viernes, 23 de diciembre de 2011

Playlist "Noche Buena con las Estrellas de #rwack" made by Medioramers :D

Humberto de Vargas, revolviendo un vaso de whiskey invisible.

El otro día, como no sabía qué escribir, se me ocurrió una idea. Abajo está el link con la playlist que se armó. Pa' bailar y decir que sí con la cabeza. ¡Recomiendo que pongan shuffle y se sorprendan! 
¡Gracias a todos los que compartieron sus canciones!  
Acá está dejo el link. Acá mirá. Acá abajo. Sí, dejá de leer y dale click :D

Enjoy!
 

Abrazos de gol.
KoLo.
 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La melancolía de Lars Von Trier

Hace unos pocos días ha llegado a mis ojos el último filme de quien supo ser uno de los niños mimados de Cannes y hablo en pasado porque a partir de esta obra se le complicó la cosa con el intelectualado francés. Realmente Melancolía[1] no le trajo problemas (no más que cualquier filme de Von Trier), lo que sí los trajo fue la conferencia de prensa posterior. Aunque  no es mi intención hablar del lío nazi (ya lo hice en el artículo políticamente incorrecto), creo que es necesario ubicar la repercusión del filme dentro de tales circunstancias.

Como dije en el párrafo anterior, he presenciado el filme en cuestión y creo que es lo mejor que vi del 2011. Si bien Medianoche en Paris[2] ha sido la vuelta del gran Woody, Melancolía tiene el potencial para entrar en las listas de los cursos de historia del cine; por lo tanto creo que es de esos filmes que además de entender  tienen la capacidad  de explicar su época. Son pocos los filmes que logran tal cosa porque también son pocos los que lo intentan. Si bien no es obligatorio intentar dejar algo sublime grabado en piedra con un filme,  hay que reconocer que el cine se predispone a la magnificencia. En este momento se me viene a la mente lo que decía el personaje de Daniel Day Lewis en Nine[3], parafraseo : "el cine cuesta mucho dinero, lleva mucho tiempo y mueve mucha gente; tiene que ser pretencioso".  En esto de ser pretencioso Lars  lo es mucho ya que siempre anda con una sonrisita de autoestima y regodeándose de su excepcional y vanguardista talento; pero pese a que se pasa de inteligente en esa pasada de inteligencia llega a resultados interesantes.
Fuera de la recomendación (que ya está dada) quisiera tirar un par de líneas que intenten justificar tal recomendación. Como ya dije, Melancolía explica su época y por lo tanto cuenta con un gran carácter alegórico, lo que lleva a que  - y tal como si fuera un filme Antonioni -  se pueda diferenciar lo que cuenta y de lo que se trata. Porque si alguien piensa que Melancolía tiene una primera parte sobre los problemas en una boda y una segunda sobre la destrucción del planeta ese alguien no ha podido escarbar más allá del cuento. Von Trier es un sujeto pretencioso y desde hace ya una década viene haciendo radiografías de la sociedad americana y ésta no es la excepción; al igual que en Bailarina en la oscuridad[4] o en Dogville[5], en Melancolía tenemos el retrato más podrido y cercano a los EE. UU y su manera de ser.
Un ritual de felicidad en donde todos festejan es de verdad el perfecto escenario para descubrir la miseria humana, cómo todos  nos preocupamos solo por nosotros sin darnos cuenta y cómo cuando todo acabe realmente no tendremos nada que decir o hacer. Eso es Melancolía, es la razón por la cual todo va a acabar  y el silencio de cuando todo acabe,  es la dura realidad  de darnos cuenta que no somos gente buena, que estamos solos y que todo va a estar mejor cuando no estemos.





[1] VON TRIER, Lars (2011) Melancholia
[2] ALLEN, Woody (2011) Midnight in Paris
[3] MARSHALL, Rob (2009) Nine
[4] VON TRIER, Lars (2000) Dancer in the Dark
[5] VON TRIER, Lars (2003) Dogville

domingo, 18 de diciembre de 2011

Noche Buena con las Estrellas de #Rwack


Hola :D 
Tengo una propuesta. Hagamos un set list para estas fiestas del fin del mundo. Para no tener que comernos esa lista de temas que pone Humberto de Vargas todos los años, ese random que tiene a Thalia, Chayanne, Luis Miguel y todas esas porongas juntas durante horas. 

