jueves, 16 de agosto de 2012

Crónicas de una muerte anunciada (la de lo artístico en la gimnasia artística), Parte II



Ya pasaron nueve días desde la última final de gimnasia en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Todo lo que los espectadores consuetudinarios (por usar un término londinense) hemos esperado durante cuatro años se terminó, se extinguió, dejando ese vacío existencial que solo puede ser llenado con una melancolía irremediable o con historias de historias de historias acerca de cada uno de los acontecimientos sucedidos en el campo de juego. Y como nos gustan mucho los metarrelatos, aquí viene la segunda parte de la crónica gimnástica iniciada con la final de viga. Como buena adicta, seguí convenciendo a un amigo que nunca había probado a compartir conmigo la final. Resulta que ahora mi amigo, Seba PelaDios, es ya más experto en la disciplina que el 77% de los comentaristas deportivos.   
Ya saben la consigna: amor a Rumania, desprecio a EEUU, respeto a Rusia. Rojo para mis comentarios, azul para los de Seba PelaDios, amarillo para los mensajes de texto que se intercambiaron durante el visionado de la final.
(Y para que la vean junto a nosotros, comentada por nuestros paralelos ingleses:)

Londres 2012. Suelo, manos libres, piso, salta que te salta:

La primera fue la rusa Kseniia Afanaseva. Actual campeona del mundo, una de las preferidas para ganar, una de las que mantienen el arte en este deporte. Se retorció y tijereteó por los aires. Amo su coreografía, especialmente la parte en que hace una especie de nado sincronizado (con ella misma). Las chilenas que podría hacer esa mujer en la selección. Deberían meter a estas minas en el equipo de fútbol. 


Afanasyeva y su giro original. Y usa Bajofondo.

Lástima que se fue del cuadradito ese. En el piso ya estás en el piso, así que es complicado que te caigas, pero te salís de los bordes del cuadradito ese y fuiste. Otra vez advertiste, sin saberlo, que eso lleva penalización. Kseniia fue. Una pena. Esto le abre las puertas a you-know-who…

Jordyn Wieber, yanqui, también se nos salió. Su peor serie de suelo en años. Campeona mundial del All Around, y se va de Londres sin ni una medalla individual. Después el entrenador (un twittero detestable) se excusó diciendo que compitió lesionada. Se retorció, bailó, saltó, metió onda, y en una se caía se caía y se dejó caer de rodillas para hacer un firulete tipo Naymar/Suarez/Maradona. Ta bien, si metés la pata, dibujá. Otra vez, qué ojo afinado resultaste tener. A mí me dio la misma impresión. Cuando Wieber clava, se mantiene para mostrarlo. Le podrían haber descontado por caída. Astuta la gringa. Menos mal que se salió de los límites, sino le encajaban la plata a ésta, estoy seguro, de ortivas que son nomás. Sí, de sobrepuntuaciones yanquis ya estamos hasta la coronilla.
Lo que el gif no muestra es cuando se salió de los límites


La otra gringa, Alexandra Raisman, la que nos robó el bronce en el fierro ese donde juegan a hacer equilibrio (la viga), bueno, esa misma. Acá se lució un poquito (clavó todas las diagonales la muy maldita), metió unos pasitos de baile (¿Baile? ¿WTF? ¿Los play mobil bailan?), pero qué querés que te diga, ya le tengo bronca. Que reviente. Lamentablemente, nuestros deseos no son órdenes. 15,600, el puntaje de suelo más alto del cuadrienio. Fucking shit.


Todo el mundo pira con esa primera diagonal. 


Mariana: (12:49) Los comentadores de Terra son de Terror.

Seba: (12:50) Abominables. Y esta puta yanqui ya le tengo bronca. Podio las pelotas.


Pero llegó el camionazo, Catalina Ponor. Y la rompió, y la rompió, y la rompió otra vez. Agarró todos los tujes posibles y los rompió violentamente. El ejercicio de su vida, todavía más perfecto que el ejecutado para ganar el oro en Atenas 2004 (¿mencioné que Catalina fue oro en viga y suelo y por equipos en esos Juegos, hace OCHO años?).


Cuádruple giro y una diagonal más difícil que la que hacía cuando tenía 16 años


Mariana: (12:53) Si Cata no supera a la p#%* yanqui me corto un hue#!.

Seba: (12:54) Tatatata… Nos están robando!!


 Pero claro, no habla inglés, y aunque fue mejor que la misma yanqui que le robó el bronce en el fierro ese, la dejaron por debajo de la misma, otra vez, porque sí, porque no hay otra razón. Raisman tiene más dificultad, pero que tenga menos ejecución que ella es im-per-do-na-ble. A los jueces les importa un huevo (el mismo que todos y todas nos estamos por cortar) la presentación artística, la personalidad. Prefieren mantener las gimnastas en el sistema, mecánicas y sin un ápice de individualidad. Ponor fue mejor, y está mucho más buena y fuerte, (improperios censurados por la editora).


