sábado, 19 de noviembre de 2011

Se van a examen

Cuando todos esperaban que a esta altura del año comience la “bajada” (como define el programa radial “Justicia Infinita” a esta época), cuando todos piensan en las costas de Uruguay, cuando la mayor preocupación del montevideano promedio es saber si se puede coordinar la licencia con el resto de la familia o con los “amigos de verano”, cuando ya se palpita el calor, no me queda más que bajarlos a tierra y contarles todo lo que pasa en este bendito país. Bueno, todo no. No tengo tiempo ni espacio (ni tanta información) para acaparar la totalidad de hechos que hacen al Uruguay. Por eso les propongo atender un tema de interés general y del que no podemos ser ajenos.

¿Maleducados o mal aprendidos?

“Educación”, señores. Eso es de lo que más se habla en estos tiempos. ¡Enhorabuena! Bienvenida sea la discusión. Repasemos entonces este asunto: en uno de los primeros discursos de José Mujica como presidente de Uruguay, el mandatario prometió “educación, educación y educación”. Esa tríada daba para pensar que el gobierno se iba a ocupar de la educación, ¿no?

El Poder Ejecutivo se levantó una mañana y se enteró que las pruebas PISA habían dejado al descubierto algunos problemas educativos que debían ser atendidos de inmediato. Oposición va, oficialismo viene, al tiempo se reunían para ver cómo lo solucionaban. Meses después, la directora más famosa del Uruguay, Graciela Bianchi, anunció que tenía pensado tomar medidas con el plan de estudios del Liceo Bauzá, independientemente de lo que el Consejo de Educación Secundaria (CES) dispusiera. Algunos la apoyaron y otros la criticaron, pero a ella poco le importó.

También se supo que desde la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República se reclamó al CES que los estudiantes que recién ingresaban a la educación terciaria “científica” no podían pasar las pruebas que la Facultad les ponía a principio de año. Otro dolor de cabeza para las autoridades.

Silencio, gente en obra

Mientras todo esto ocurría, el nacionalista Daniel Corbo, integrante por la oposición del Consejo Directivo Central (CODICEN) de la Administración Nacional Pública (ANEP) redactaba un nuevo programa educativo denominado “Promejora”. Este plan, en breves líneas, permite a los liceos que suscriban a él (no es obligatorio) realizar modificaciones a su plan de estudio durante un año mientras son sometidos a una estricta evaluación de la ANEP. La idea es visualizar de dónde y hasta dónde van los centros con los cambios que propongan. Todo en el marco de experimentar y buscar salidas a los malos resultados académicos de los jóvenes uruguayos que reflejan las pruebas.

Este plan generó un profundo rechazo de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria, quienes entienden que se pretende que los liceos compitan entre sí. Los docentes también entienden que con el Promejora se va hacia un modelo de educación Chilena. A su vez, Secundaria también reaccionó ante este proyecto: entre otros argumentos, explicaron que los planes de estudio, según la última ley de Educación, sólo pueden ser establecidos por Secundaria.

Daniel Corbo - CODICEN
Ahí surgieron múltiples problemas políticos: el plan fue propuesto por un integrante del Partido Nacional y es rechazado por el sindicato docente y por las autoridades de Secundaria, Pilar Ubilla y Fernando Tomeo, representantes del MPP. La oposición reclamó que el gobierno “gobierne”, y que es el CODICEN quien manda, por lo que el CES tiene que acatar. Mientras todo esto pasaba (durante esta semana) el presidente Mujica estaba en México y cada tanto realizaba alguna declaración poco jugada sobre el tema.

Lo que pasó y lo que pasará

Recientemente se celebraron varias reuniones entre Secundaria y el CODICEN en busca de acuerdos sobre este punto. El primero quiere que el Promejora se modifique y que intervengan en su nueva redacción todos los actores de la enseñanza. El segundo aceptó eso pero sin el apoyo de Corbo. El nacionalista presentó una contrapropuesta que permite la intervención de otros actores, pero que no modifica el Promejora. Ayer viernes, a última hora, se anunció que hoy sábado se firmará un acuerdo entre Secundaria y el CODICEN sobre este asunto.