¿Ya son las doce, Humberto?

La idea es que, entre todos, armemos una lista re copada para escuchar en estas fiestas. De lo que ustedes quieran. Me dicen, y el post que viene armamos el set :D
¿Les pinta?
Les paso unos temas que para mí tienen que estar.




sábado, 17 de diciembre de 2011

Welcome to Twitterland

Hace unos días tuve un inconveniente mientras trataba de subir una noticia al Twitter. Me quedé sin espacio.

Sucede que este medio de comunicación (así lo llamo yo) permite solo realizar publicaciones que no superen los 140 caracteres, lo que significa un problema si se lo quiere usar para informar de hechos complejos. Para que se hagan una idea, en estas pocas líneas que escribí ya superé largamente los 300 caracteres.

En mi caso utilizo el Twitter para subir noticias breves, como “Uruguay ya no integra la lista gris de la OCDE. Falta ver si se firma o no el acuerdo de intercambio de información con Argentina” (129) o “Mañana paran los médicos tanto del sector privado como del público. Denuncian incumplimiento de los convenios colectivos” (120). 

Este nuevo modo de difundir información puede ser muy útil (acceso rápido y sin vueltas a la noticia), pero también puede ser un gran enemigo. Usemos los dos ejemplos del párrafo anterior. En el primer twitt (así se le llama en la jerga) lo primero que podrían preguntar es sobre la “lista gris”. ¿Qué es? ¿Quiénes la definen? ¿Por qué Uruguay la integraba y qué significa que ya no la integre? ¿Y Argentina qué tiene que ver con todo esto?

Lo mismo en el segundo twitt. ¿“Incumplimiento de los convenios colectivos”? ¿Quiénes incumplieron los convenios? ¿Qué parte de esos convenios incumplieron? ¿Es necesario que paren los médicos? Son preguntas que surgen a golpe de vista si razonamos mínimamente lo que leemos. Algunos medios de comunicación como el diario El País o Montevideo Portal publican información en su Twitter pero le agregan un link que lleva al lector a otra página web donde puede leer un artículo más completo, donde se contestan –seguramente– todas las preguntas. El tema es que ahí ya no estamos en Twitter, sino en la web de El País o Montevideo Portal. Cambió el medio de comunicación, cambió el formato, cambió el mensaje.

Esa es mi inquietud: ¿cuánto modifica el contenido este contenedor? ¿El paro médico o la lista gris de la OCDE serán lo mismo publicado en mi Twitter que en cualquier sitio web de noticias o, incluso, en otro medio de prensa? Podríamos estimar que sí. Podríamos. Pero en mi twitt lo que importa es el paro médico, saber que mañana no habrá doctores para atenderme y listo. El lector es fugaz, entra, lee, se entera y sabe que mañana no perderá su tiempo en una sala con olor a productos desinfectantes. Sin embargo, en un extenso artículo de prensa, donde la información es desarrollada de otra manera, donde el lector se predispone –ya sea frente a su computadora o frente al diario– con otra actitud, la información puede ser procesada en profundidad, con más claridad y de manera más cercana a los hechos concretos. Noten que dije “más cercana”, y no dije “tal cual son los hechos concretos”.

Con este análisis no pretendo descalificar al Twitter como medio para difundir noticias. Pero lo que es claro es que si en el pasaje de información de un medio a otro se pierde (o modifica) el mensaje inicial –por ejemplo cuando un periodista tiene datos y los publica para que el lector se entere de ellos–, en el caso del Twitter eso se ve agravado. Los 140 caracteres resultan ser los inquisidores de la información.

En ese sentido, el periodismo que pretenda aferrarse a las nuevas tecnologías para no desaparecer tendrá que rever sus estrategias comunicacionales para no dejar que esta nueva "inquisición informativa" determine la pérdida absoluta del mensaje inicial. ¡Vaya tarea!

domingo, 11 de diciembre de 2011

Guatusi. "Siempre vas a estar vivo si sentís, sino, ni ahí".


Ayer, después de mucho tiempo (MUCHO), fui a ver a Guatusi. Tocaron con Radical, festejando sus 7 años, en un show no apto para sensibles a la distorsión. 
Hacía tiempo que no veía un show con tanta fuerza acá. De verdad. Te partían el pecho. Los Radical a mil por hora y con unos graves que te hacían vibrar el cuerpo. Y los Guatusi con todo su repertorio para hacer gozar a "la tribu".