Australia (¿?) (aunque usted no lo crea, es uno de los países secundarios del panorama gimnástico), Lauren Mitchell (campeona mundial de suelo en el 2010, aunque usted no lo crea). Discreta, pero no se salió de los limites, y eso bastó. A veces no cometer errores es más que suficiente. Para mi gusto tuvo varias imprecisiones. Pero es verdad, generalmente una rutina mediocre sin errores es mucho más valorada que una brillante, con algún error. ¿Aly Raisman bronce en viga, anyone?


Vanessa Ferrari, italiana. Una gacela tetona que madre mía. Y… Tiene sus 22 años. No es ninguna púber al estilo chino. Y, sobre todo, no solo no es china, es italiana. Imaginate si no fuera gimnasta. (Igual lo que más me llamó la atención fue el diseño extravagante de leotardo, nunca había visto uno sin una manga). Ya antes de arrancar metió una respiración profunda que viste que se te inflama el pecho al mango y dije fuaaaa re macho sexista asqueroso. Lo dijiste tú, no yo. Como editora podría censurarte. Seguro que la gimnasia artística es un invento de los hombres, me la juego. Y anduvo bien. No es fácil tener tetas en esta disciplina, por eso escasean casi tanto como en la selección de fútbol femenino de Japón. Vamos por el comentario gimnástico: mi streaming se congeló, no pude ver la serie, pero dicen que anduvo bien, mucho estilo y mucha dificultad. 14,900, nada mal.
Ferrari derrochando estilo (en movimientos y en moda)


Aliya Mustafina, otra rusita. ¿Rusita? No se usan diminutivos para hablar de la GRAN Aliya Mustafina. Puta que son lindas. Sabía que te iba a gustar. Yo qué sé qué hizo, no paraba de ver su belleza. Belleza pura, lisa y llana, no sé si soy claro, pero belleza al fin. Belleza emana de esa rutina con esa música melodramática y esos movimientos de bailarina. Uno de mis suelos preferidos de estos Juegos. Una carita que me la como con mermelada de higo ¿me entendés lo que te digo? Con rima y todo. Mustafina inspira poesía. Tenía el número 404. ¿Para qué carajo sirve el número en la espalda? No sé, pero me acuerdo. (*SPOILER*) Dejó afuera del medallero a la tetona de Italia, una lástima. Bronce para Rusia. Puntuó igual que Ferrari, pero al tener mayor ejecución, la sacó del podio y se convirtió en la gimnasta más condecorada de Londres.



                                           ¿Ya dijimos "belleza en movimiento"?


Sandra Raluca Izbasa, rumana carajo. Campeona olímpica en suelo 2008, la única capaz de desbancar a Raisman, con un suelo que es ARTE en movimiento.  La jeta que metió antes de arrancar (“bitchface” o “gameface” en la jerga blogimnástica), yo le daba el oro.


Sí. ESA cara.

 Y cuando comenzó la música, Shine on you crazy diamond de Pink Floyd… me enamoré por los siglos de los siglos. Poesía hecha gimnasia. 


Podría ver este gif 87 minutos seguidos

Pero el final Izbasa, el final… se nos acabó la cancha, nos caímos, faltó equilibrio, quedamos de rodillas…puta madre. ¡¡¡¡Nooooooooooooo!!!!! ¿Por qué se tuvo que caer en la ÚLTIMA diagonal??? Acá es cuando todos en mi oficina (sí, miré las finales en la oficina, con el debido permiso) se dan vuelta para ver si me ha pasado algo ante el grito de horror que emito. ¿Qué nos pasó? Trato de pensar todas las teorías posibles y no puedo explicar qué pasó. Quizás Sandra sintió que no le daba para superar a Raisman, y se quedó sin fuerza. No me importa, ya tiene el oro en salto, y esa es la mejor rutina de los Juegos, y posiblemente de los últimos cinco años.  

¿Qué nos pasó? Nos pasó que está todo robado. Que Ponor era el oro pero le dejaron la plata porque obvio, no habla inglés. Me dirán que la australiana sí, pero no se confundan. Estados Unidos era colonia británica, Australia una prisión, no es lo mismo. Es como el hijo legítimo y el bastardo. Chau bastardo.

15,200 para Ponor, 15,600 injustificadísimos para Raisman. Llegó la corrupción a las olimpíadas, y empezó por la gimnasia artística.

 Y así es cómo la porquería de código de puntuación en la gimnasia (y las bonificaciones pro-yanquis… ¿cuál creen que es la federación más rica del mundo?) resulta en la campeona de suelo menos artística, menos interesante y menos inspiradora que existió jamás. Estoy pensando seriamente en convertirme a la gimnasia rítmica. El problema es que no tiene muchas rumanas. 


sábado, 11 de agosto de 2012

Crónicas de una muerte anunciada (la del arte en la gimnasia artística), Parte I.