Según informa el diario El País, el documento que se firmará hoy es el resultado de una síntesis entre las diversas propuestas. El CODICEN promete atender la opinión de los docentes, al tiempo que se acordó extender el plazo para que los liceos se puedan anotar en el Promejora. Siendo más claro: van a estudiar modificaciones al plan, mientras piden a los liceos que se sigan inscribiendo.

Si el Promejora es o no la salvación de la crisis educativa en Uruguay, lo pueden responder los expertos en esta materia. El problema es cuando esos expertos no se ponen de acuerdo. Lo lamentable de todo esto es que mientras ellos discuten, 4 mil jóvenes no terminarán las clases este año por los altos índices de deserción estudiantil.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cuba sí, Estadio Charrúa no


Al fin, después de veinte años sin venir, después de diez años que lo espero, después de seis meses de haber adquirido la entrada, llegó el día del concierto de Silvio Rodríguez en Uruguay. Probablemente, si hubiera ocurrido a mis 16 años (esa época en que se citan frases contestatarias o de amor –que no es lo mismo pero es igual- sin comprenderlas bien, solo para afianzar una identificación con alguien admirado) la emoción y la ansiedad habrían sido mucho mayores. De todos modos, aunque éstas ya no sean mis épocas liceales, no dejaba de ser un suceso significativo. Silvio Rodríguez en Uruguay. Al fin, después de tantos casetes escuchados hasta el hartazgo.

Todo estaba predestinado a ser un evento perfecto. Mi madre, mi tía, mi mejor amiga y yo, todas en una espléndida ubicación en el sector VIP, nada de gradas: sobre la mismísima cancha del Estadio Charrúa. Pero si hay algo que debemos aprender, amigos míos, es no todo lo que estaba predestinado a ser, es. Ya la llegada en auto fue un caos absoluto, avanzando metro a metro a merced de los semáforos y el tránsito endemoniado de Avenida Italia en la hora pico. Hora pico + 20 mil personas con el objetivo de llegar a un mismo lugar= 30 minutos para avanzar 200 metros.

Llegamos sobre la hora en busca de la bendita puerta cinco. Mientras todas las demás puertas estaban vacías, la nuestra estaba atestada de gente. Nos dispusimos a esperar cerca de la puerta, pensando que, si eran entradas numeradas, no tenía sentido la noción de “colarse”. Una mujer nada simpática que, irónicamente, estaba delante nuestro, nos piantó un discurso eufórico y agresivo sobre  muestra inmoralidad por no haber hecho la cola que ella había tenido que hacer y no sé cuántas cosas más, pobre señora. Claro, entonces nos dimos cuenta que la cola tenía una longitud de miles de cuadras. Lo que tuvimos que caminar para llegar hasta el final fue más de lo que habíamos caminado para encontrar la maldita puerta cinco.

Y es que la cinco no era solo “nuestra” puerta. Era la de casi todo el estadio. Medio estadio entrando por una misma puerta. Y sin portero, sin acomodador, sin nada. Nada de nada. Setecientos pesos en entrada y cualquiera podía meterse por donde quisiera porque nadie controlaba nada. Digamos que fue el peor día de ventas para los revendedores. Decir que era un recital de Silvio Rodríguez y no, por ejemplo, del Indio Solari, porque la cosa podría haber terminado mucho peor. O quizás no, y son meros prejuicios. La cuestión es que la gente mantuvo la calma aún cuando la voz de Silvio empezó a sonar y la mitad de los espectadores nos encontrábamos afuera.