Nunca pude ver un toque de Guatusi sin hacer pogo. Es más fuerte que yo. Por más tranqui que esté en la previa, como ayer, siempre termino bailando de forma extrema todos sus temas, entreverándome en esa violencia hermosa que se genera cerca del escenario.
Lamentablemente, me enteré ahí, que ese iba el último toque de Guatusi por un tiempo. Decidieron hacer un parate, sin fecha de retorno estipulada. Pero ya tienen temas nuevos, y esperemos que su vuelta no se haga esperar demasiado.

Creo que lo que pasó con Guatusi, es otro caso de una banda uruguaya que lo tiene todo, pero que no es valorada como se lo merece. Como Elefante, como Bufón, como Chopper. Tremendas bandas, con carisma, energía, que hacen tremendos toques, tremendos discos y que no tienen ni repercusión masiva o mediática que tendrían si fueran argentinos, por ejemplo. No los valoramos. No compramos sus discos. Vamos a sus shows si tocan gratis, y sino, no. Y así, hasta desgastarlos y dejan de tocar. Después los extrañamos. Los valoramos. Compramos sus discos y recordamos con nostálgia sus shows.
Ayer en el escenario había una bandera que que expresaba el sentir colectivo de todos los que estabamos ahí: "sin Guatusi, nos falta un pedazo".  

martes, 6 de diciembre de 2011

Los 4 grandes

Hola. Mi nombre es Ruy y no Kolo, pero he decidido ocupar ésta columna de #rwack debido a que el video  que traigo en esta ocasión es más de la magnitud de #rwack; la magnitud del rock por lo tanto.
Calculo que cualquier rockero pendorcho adolescente alguna vez jugó a armar la banda ideal (el bajista de tal lado, el batero de allá con técnica de tal, pero con la fuerza de tal otro en tal disco). Es un juego clásico, una especie de Frankenstein que por lo general no sucede, pero  no podemos dejar de jugar. En tal juego todo tilingo metaloide pronunció las siguientes palabras: " Metallica, Megadeth, Anthrax y Slayer". 
Pues me alegro en decir que ese Frankenstein existió, fue el año próximo pasado y aquí les traigo la prueba llamada Am I Evil? que fue tomada desde Bulgaria.
Sin más prerrogativas los dejo con los 4 pilares del Trash Metal tocando juntitos como una gran familia.



lunes, 5 de diciembre de 2011

No es otra tonta película croata




Película croata, cortesía de imágenes de Google
bajo el rótulo de búsqueda "Croatia Movie"
A veces me siento un personaje de Sitcom. O peor, de una típica comedia americana, pero uruguaya. Otras, soy el personaje de una película independiente aburrida. Una película independiente aburrida de algún país centroeuropeo, Croacia, por ejemplo, tampoco vamos a tener grandes aspiraciones. Uno busca lleno de esperanzas y termina tornándose un cruel y tragicómico personaje de una película que todavía no se rodó. Una especie de copia del original inexistente (gracias, Jameson), un arquetipo individualizado de todos esos contenidos ficticios que ha consumido (y lo han consumido a uno) durante tantos años de mirar películas y series y telenovelas.

Voy llorando en el mugriento ómnibus 175 y la escena es de un polvoriento filme croata que tal vez pasarían en algún invierno en Cinemateca. Relato el episodio en el trabajo al día siguiente bajo el rótulo “conseguir que te den el asiento en un ómnibus repleto” y la escena es de una Sitcom al estilo The Office pero sin cámaras y con actuaciones no tan hilarantes. Y la verdad es que si tengo que elegir prefiero ser el personaje de una Sitcom. Ni siquiera la protagonista: más bien un secundario de esos risueños que pasan por los lugares tarareando alguna melodía y riéndose de que la vida no le sonríe.

Reírse de la desgracia. Varios definen al humor desde esa concepción. En realidad yo no me río de mi desgracia. Me río de la forma estúpida en que suelo enfrentar mis desgracias. O, más bien, me río de la capacidad histriónica de convertir sucesos no demasiado relevantes (al menos no en comparación al hambre mundial y a las guerras de Oriente) en desgracias. Y es ahí cuando la desgracia se vuelve graciosa. La desgracia me hace gracia. Hasta que irrumpe de nuevo la cámara del director croata a pintarme ojeras horribles y días sin sentido.