Catalina Ponor, leyenda viviente de la gimnasia rumana

La gimnasia es una evasión de la vida. Para empezar, en la vida la gente no vuela, en la gimnasia sí. En la vida nada llega a la perfección, en la gimnasia, quizás. En la vida los movimientos son pura prosa, en la gimnasia el movimiento se convierte en arte… Hasta que estos Juegos Olímpicos asesinaron la parte “artística” de la “gimnasia artística” a través del 60% de los oros que otorgaron.

Claro que, además, la gimnasia es evasiva porque nos transporta a la realidad paralela de una ficción. No me detendré otra vez en las competencias como narraciones relatadas. Solo diré que en a lo largo de seis jornadas me evadí por completo del universo circundante para sumergirme en el mundo de las finales olímpicas de gimnasia. Porque si los Juegos Olímpicos son el gran relato de la gimnasia, también son el súmmum de la evasión.

Afortunadamente, no estuve sola en esta obsesión desquiciada de mirar gimnasia y alentar a las rumanas desde el otro lado del planeta. Mi buen amigo Seba PelaDios, que no sabe nada de gimnasia pero sabe mucho de estética femenina, me acompañó en el frenético visionado (desde el otro lado de la región metropolitana, mensajes de texto de ira y admiración de por medio). Por supuesto que, aunque nunca antes había mirado gimnasia, mi buen amigo tenía muy claro cómo debía mirar: amando a las rumanas, aborreciendo a las yanquis, respetando a las rusas. Así fue que surgió esta crónica compartida de las finales de viga y suelo en gimnasia artística. Sus comentarios en azul, los míos en rojo, los mensajes de texto en amarillo. Se incluyen videos de las rutinas para que el lector tenga alguna idea menos pálida de lo que estamos hablando.


Mar: (9:39) 10.50, viga. 12.00, suelo. Rumania en ambas finales. Necesito tu crónica, sería lo mejor de mis Juegos.

Seba: (9:46) Hoy es mi día libre, y debería dormir hasta después del mediodía. Curiosamente, por razones ajenas a la empresa, no es así. Por lo tanto, lo veré en vivo y en directo, y cronicaré como corresponde.

Londres 2012, Parte I. Minas en el fierro ese. Final de Viga o Barra de Equilibrio

La china Sui Lu (actual campeona del mundo en viga, una de las favoritas), una china tan chiquita… Y arrancó y claro, no parecía gran cosa. Pues lo es, tiene una técnica asombrosa, líneas casi perfectas, altísima dificultad... Aunque en mi opinión le falta alma. Las chinas son tan mecánicas, excepto cuando se caen a la miércoles. Tan nena, de esas que vienen al cumpleaños de tu hija, ¿Qué te vas a imaginar que se va a retorcer por los aires sin caerse? ¿Que te va a meter (*SPOILER*) una medalla de plata en el tuje? ¿Que tiene 20 años si parece de 12? Por cierto, las chinas tienen un oscuro historial en la falsificación de edades.

                      

            Acrobacia, más acrobacia, más acrobacia... Cero coreografía, cero personalidad


Y la rumana Catalina Ponor, un camionazo. Mezcla absoluta entre rockstar y diosa guerrera del Olimpo. Cinco espaldas mías y cuatro piernas, 24 años, 1.50 de altura. Pero fue un desastre. Sí, fue un desastre para sus estándares. Dos grandes desequilibrios y un desmonte bastante imperfecto (aunque se animó a elevar la dificultad). Catalina fue campeona olímpica en viga hace OCHO años, se retiró durante seis años y volvió en 2011 con más dificultad de la que tenía antes. Catalina simplemente no se cae, no titubea, nada. Esta que vimos no es la verdadera Ponor. ¿Qué nos pasó? No sé, pero al menos estoy enamorado. Todos estamos enamorados de Ponor.  Eso suma puntos ¿no? Yo juez y gendarme le doy puntos por camión. Chiquititas saltamos y nos retorcemos todos. Exactamente. La mina tiene mi edad, más noche que la que tuve yo toda mi vida y va ahí y la rompe en una barra de diez centímetros de ancho. Bueno, CASI siempre la rompe. Igual creo que los jueces también se enamoraron. 15,066. Queda segunda, aunque quizás no sea suficiente.
           
                  
                                                              Enamórense.       
  
La otra chinita  Deng Linlin (una veterana del equipo chino, campeona por equipos en los Juegos del 2008), de 1,46 m de altura…¡fa! Terminó para atrás, fue un robotito. Otra vez, aciertas. Son robots, cuando no fallan. Debo reconocer que hoy las chinas estaban bien aceitadas, como recién salidas de un service de alta tecnología.). 15,600. (¿Deng Linlin? ¿Quién demonios se lo esperaba? Casi no había tenido participación mundial desde el 2009, cuando ganó el oro mundial en este mismo aparato) Rompió ortos. No sé que es 15,600, pero fue 15,600, eso estoy seguro. 15.600 es TREMENDA nota. Casi inigualable, aunque algunas gimnastas que siguen, si no fallan, podrían estar rozándola. 