Me perdí el momento ese tan lindo de todo concierto, cuando finalmente el artista sale al escenario. Lo perdí, ya está, nunca lo voy a volver a tener. Al contrario, cuando ya en la cuarta canción logramos entrar al estadio, en vez de disfrutar a Silvio estuvimos largos minutos avanzando en una horda desorientada ante la falta de un mísero acomodador, y luego preguntando sector por sector para ver cuál era el condenado VIP 12b. VIP, un corno. Silvio estaba lejos, naturalmente, pero ni siquiera podíamos divisarlo porque toda la gente que entró sin  respetar su número de entrada (o sin entrada directamente) se había apiñado de pie delante de nuestro sector. Pero al menos ya estábamos allí, y teníamos una pantalla gigante.

La pena es que la desagradable travesía de la entrada empañó, durante los primeros minutos, lo que debería haber sido un momento no sé si mágico, pero al menos especial.  Afortunadamente, Silvio cantó casi tres horas, por lo que hubo tiempo suficiente para quitarse el mal humor y entregarse a sus canciones. Todos sabemos que los recitales de músicos con mucha trayectoria  tienen su mejor parte en la segunda mitad. Antes presentan los temas nuevos, que muy pocos conocen, en melodías de belleza variable. Está bien, ningún artista –salvo Vilma Palma- merece cantar solo canciones del noventa para atrás.


(La captura no es mía, es tomada de un alma amable que compartió su registro en la ciberesfera)

Pero fueron, por supuesto, esas canciones del noventa para atrás las que nos emocionaron. Más que los clásicos Ojalá, Óleo de mujer con sombrero, Por quien merece amor y la preciosa Playa Girón, me conmovieron cuatro canciones quizás no tan conocidas, que siempre había escuchado con el sueño de sentirlas en vivo algún día. 

La maza, la primera que escuché de él y que me asustaba de niña con los golpes de percusión que imitaban un corazón o una maza sin cantera, fue también la primera conmoción de la noche. La gaviota, una pequeña canción de melodía increíble, fue un regalo inesperado. Casi había olvidado que quería escuchar esa canción. Tan rápida, tan detenida. Qué belleza. Luego, El Necio. Canción poderosa como pocas, también inesperada, y más poderosa que nunca. Y después, casi al final, Pequeña serenata diurna. ¿Cómo alguien puede cantar “soy un hombre feliz” en una melodía tan pero tan melancólica y lograr que le creamos profundamente?


(Ya se habrán dado cuenta que este recital tiene una data de largos años, aunque su voz sigue intacta)

Me acuerdo de un amigo que hace años me había regalado un casete con esas dos últimas canciones porque eran sus preferidas y yo nunca las había escuchado. Qué alegría habrá sentido cuando Silvio se las regaló en vivo, desde el lugar del estadio donde se encontrase.

Tal vez el final podría haber tenido una culminación más enérgica. El tercer bis no culminó con Unicornio, el hit que faltó sin aviso, tal vez porque no lo pudo encontrar. Al contrario, el concierto cerró con dos canciones nuevas (es decir, poco conocidas), sin demasiada emoción. Canción urgente para Nicaragua también habría sido un final explosivo. Pero, ¿saben qué? No importa. La ternura de su guitarra vale por cualquier final taquillero.

En fin, la espera de veinte años terminó, la noche esperada terminó, Silvio terminó, y pese a los obstáculos fue una velada linda.  Igualmente me quedo con un “ojalá”: que no se vuelvan a  (des)organizar espectáculos con esta negligencia, ni en el Estadio Charrúa ni dondequiera que sea. Los artistas merecen que se los disfrute con respeto. Quizás la próxima vez la calma de la euforia por su venida aplaque la sed de ir a verlo y todo discurra con mayor tranquilidad. Y que va a venir, es casi cierto: descubrí que las dos palabras que más usa en sus canciones son “corazón” y “porvenir”. Y esas dos palabras juntas solo pueden significar algo bueno.



martes, 8 de noviembre de 2011

¿Se acuerdan de Videomatch?

