digo sin temor a equivocarme, a fenómenos como los de la novela policial sueca contemporánea,  por ejemplo.
Esta misma foto estaba en uno de mis primeros libros de texto de francés,
primer encuentro cara a cara con el señor.

El hombre en superficie normal que pierde el control, que duda, el alcoholismo siempre latente, el estrés, la distancia rutinaria que se establece apenas como paréntesis de la relación entre el comisario y la Sra. Maigret (sí, así aparece mencionada en casi toda la saga) se combinan con expresiones como “Maigret fue a sentarse en el reborde de la ventana, sin saber muy bien por qué había ido al despacho de Lecoin”, “Recorrió de nuevo la lista con los ojos cerrados para sentir si encontraba algo nuevo”, “Maigret permaneció inmóvil durante dos buenos minutos, con los puños cerrados, y por fin, su rostro fue recobrando poco a poco el color”. Hay lógicas, de las más explicables y de las otras que ni lucen ni actúan como tales, cuando casi al final y el acusado le pregunta: ¿Nunca ha sentido ninguna pasión, Sr. Maigret? y éste “finge no haberle oído, dándole la espalda, decidido a no dejarse conmover” pero que en realidad termina en una gran recaída, sueño agitado, necesidad casi patológica de caminar y caminar… mostrar eso es parte del legado de Simenon para con la novela policial.
Si alguno de ustedes, estimados lectores, siguió alguna vez, algunos episodios de Law and Order C.I. podría perfectamente jugar a buscar las coincidencias de lo leído en párrafos anteriores con una descripción somera del Dtve. Robert Goren, interpretado magníficamente por Vincent D’ Onofrio. Con esto no quiero decir que Goren sea una copia o apenas una versión de Maigret sino por el contrario prefiero analizarlo como una construcción genuina, más bien moderna, original pero a su vez continuadora de una tradición. A través de los años descubrió que uno de los peores y más perversos criminales con los que lidió era su padre biológico, se hizo cargo de pésima madre que sufría trastornos psiquiátricos, trató de encontrar a su hermano que terminara suicidándose una y otra vez, luchó por salvar a su sobrino, un adolescente que casi termina asesinado en una especie de cárcel-instituto psiquiátrico, en el que él se hace encerrar como último recurso con atroces resultados.  
Trató de dejar, sin éxito al menos evidente aún, los miedos a convertirse en el padre que había conocido, quien lo obligaba de niño a acompañarlo a visitar a sus amantes en sus citas, que maltrataba todo a su alrededor  y se alejaba de cualquier compromiso con una mujer entre otras conductas patológicas. Alguno podría decir que el compromiso con Alex Eames (la eterna compañera, mucho más que solo un complementario apoyo) va más allá de todo eso, es decir, la renuncia de ambos a la unidad cuando a ella la nombran capitán y lo primero que le piden en su nueva función es despedirlo, él renuncia primero para que ella pueda avanzar en su carrera y se abrazan casi llorando y para sorpresa de todos ella decide presenta su renuncia pocos minutos después porque la tenía preparada sospechando lo que le pedirían. Eso se podría observar como una de las mayores muestras de mutua fidelidad vistas jamás en este tipo de serie. Lo cierto es que hace unos cinco o seis años NBC y la producción  hicieron una encuesta entre fans para saber qué opinaban de un posible romance entre Goren y Eames, y en oposición a lo que esperaban, alrededor de un 60% dijo que mejor no. Algunas opiniones de foro rezaban que eran uno de los últimos grandes ejemplos en tv de la verdadera amistad entre el hombre y la mujer en caso de que exista. La relación entre el detective y la bella psychokiller Nicole Wallace merece capítulo aparte podría decirse que sacó lo más oscuro del tipo visto de las temporadas en las que estuvo.
La serie ya tenía final, había cambiado de detectives protagonistas dos veces (interpretados en una etapa por Chris Noth y en otra por Jeff Goldblum) en estas temporadas hubo un par de participaciones de D’Onofrio y Katherine Erbe que los fans de la primera hora agendábamos con esperanzas de más.  Se terminó, pero volvió por ocho episodios con el dúo original (temp. corta verano 11 U.S.A) dicen que a pedido de fans dentro del propio emporio Comcast dueño desde 2009 de NBC. El nuevo final, mañana a las 22:00 en AXN.
En fin, la suerte de poder ver nuevos finales antes de que se acabe el mundo. Gracias por las horas de entretenimiento y por mostrarme desde adolescente que los peores criminales andan más cerca de una de lo sanamente esperable… muy bien, por suerte no vivo en NYC, al menos uso esa excusa como consuelo.         