 

                Perfección, pero sin alma. I'm a cyborg but that's OK.

En cambio, Larisa Iordache, rumana… Mi gimnasta preferida. Otro desastre. (Gritos marianísticos de angustia y desesperación). Metió un hermoso final, pero nada más. ¿Qué nos pasó (otra vez)? Una cronista dijo, respecto a esta rutina: “si pudiéramos olvidar los primeros diez segundos”… Si no se hubiera caído, metía el podio. Que qué nos pasó: una lesión de porquería, justo antes que empezaran los Juegos. Mi fanatismo es la yeta de mis gimnastas favoritas, primero Ana Porgras se retira, ahora Larisa sin ni una medalla individual.


Imperfección, pero con alma. ¿Por qué, por qué, por queeeeeeeeeeeeé se tuvo que caer?

Mariana: (11:15) Tragedia

Seba: (11:15) Qué nos pasó? Fuimos horribles.

Kseniia Afanasyeva. Ya subió como para comprarme (alguien me advirtió que me iban a gustar las rusas). (Yo.) Le faltó culo para mi gusto. No, suerte no, que no tiene mucho culo digo. Yo jurado eso lo punteo. ¿No puntea el tuje? Debería. Ni tuje real ni fortuito, ya ves que tuvo una serie buena pero la baja dificultad le dio un puntaje mediocre: 14,5.




Al menos uno de los especímenes artísticos que sobreviven en el deporte.

Gabrielle Douglas, la yanqui. ¡JA!! Se cayó, eso le pasa por haberse metido en medalleros que no le corresponden el otro día. En no sé qué haciendo no me acuerdo. En el All Around. Con esta actuación nefasta y otro error en la final de asimétricas Douglas se convirtió en la primera campeona All Around en no ganar medalla alguna en las finales de aparatos. Ya lo decía yo que eso había sido un día de suerte.


Demasiadas entrevistas y poca concentración hacen que Gabby se ponga inconsistente.

La otra rusa, Viktoria Komova. Arrancó tan bien, tan bien… y pum, al piso. Como gimnasta tan perfecta como archi-perfeccionista, es una característica de Komova rendirse si un elemento no le sale absolutamente magistral. Es como si prefiriera directamente perder un examen antes que no aprobarlo con 12. Y al final también. Otra vez, o es todo, o es una garra. Una lástima, porque cuando uno se queda sin rumanas obviamente se quiere fornicar a las rusas. Totalmente. Y sin embargo las chinas, las más chiquitas, (*SPOILER*) ganaron. Luego a uno lo acusan de pedófilo. No empecemos con la pornografía infantil asiática.

Komova vuela, vuela, vuela... Hasta que la gravedad y el perfeccionismo la succionan hacia el piso.



Pero quedaba la otra yanqui, Alexandra Raisman. Es una roca la muy maldita. Aunque no estuvo tan sólida como otras veces. Igual, aunque hubiese clavado todo, me hace tan poca gracia como una pared blanca con puertas grises. A-bu-rri-da. ¡14.966! ¡Queda cuarta detrás de las chinas y Ponor!



Una de las grandes asesinas del arte en la gimnasia. Si esto es digno de podio entonces yo soy bailarina del Sodre.

Mariana: (11:25) Catalina bronce!

Seba: (11:26) Si? JA!! Justo se me cortó y ya estaba puteando a la gringa en mi crónica porque di por descontado que esa puta nos dejaba afuera. VAMO NOSOTRO CARAJO!!

Mariana: (11:27) Igual están evaluando su puntaje. Hdp.

El entrenador de Raisman pide que revisen la nota de dificultad, los jueces aceptan la solicitud y le suben una décima. Queda empatada con Catalina, pero como tiene mayor ejecución (que Raisman gane por ejecución es imperdonable), se queda con la medalla la muy, muy maldita. Ya puedo ir a pedirle un papel a Julio Bocca.

Mariana: (11:30) (Improperios varios, irreproducibles).

Seba: (11:31) Yo sabía… Cómo sabía?... No sé, pero sabía. Puta. Sigo puteando entonces.



 La puta gringa nos dejó sin bronce a los rumanos. Obvio. Me la vi venir. Si esto es todo a dedo. No podían negarle la victoria a las chinas, pero lo que queda… A ver, a ver, ¿usted habla inglés? Tome, tome, sírvase, una medalla. No, no, no me agradezca, es un regalo. Un regalo inmerecido. ¿Qué? ¿Qué dice usted, señora rumana? Disculpe, no le entiendo, acá en Londres solo hablamos inglés. Sorry. 


Mariana: (11:40). Lo peor de todo es que el entrenador de Raisman es RUMANO. Vendepatria del or*o.