Repito la pregunta del título ¿se acuerdan de Videomatch?. No de ese imperio televisivo llamado bailando por un sueño y todos sus satélites , no del Showmatch que deja de un canal para casi hacerse dueño de otro , tampoco del Show de Videomatch como apuesta más fuerte de un programa. Estoy hablando del Videomatch que iba a la medianoche, cuando la medianoche era un horario marginal, ese que había mutado de un programa deportivo hasta convertirse en una desprolijidad de cámaras ocultas, sketches y la sensación de ver gente que estabn haciendo cualquier cosa.
En mis últimos años de la escuela se me aparecieron Videomatch y el Cuarteto de Nos (por el disco otra navidad en las trincheras) y ambos constituyeron un núcleo insipiente de rebeldía patoteril alejada de lo políticamente correcto. Para un pre púber de 11 años cosas como las malas palabras, la violencia, lo sexual y especialmente el hecho de reírse de un otro incauto fueron cosas que plantaron un semillita punk.
Parece lejano ese Videomatch que me fascinaba, capaz el hecho de que el programa haya sufrido tantos cambios hace parecer las cosas más lejanas. Gracias a los colegas de Youtube que hacen presente el pasado (merece más tiempo su capacidad de necromante) pude observar algo de ese programa y todavía me sigue atrayendo aquel programa;tiene una cosa primitiva-maliciosa que realmente me hace reír mucho.
A modo de muestra les dejo unos videos de Pachu conocido en donde el sujeto se hace pasar conocidos de transeúntes para que estos recuerden anécdotas que nunca sucedieron.



En tanto tipo que estudia comunicaciones tiene una cosa muy interesante ya que la nota sostiene su éxito en que sus intérpretes sean medianamente desconocidos. La víctima no puede conocer la nota ni a Pachu y Pablo y partir de eso se crea un programa algo clandestino en donde los humoristan se infiltran buscando cosas para reírse violentamente de otros.
Ese paradigma de programa de medianoche que tiene que permanecer medio anónimo y que solo te debe ver tu público y no otro es un paradigma de televisión de aire ya caduco; especialmente si vemos el Videomach (Showmatch: bailando por un sueño) actual.

En fin, un articulo y unos links para darse cuenta de que a pasado mucho agua bajo el puente.



lunes, 7 de noviembre de 2011

A una semana de cantar: "Soooooy deee Pearl Jaaaam. Es un sentimientoooooo, no puedo paraaaaaaar"



Con motivo de la inminente llegada de Pearl Jam a la vecina orilla, el próximo domingo, me parecía que estaba bueno armar un setlist con los temas que más me gustan. Como quise hacer esto un poco más comunitario, consulté a los amigos de Twitter sobre cuáles eran sus temas preferidos y por suerte unos cuantos respondieron. 

Esto es para ir haciéndonos la cabeza. Para ir calentando nuestras neuronas distorsionadas. 
Los que vamos, tendremos que ir dando el último repaso a su discografía, antes que nuestra mente explote en el instante que los veamos arriba del escenario. Y los que no van, bueno, si escuchan esto y les gusta Pearl Jam, se van a querer cortar partes importantes de su cuerpo. Así que, disfruten o sufran. 
AAAAAAAAAHHHHHHH. Se viene Pearl Jam, la concha de la madre!!!



@eskartas: Daughter

@Vmseba: Yellow Ledbetter, Better Man, Jeremy, Corduroy, Nothingman, I Am Mine, Release

@Vicdan9: Just Breathe, Come Back

@ErnestBlueberry e @iael: Elderly Woman Behind The Counter In A Small Town

@Borderline_oney: Around The Bend

MaximilianoRearviewmirrorEven Flow

domingo, 6 de noviembre de 2011

Divagues tardíos sobre el Mundial de Gimnasia, intentos fallidos de burlar la gravedad y el paralelismo sorprendente entre Obdulio y Comaneci

La rumana Ana Porgras en su volátil ejercicio de viga, Tokio 2011 


Durante el mes de octubre se desarrolló el Campeonato Mundial de Gimnasia Artística, uno de los eventos preferidos de mi agenda mediática y personal (lo cual, ya lo sé, habla de lo poco excitante que es mi agenda anual en materia de eventos de índole juvenil, en fin). La cita fue en Tokio, tras muchos dilemas acerca de los peligros nucleares y posibles terremotos que podrían afectar las rutinas de las gimnastas. Mi idea era realizar una crónica o reporte acerca de lo acontecido en la competición, pero ante la distancia temporal que ya nos separa del evento, en lugar de una cobertura en tiempo real desparramaré una sucesión de pensamientos, recuerdos y consideraciones que siempre he querido expresar sobre mi deporte preferido, siguiendo los titulares adelantados en (adivinaron) el título.