Imitar la ficción

Muchas teorías del séptimo arte se han hartado de analizar (y en ocasiones, ensalzar) la conexión inextricable del cine con  la realidad. Todo razonamiento lógico indica que, si el cine es un arte mimético, como todas las artes performativas o escénicas (gracias, Aristóteles), entonces imita a la realidad. El cine imita a la vida. Y no obstante, nos pasamos escuchando frases que invierten esa lógica casi mecánica. “No te hagas la película”. “Estoy de novela”. “Precios de película”. “Sus palabras son puro teatro”. En  muchos casos parece que es la vida la que imita a la ficción. ¿Cuántas veces hemos escuchado ya una banda sonora tristísima en una de esas tristísimas despedidas? Podemos pensarnos como protagonistas de una escena que solo está siendo filmada en nuestra memoria, o vernos a nosotros mismos como personajes totalmente terciarios, bolos, extras, en una escena donde los protagonistas son los otros.

Imitando la ficción, literalmente. Y esperando un tren. Foto: Joaquín Moreira


Aunque lo que duele es que siempre, los protagonistas de nuestra película somos nosotros mismos. Una película que en su realidad nunca se condice con lo que nuestra ideal película de la realidad desglosaría escena por escena. Como en esta secuencia de 500 Days of Summer. Contraposición expectativas/realidad. Cine/ realidad. Y lo irónico es, justamente: ¿cuántas veces la vida se parece a esta maldita split screen?




Imaginen la siguiente escena en un concierto lleno de gente: individuo entusiasta ve que otros individuos atractivos le hacen señas, el individuo entusiasta hace el típico gesto “¿a mí?” y los individuos atractivos le piden que se corra, que está tapando la papelera a la cual quieren lanzar un papel cual aro de básquetbol. Bueno, esa típica escena de loser me ocurrió. No estaba tapando una pantalla ni un espectáculo. Querían que me corriera porque estaba tapando una papelera. Nunca me reí tanto de mí misma como ese día.

Let’s face it before sunrise

Enfrentémoslo de una vez: el amor “real” no como el de las películas. Si la vida fuera una comedia romántica cursi y lineal… Pero la vida es más bien como esa noche increíble en Antes del Amanecer. Ahí el ómnibus 175 se convierte en un tren que atraviesa Europa y yo bien podría ser Julie Delpy con un vestido por el estilo y el pelo largo aunque no rubio, y bien que podría encontrarme con Ethan Hawke o alguien por el estilo. Pero en el 175 no hay Julie Delpys ni Ethan Hawkes, ni paradas en Viena hasta que amanece, ni amores de película que después se desvanecen. Realmente deberían  reincorporar los trenes en este país, sin dudas es un vehículo mucho más romántico que el 175. Al menos sería un paso.


El problema es que en las mentes soñadoras y perfeccionistas como la que me ha tocado, las marcas de la ficción solo pueden hacer mellas dolorosas. Quizás podría ser yo mi propia guionista, pero ya con ser mi actriz tengo demasiado trabajo como para escribirme y reescribirme escena tras escena. Todo sería más fácil si mi guionista fuera una buena persona (¿dónde está mi Richard Linklater?) y me fuera llevando por los lugares exactos en los momentos exactos, como aquel tren que iba por Viena. 

Y quizás todos los 175 son un tren a Viena. Hay que ayudar el azar para que se convierta en oportunidad. Por más casualidades cósmicas que el mundo pueda regalarnos (y vaya si las regala), Antes del Amanecer no hubiera llegado siquiera al mediodía si Julie no le hubiera hablado a Ethan (¿o fue al revés?). Filosofía barata y sandalias de cuero, lo sé, pero esta especie de tesis coelhesca veraniega es una de las pocas tonterías que me están haciendo sentir bien últimamente.

Una sabia amiga me decía –hablando, como de costumbre, de cómo el amor real no tiene nada que ver con el de las películas- que todo sería mucho más fácil si pudiéramos enamorarnos al chocarnos con alguien que tirara al suelo las carpetas y papeles que llevamos. Mi amiga decía que era imposible, que a nadie le pasa. A lo cual le respondí: vamos a tener que andar con más carpetas en los brazos.