Seba: (14:05) Qué? Ah, ta, cuanta infamia junta!!

sábado, 4 de agosto de 2012

Eme. U. Ge. E. Ene.

Si prestan atención a ambos márgenes de la presente nota usted se percatará que ocupan gran parte de la pantalla una serie de personajes que se mueven y se miran con ganas de pegarse y listos para el combate. Antes de seguir con la nota, mire a los personajes y responda: ¿cuántos de estos belicosos personajes usted conoce? ¿Conoce su procedencia, tanto geográfica o temporal? ¿sus              nombres? y especialmente, ¿conoce los pasos que usted debe efectuar para que estos personajes despidan fuego por la boca, giren bocabajo como helicóptero o propinen a sus enemigos o contrincantes de turno un piledriver giratorio tras salto de dos metros? Si usted no conoce nada de nada de esto, posiblemente ésta no sea la nota para usted (igual siga leyendo, capaz que encuentra un nuevo hobby o tiene un nuevo argumento para atacar a cierta gente). Pero si usted conoce algo o todo esto y guarda en su cerebro una jerga de conceptos como medias úes y úes enteras para atrás y adelante, bosses finales, flawless victorys y dragons puchs; pues bienvenido: esta nota es para usted. Ya hecha la medición y la advertencia, les cuento que todos estos personajes pertenecen a videojuegos de pelea en 2 dimensiones, 
lo cual debe ser uno de los géneros más paradigmáticos desde que se invento el pong. La cosa es sencilla: a cada lado un luchador, sobre ellos un reloj en cuenta regresiva y dos barras de "energía", las cuales descienden de  acorde a los golpes recibidos; el que se imponga en dos rounds         gana y sigue su rumbo a la próxima pelea. 
Hubo antecedentes (Street Fighter) pero
 el género se convirtió en vedette con la Street Fighter 2 y sus viajes en el mundo para que la gente se la dé en las calles del mundo (todo una clase de geografía), luego llego la Mortal Kombat con su apología al gorismo y sus recordadas fatalities, el World Heroes donde se la daban los grandes personajes de la historia, la Samurai Shodow donde se la daban con espadas y otras cosas, la Art of Fighting donde las magias le desgarraban las vestiduras a las mujeres, la Fatal Fury con sus pantallas creativas, la Darkstalkers que conocimos después, a posteriori, la Killer Instinct donde bichos raros se la daban salvo cuando se detenían a bailar; luego vinieron la King of the figthers a modo de mundial de fútbol de los juegos de pelea y también llegó toda la serie de los versus con Camcom y Marvel a la cabeza. Todos estos nombres en ingles solo implican algunos de tales juegos, los cuales han perdido algo de protagonismo y terreno (pero no importancia) por los juegos lucha en 3D. A mi humilde percepción todo ese compendio de nombres y juegos conforman una cuestión identitaria propia de la década de los 90. ¿Acaso Ryu o Sub-zero son mucho menos
conocidos que el de   Kurt Kobain, Jerry Seinfeld, Bill Hates o Carlos Menem? La buena noticia y a lo que realmente viene la presente nota es que hay una cosa llamada MUGEN que nos transporta a la maravillosa y en éste caso violenta segunda dimensión. MUGEN se presenta como un motor de videojuegos de lucha en dos dimensiones gratuito,  pero realmente es un hermoso hábitat donde conviven (no muy pacíficamente) todos los juegos de peleas 2D con todos sus personajes, escenarios y otros chirimbolos. Piensen en un juego de pelea que puede tener en sí a todos los peleadores en todos los escenarios, y tener más de una década de combates con sus respectivas estrategias. Cabe decir que de los juegos de pelea el MUGEN solo tienen la pelea y que le falta la historia y todas esas cosas; pero lo 
importante que es la parte de pelea está bien de bien. El atractivo del MUGEN para mí no es solo el del agón de la lucha 2D, también hay un atractivo propio de lo coleccionable. Muchos de nosotros supimos coleccionar figuritas, latas, cajas de whisky o patologías psicosociales o librillos de cinemateca. Generaciones anteriores coleccionaban sellos, monedas, armas u ostentaban una gran biblioteca de
libros no leídos. Creo que la internet y la opulencia digital ha matado un poco la colección, tener todo a la mano provoca que uno no se preocupe por guardar, por lo cual, justamente el MUGEN me ha generado un afán de colección, mi primer colección propia de la internet. Debo admitir que he navegado por internet, por sitios y portales muy diversos, en idiomas y abecedarios muy diversos en pos de personajes y escenarios nuevos para mi MUGEN, para lograr el universo de pelea más vasto posible. En fin, si usted no tiene una personalidad adictiva y quiere volver a los juegos de lucha 2D o los quiere descubrir, le recomiendo a ultranza el MUGEN como gran esfera de pelea virtual, la cual pueden bajar de aquí, o aquí, o también aquí y sino también de allí.

sábado, 28 de julio de 2012

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre gimnasia y nunca se le ocurrió preguntar

Larisa Iordache, la gimnasta preferida de Mediorama Uruguay.