Los divagues tardíos


Si bien los mundiales de gimnasia se realizan todos los años excepto el olímpico (la carrera de un gimnasta promedio es muy breve como para darse el lujo de un mundial cada cuatro años), se trató de una edición de particular importancia por ser un mundial pre-olímpico, donde equipos y atletas clasifican a los Juegos. Y los Juegos Olímpicos son algo así como el súmmum del súmmum, la competencia más prestigiosa en el universo gimnástico. Ganar una medalla olímpica es para un gimnasta la máxima gloria que puede alcanzar en su carrera. De hecho, el solo formar parte del seleccionado olímpico ya es casi tan meritorio como ganar una medalla mundial.

 Por supuesto, ni los canales televisivos abiertos ni los de cable ni los diarios han informado sobre el  evento. Creo que emitieron algún clip sobre la competencia masculina como una especie de rareza freaky de lo que puede lograr el cuerpo humano, pero mientras los domingos es frecuente ver partidos de tenis internacionales o carreras de fórmula uno, la gimnasia es una utopía en la televisión nacional. No es de culparse, dados los millonarios precios de los paquetes de cobertura y la poca redituabilidad ante la relativa escasez de seguidores del deporte. Digo relativa porque durante las olimpíadas los teléfonos de los canales arden de llamadas preguntando por la gimnasia, aunque quizás esto no es relevante dada la instantánea conversión al fanatismo deportivo que experimenta la mayoría de los espectadores durante los Juegos Olímpicos.

Por estos lares (Uruguay, Sudamérica en general exceptuando Brasil) la gimnasia es un deporte casi exótico, que solo sale a la luz durante las Olimpíadas. En este mismo razonamiento, como no hay mediatización de la gimnasia durante el resto del año, no es importante. Tal vez, para muchos, ni siquiera existe.

En realidad en nuestro país hay unos cuantos clubes dedicados a la práctica de este deporte. Sin embargo, el nivel que presentan las gimnastas más talentosas y avanzadas no está cerca aún del nivel de elite internacional. De hecho, muy pocas naciones –al menos en la rama femenina de la gimnasia- alcanzan esta categoría. Desde hace varias décadas, los podios mundiales y olímpicos casi sin excepción han sido ocupados solamente por cuatro países, considerados grandes potencias de la disciplina: Rusia (ex URRS), China, Estados Unidos y Rumania, seguidos de un puñado de países que bajan y suben del ranking según las estrellas disponibles en su seleccionado.

La cuestión es que mientras en Norteamérica, Europa y Asia los campeonatos de nivel mundial se transmiten por las cadenas de deportes (incluso con comentaristas especializados, es decir, cada país tiene su Kesman y su Da Silveira, solo que generalmente hay alguna mujer en la dupla relatora) aquí para conocer los resultados hay que recurrir –cómo no- a la inmensa red de redes, donde hay una interesante blogósfera dedicada a la gimnasia con autores (más bien autoras) que hasta viajan a los eventos para dar una cobertura en vivo por escrito (al estilo Twitter) en sus respectivos blogs.


The Couch Gymnast, blog de referencia en el mundo de la "Gymternet"

Así, es gracias a estas comprometidas escritoras de la gimnasia (todas en lengua inglesa: sólo he registrado un blog en español sobre el deporte) los fanáticos de este hemisferio nos enteramos de quiénes integrarán cada equipo, cuáles son las expectativas, si alguien se ha lesionado y, finalmente, cómo se repartieron las medallas. Después, con suerte, un alma bondadosa sube a YouTube los videos capturados con su celular o las transmisiones televisivas de su país. Sí, he tenido que escuchar coberturas en chino.