martes, 18 de octubre de 2011

Ruy Ramírez

He decidido bautizar el presente post con mi presente nombre con el único cometido  de que aparezca en la búsqueda de Google cuando se escriba mi nombre. Así, cuando en un ataque de narcisismo desesperado me busque, encuentre este post y me dé cuenta de lo que soy; un narcisista desesperado.

También mi nombre funciona hoy como puerta a la reflexión porque sucede que yo cargo con este nombre y gracias a tal carga me he dado cuenta de que me espera una gran crisis. Resulta poco común esperar una crisis, tal vez porque el hecho de conocer su advenimiento influye para que se haga algo que impida que ésta no suceda. Pero… hay ciertas cosas que pese a que se conozcan no se puede actuar contra ellas; lo que me pasa a mí es algo similar a lo que le sucede a los nórdicos con el Ragnarok. Los dioses sabían que la batalla del fin del mundo llegaría, y con ella su muerte; con eso no podían hacer nada más que esperar hasta que las cadenas del perro Fenrir se rompieran. Y si los dioses no pudieron hacer nada contra el Ragnarok, ¿por qué yo voy a poder hacer algo que me prepare para cuando me encuentre con otro sujeto llamado Ruy? 
Foto: Ruy Ramírez
Nunca me he encontrado con otro Ruy, y siento que cuando lo haga voy caer en que otro sujeto está cargando mi nombre; o peor aún, que yo estoy usando el nombre de otro sujeto.
Si por tener un nombre extraño uno se cree especial, ¿cuánta gente con el mismo nombre se creerá especial?  Frente a esto, William Shakespeare dijo: "Nothing is so common as the wish to be remarkable"  que yo traduciría toscamente como: “No hay nada más común como el deseo de ser extraordinario”.

Harvey Pekar en el filme Esplendor Americano[1] (y por ende en su vida) se hace una pregunta similar.  Se ve que también es común preguntarse porque hay cosas que atentan contra la capacidad de ser especial que uno tiene.

  
Al parecer, todo lo que proclaman los libros de autoayuda es mentira: no somos especiales. Toda la gente que afirma ser la reencarnación de Cleopatra, Juana De Arco, Julio Cesar o Jimmy Hendrix miente. En caso de existir, la reencarnación sería en otro hijo de vecino, igual que ellos.

¿Cómo recibiré a mis otros yo? ¿Es cómo una película de las hermanas Olsen? ¿Es como Homero frente a Cosme Fulanito, pero sin el perro con la cola peluda? ¿Va entenderme mejor que nadie? ¿Va a crearse un lazo mágico tipo película de artes marciales? ¿Voy a matarlo en camino de ser el único?

Todo aquello que puede ser nombrado es cierto. Por lo tanto mi nombre es lo único que tengo, es aquello que me convierte en verdad, ¿y tengo que compartirlo con otros?

No hay respuestas ni conclusiones para tal dilema narcisista, que sin embargo es común a todos, ya lo dijo Shakespeare. Creo que lo mejor será esperar caminando por la llovizna hasta encontrar a otro Ruy Ramírez que conozca la respuesta a mi problema, perdón… nuestro problema. 

[1] PULCINI, Robert, SPRINGER BERGMAN, Shari (2003) Américan Splendor