Parafraseando a mi colega Ruy Ramírez, una de las cosas más atractivas de los Juegos olímpicos es que uno se puede volver especialista en un deporte tras mirar 75 segundos de una competencia. Lamentablemente, esto también corre para la mayoría de los comentaristas, que solo aportan  datos redundantes (“la caída del gimnasta de China”… ¡sí ya sabemos que se cayó!) o biográficos (“el gimnasta nacido en 1986, que compite sus segundos Juegos Olímpicos”… A-bu-rri-do). Con suerte los estudios llaman a escena a algún juez o ex gimnasta que explica los elementos de manera más o menos accesible (como un tal Seba de la TV Pública Argentina, quien lanzó ciertos comentarios enriquecedores si ignoramos el hecho de que casi lo único que le importaba era la clasificación de un gimnasta argentino en las anillas). 

Es cierto, podemos tornarnos expertos en casi todas las disciplinas (recomiendo la arquería en esto de comprender deportes que nunca habíamos mirado antes), pero con la gimnasia puede resultar algo complicado. Sin referencias claras de los sistemas de calificación, podemos quejarnos hasta el hartazgo de por qué la gimnasta que clavó su salida obtuvo un puntaje menor que la que prácticamente se da de cara contra la colchoneta. Ojo, ver gimnasia desprejuiciadamente también puede ser gratificante: no hay tensiones, no hay favoritismos (si bien uno tiende a buscar sus simpatizantes de inmediato simplemente por el placer de hinchar por alguien y vivir la catarsis); solo el gusto visual de ver cuerpos atléticos logrando lo imposible. 

Pero quienes quieran visionar la gimnasia artística emitiendo algo más que comentarios del estilo “qué cara de concentración” o "parece que vuela" (lo cual no deja de ser cierto), aquí van algunas claves.

1. La gimnasia artística no es lo mismo que la gimnasia rítmica. 



Cuando menciono que la gimnasia artística es mi deporte preferido de los Juegos Olímpicos, generalmente recibo como respuesta: “Sí, está bueno eso de las cintas”.  ERROR. Las cintas (junto a las clavas, pelota, aro y cuerda) son elementos de la gimnasia rítmica, que es solo femenina, y responde a códigos y reglas completamente diferentes a los de la gimnasia artística (y en los cuales me gustaría estar más versada). La gimnasia artística (u olímpica, como también se la denomina) tiene dos ramas, femenil y masculina, y se ejecuta sobre diferentes aparatos donde los gimnasta combinan elementos acrobáticos y artísticos de acuerdo a un rígido código de puntuación.



Esto es gimnasia rítmica

Esto es gimnasia artística



2. La gimnasia masculina y femenina tienen aparatos distintos.


Las damas compiten en cuatro aparatos (también llamados “eventos”), los hombres en seis. Gimnasia femenina: suelo, viga (o barra de equilibrio), salto (sobre el “potro”, “plinto” o “caballo”) y barras asimétricas. Gimnasia masculina: suelo, salto, barra fija (o barra horizontal), barras paralelas, anillas y caballo con arzones. Habrán apreciado que solo dos aparatos coinciden entre ambos sexos: el salto (generalmente los hombres tienen mayor dificultad, solo porque tienen más fuerza) y el suelo (donde las mujeres tienen música y coreografía y los hombres no tienen música y ni –casi- coreografía).


3. El diez perfecto ya no existe. 


Hace dos días escuchaba a un columnista radial que recomendaba un sitio web donde es posible aprender las reglas básicas de cualquier deporte olímpico en apenas un minuto. Como ejemplo, puntualizó: “Así pueden comprender por qué un gimnasta obtiene un diez”. ERROR. O parcialmente error. El sistema de puntuación ya no tiene al diez perfecto como nota máxima. De hecho, cuando todavía lo tenía, era prácticamente imposible obtenerlo (la última fue Lavinia Milosovici en Barcelona 92). No more Nadias Comanecis.

Ahora, aunque nos produzca más nostalgia y desconcierto, el sistema de puntos es abierto: no hay máximos asequibles. Cuando vean un puntaje de 14.950, no os alarméis: no es que el gimnasta es demasiado perfecto y por lo tanto merece más que un diez. Es que el puntaje se compone de dos puntuaciones: una de dificultad, que generalmente oscila entre los 5.0 y 7.4 puntos; y una de ejecución, que sigue partiendo de diez y descuenta décimas de puntos por las fallas y errores. De la suma de ambos surge la calificación final. Para tener una idea, en gimnasia femenina un puntaje mayor a 15,000 es satisfactorio; mientras que un puntaje menor a 14,000 es preocupante, aunque todo depende de cómo le vaya a las demás y cuál es el aparato.  Los hombres tienen puntajes más altos pues su dificultad es mayor (cuando se acercan a los 16,000 hablamos una buena rutina). Una “caída” supone una deducción de un punto completo. 