Los intentos fallidos

No dejo de preguntarme qué sería de mi afición gimnástica si no fuera por las potencialidades globalizantes de la Red. Aunque mi enamoramiento del deporte provino de la inolvidable película rumana “Alcanzando el cielo” que homenajeaba a la más inolvidable aún Nadia Comaneci, mi involucramiento con la gimnasia también fue gracias a un evento olímpico, Atlanta 96. Sin Internet, mi contacto con la gimnasia sería exactamente tan excepcional como los 29 de febrero.

 Si mis cálculos no fallan, por la época de Atlanta mi frágil gracilidad ya había ingresado al plantel del club social y deportivo de mi ciudad y había aprendido algunas piruetas con la ilusión de que algún día podría volar por los aires. Hasta había ganado una medalla de bronce y todo. Pero fue con Atlanta que empezó mi vínculo con la gimnasia como espectadora. Qué gran época de la gimnasia. Poco tiempo después abandoné mis intentos vanos y fracasados de volar por el aire. Ni siquiera conservo aquella medalla de bronce. Tal vez fue de esos sueños que después se transmutan en recuerdos.

Los paralelismos

El punto de inflexión clave de Atlanta 96 (campeonato que vi una y otra y miles de veces en unos videos que me había grabado mi abuela) es que allí comenzó mi inexplicable admiración por las gimnastas rumanas. Había algo de valiente en las integrantes de aquel equipo que, pese a provenir de un pequeño país, conservaban un amor increíble por su gimnasia, una gimnasia que era un tesoro de su tradición y que había hecho famosa a su nación en el mundo, gracias a aquel primer diez perfecto de la pequeña y audaz y perfecta Nadia Comaneci.

Equipo rumano en Atlanta 1996

¿Suena familiar el pequeño país de fama mundial gracias a un deporte, casi el único deporte de su tradición deportiva? ¿Y si les digo que las gimnastas son prácticamente celebridades en la televisión de Rumania? ¿Y que salieron cuartas en el último mundial? Por si no lo notaron, lo que intento argumentar es que los paralelismos entre la gimnasia rumana y el fútbol uruguayo son recalcables. Quizás por eso no he dejado de identificarme con esas heroínas, aún cuando haya otras gimnastas de otras naciones con líneas más perfectas y dificultades más arriesgadas. Me he encontrado a mí misma hinchando por cada rumana como si fuera de mí país. Y quizás sea un poco mi país. Desbocatti dice que Rumania y uruguay son como países gemelos separados en el espacio, y Lonely Planet define a Montevideo como un pedazo de Bucarest en América Latina. Pero, voilá, yo lo había descubierto mucho antes.




Ana Porgras, de Rumania, con un leotardo blanco, celeste y una especie de sol como adorno. ¿Necesitamos más pruebas?


Para quienes quizás se lo pregunten, lamentablemente el mundial de Tokio dejó a mi querida Rumania fuera de las medallas por primera vez desde 1981. Ni una medalla, pese al enorme talento de las integrantes del equipo. Estados Unidos y China, máquinas de fabricar atletas en las disciplinas que se les antojan,  arrasaron con los medalleros. También Rusia, pero no digo nada, porque al menos este país lleva, como Rumania, la gimnasia en su sangre. La esperanza que conservo es que, si se reproducen los paralelismos con Uruguay, Rumania sería campeona del  campeonato Europeo 2012. Y en los Juegos Olímpicos, veremos. Lo cierto es que no sé si  un oro uruguayo en fútbol me emocionaría tanto como escuchar el himno rumano otra vez durante una entrega de medallas.  





domingo, 30 de octubre de 2011

MetallicA y la introducción a este maldito mundo del #rwack


El otro día me bajé el Master of Puppets
Todavia recuerdo lo que sentí cuando me regalaron el CD original. Para mí que era el mejor regalo del día del niño que alguien podía recibir jamás. En el instante que le di al play a ese álbum, nació en mi interior un peludo que se iba a vestir de negro durante toda su vida. 
La adrenalina de ese disco me alteró las neuronas, me mató, me metió en este maldito mundo del #rwack. Una cosa así:
 

Creo que son muy pocos los discos que uno no se cansa de escuchar nunca. Esos que cada tantp los pone y los repìte dos millones de veces, luego los deja de escuchar, para después  retomarlos y darle doce millones de veces más. Metallica tiene unos cuantos de esos discos. Pero sobretodo tiene canciones épicas. Canciones inmensas, con vida propia, que transmiten y contagian una emoción tan alta como imposible.

En mi opinión, además de ser una de las bandas fundamentales de la historia, Metallica es una de las mejores puertas para entrar en el rock.
Yo te aconsejo que se lo recomediendes a quién escucha los Wachiturros al palo y te rompe las bolas. Decile que curta el Master. O mejor dale el disco negro, que con ese entra seguro. Que se haga amigo, que abandone ese estilo y que venga para acá. Qué caze su vehículo, se ponga los auriculares y venga a recorrer esta ruta demencial. Advertile que es un camino de ida, no hay marcha atrás. Decile que somos varios los que vamos. Que se va a encontrar con amigos, hermanos, y que van a soñar con escuchar en vivo esa distorsión. Pero principalmente, aconsejale que se deje de tirar pasos y arranque a peludear.
Eso. 

sábado, 29 de octubre de 2011

“La que manda acá soy yo”

“Que no te vaya a ver la Bianchi corriendo por los pasillos, ni cuando vas al baño”, se decía en aquel entonces, cuando yo estudiaba en el Bauzá. Es que cuando sos estudiante todo director te resulta terrorífico. Nunca me la crucé en esa situación, nunca tuve problemas con Graciela Bianchi, directora del liceo Bauzá.

La tan controversial directora tiene más prensa que Pedro Bordaberry luego del “Día del Firmazo”. Es que, en su totalidad, es una persona de combinaciones extraordinarias. Directora de uno de los liceos más grandes de Sudamérica, con un perfil de izquierda independiente, que formó parte del gobierno (y no solo del frenteamplista), que se opuso a las ocupaciones de los liceos durante el gobierno de Julio María Sanguinetti, que no acepta las reglas oficiales de flexibilizar la exigencia educativa y que se peleó –recientemente– con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Sumémosle a ello que tampoco se lleva bien con el director de Secretaría General del Ministerio de Educación y Cultura, Pablo Álvarez, quien publicó esta semana en su muro de Facebook un video donde se la ve discutiendo con estudiantes: “cállate la boca”, “a mí no me tuteás” y “la que manda acá soy yo”, son algunas de las expresiones que utiliza Bianchi para hablarle a un grupo de estudiantes que se habían subido a un árbol y le arrojaban cosas a las personas que por allí pasaban.

La pregunta que todos nos hacemos (o nos deberíamos hacer) es: ¿tan mal de la cabeza está esa directora? Evidentemente, si nos apuran, la primera respuesta seguramente sea un rotundo “sí”. No obstante, ni me quiero imaginar lo que significa dirigir un liceo con 3 mil estudiantes. Tampoco logro pensar en un modo eficaz para tratar con alumnos que, lamentablemente, no cuentan con los valores necesarios para comprender el esquema jerárquico que implica la relación director-alumno. Con esto último no me refiero a la relación del director “todo poderoso” con el alumno insignificante y pasivo, como la que había en los colegios de antaño (y que seguramente en algunos centros educativos todavía sobrevive). Apunto a un buen trato y al reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la institución.

En resúmenes cuentas, creo que a “la Bianchi” (como le decíamos hace unos seis años) se le fue la mano con el modo en que le habló a los estudiantes. Pero también creo que el error fue ese, el modo en que se expresó, y no el porqué de esa charla con sus alumnos. De todos modos les aclaro algo: por suerte nunca tuve problemas con esta directora.