4. No hay una sola instancia de competición donde se definan todas las medallas.


El calendario de la gimnasia consta de cuatro pruebas: a) los clasificatorios, b) la final por equipos,  c) la final individual (All-Around), c) la final por aparato. Obviamente, la primera clasifica para todas las demás. En la final por equipos se suman las notas de los gimnastas de cada país en cada aparato (compiten tres atletas por aparato y los tres puntajes cuentan); en la final individual se suman las notas obtenidas por un gimnasta en todos los aparatos; en la final por aparatos compiten los ocho mejores puntuados en la competición clasificatoria. Por regla, en las finales individuales solo pueden competir dos gimnastas por país. 


5. Los Juegos Olímpicos son la competencia MÁS importante para la gimnasia, para la vida de un gimnasta y para todos los fanáticos de la gimnasia.


Mientras que otros deportes tienen torneos más importantes que las Olimpíadas (Mundial de fútbol, Wimbledon en tenis, etcétera), para la gimnasia ésta es LA competencia. Pertenecer a un equipo olímpico (ser un “olimpista”) es, para muchos gimnastas, más importante aún que ganar una medalla en un mundial. Sepan comprender ciertas euforias.


6. Estados Unidos, Rusia, China, Rumania.


Los países que deben recordar cuando miren las finales femeninas. Hablamos de las cuatro potencias de la gimnasia, que han acaparado los podios olímpicos durante los últimos treinta o cuarenta años. Quienes me conocen saben con qué país transilvano está mi corazón; pero si soy realista, Estados Unidos tiene todas las de ganar, gracias a un gran nivel de dificultad y una alta consistencia. Rusia es gran candidata –con sus etéreas líneas de bailarina y sus magníficas asimétricas-, pero suelen contar dos o tres caídas entresuelo y viga. China se caracteriza por la pulcritud de su técnica, pero también sufren de inconsistencia. Rumania siempre da pelea con su seguridad y su excelencia en suelo y viga (además de que todo el Uruguay debería hinchar por ellas, pero esa es otra cuestión e intenaré mantenerme neutral).

7. Wieber, Komova, Mustafina, Iordache, Yao, Douglas.


Los nombres a recordar en la final de All-Around femenina, para algunos la medalla más importante de todas las que se disputan. Claro, puede que algunas no clasifiquen y otras no entren in the mix, pero es probable que los tres primeros puestos estén entre estas muchachas: Jordyn Wieber y Gabrielle Douglas (Estados Unidos), Aliya Mustafina y Viktoria Komova (Rusia), Larisa Iordache (Rumania) y Yao Jinnan (China, que también tiene una buena chance con Huang Qiushuang).  

8. Catalina Ponor.


Tienen que admirar esta gimnasta rumana que con 25 años hace elementos más difíciles que ocho años atrás, cuando ganó tres medallas de oro en los Juegos de Atenas. Y eso que se tomó unas vacaciones off-gymnastics durante cuatro años donde no le faltó la buena vida. Recuerden su nombre, ámenla, venérenla. Es la rockstar de la gimnasia.   


Catalina. Ponor. Es. Rock.



viernes, 27 de julio de 2012

Por qué el deporte también hace llorar y otros relatos olímpicos



-Pero podés ver los resúmenes en los compactos de los informativos– intenta argumentar inútilmente mi padre cuando le cuento desesperadamente que las competencias olímpicas de gimnasia coinciden con mi horario de trabajo. 
-No. No puedo mirarlo fríamente en diferido conociendo el resultado de antemano. Necesito vivirlo, sufrir, llorar, putear.
Mi padre vuelve a intentar consolarme dando una breve muestra de su único conocimiento sobre gimnasia y su inmenso conocimiento sobre mí. 
- Esperemos las rumanas hagan honor a Nadia Comaneci.




Vivirlo. Sufrir. Emocionarse hasta las lágrimas. Putear hasta tirarle con un almohadón al televisor. Catarsis. Catarsis. Catarsis. Catarsis. La necesidad de identificarse con un yo exterior, ideal, donde se proyectan las aspiraciones frustradas y los deseos más profundos. Un yo exterior que en esta época del año es ineludiblemente un deportista (un remero, un halterofílico, otra vez un jugador de fútbol) y que en todas las épocas de mis años es una gimnasta, rumana. Podría citar a Freud y su “Psicología de las masas y análisis del yo”, pero me es más sencillo linkear algunos argumentos explicativos de por qué amo la gimnasia y por los que Rumania y Uruguay son gemelos en el universo deportivo (acá van otros dos, por si hacían falta: la abreviatura de Rumania en inglés es “ROU”, igual que la sigla de nuestra República; la entrenadora de cabecera del equipo femenino  rumano se llama Mariana, igual que yo).

Gimnasta, remero o halterofílico (deporte con nombre perverso si lo habrá), la cuestión es que esa identidad (o aversión) espectador-deportista solo puede producirse cuando ese personaje es introducido en un drama, un relato, una escenificación. Una historia que se nos narra desde las pantallas, nos involucra, nos mantiene en vilo, hace sacar lo más violento y lo más sensiblero, aunque sea en dosis mínimas e imperceptibles. Los deportes olímpicos nos con-mueven, porque se nos narran. Más allá de la espectacularización, las globalizaciones mediáticas, las multinacionales con sus multillonarios intereses acaparando nuestros televisores y nuestros ojos y nuestras apaleadas y alienadas conciencias. Más allá de todo eso, simplemente me interesa pensar los eventos olímpicos como relatos. Como esos relatos que nos contaban en la niñez y que necesitamos ver reinventados en formas (no tan) diversas al “había-una-vez”.

Ya lo dijeron los griegos


Puede ser que los “grandes relatos”, como predican algunos posmodernistas, hayan caído. Qué importa: tenemos los pequeños relatos.  Que si Michael Phelps se coronará como el atleta más laureado de la historia, quitándole el lugar a la gimnasta soviética Larisa Latynina. Que si los ingleses abuchearán a Suárez en el desfile inaugural. Que una saltadora griega no contuvo su pulsión comunicante y twitteó una bestialidad racista, perdiéndose los Juegos Olímpicos para los que había entrenado toda la vida. Que si la selección uruguaya de fútbol estará a la altura de las expectativas y de las predicciones del 88% de los portales que lo dan como medallista.

Omar Rincón define a las “culturas mediáticas” actuales como un cúmulo de narraciones que responden a la lógica de la sociedad del entretenimiento. Por supuesto, el deporte es uno de los eventos más narrativizados de los medios, desde las infinitesimales películas sobre deportistas hasta los relatos en simultáneo de los partidos. Y bien que nos entretienen, claro.

Y como todo en la vida, lo dejaron registrado en un jarrón.
Pero la relación entre el deporte y el relato es muy anterior al imperio de las pantallas y a la invención del periodismo deportivo. Como todo en esta vida, los antiguos griegos inventaron los deportes olímpicos atribuyéndoles orígenes míticos. Dicen que fue Heracles (más conocido como Hércules) el propulsor de los Juegos en honor a su padre, Zeus, el dios más importante del Olimpo (de ahí la derivación, naturalmente, aunque algunos señalan que la raíz es “Olimpia”, la ciudad de los primeros juegos). También dicen que, cuando los juegos se celebraban cada cuatro años, las guerras se detenían (¿quizás simplemente porque se trata de también de una batalla, pero representada, como persiste en las metáforas bélicas de los comentaristas deportivos?). 

Los atletas eran venerados; la fuerza y la destreza asociadas a la belleza del cuerpo eran parte de la areté (cualidades enaltecedoras para los griegos); el deporte era una vía para alcanzar la gloria por la que los deportistas sacrificaban todas sus horas. Años de entrega, segundos de competencia, gloria eterna. Sabemos que Aquiles prefirió una vida corta y llena de honra que larga, aburrida, olvidable. Basta conocer la rutina de un deportista de elite para descubrir que las cosas no han cambiado tanto  en todos estos siglos. 

Nadia Comaneci, Carl Lewis, Larisa Latynina, Michael Phelps. Todos nombres que nadie duda de equiparar al estatus de “héroes” o “leyendas”, sobre todo los reportes que tanto han pululado sobre la historia (narraciones otra vez) de los Juegos Olímpicos. Las “hazañas” y los momentos “épicos” también se venden al por mayor en los pseudocumentales, flashes televisivos y artículos web que sirven de antesala el inicio de Londres 2012.


Dramatizar lo irreal


El deporte no es real. Es en sí mismo una representación. Tiene el origen en algo real (la maratón surgió por la necesidad de llevar mensajes de una ciudad a otra) o mítico (la pelota asociada a los astros en el Popol Vuh), pero es siempre una escenificación, un juego, una suspensión de las circunstancias actuales para crear un universo con reglas propias y solo válidas para esas coordenadas espacio-temporales del hecho deportivo. Por eso son “Juegos”, precisamente.

Pero el hecho deportivo no queda allí. Las culturas mediáticas actuales (otra vez Omar Rincón)  deben dramatizar todos los sucesos, incluso los más caóticos, para insertalos en la coherencia de la narración. Así, permanentemente se busca lo narrable de una competencia, se ficcionalizan las acciones, se generan expectativas a través de predicciones anafóricas.

La gimnasia, por ejemplo, nació con una gran historia: Nadia. Antes estuvieron Latynina, Carlavska, Korbut, pero fue Comaneci quien desencadenó la verdadera (r)evolución de la gimnasia y sembró sus arquetipos con aquel primer diez perfecto. El eterno icono  de la perfección que en realidad no fue perfección pero qué importa.

La portada de Time cuando Nadia asombró al mundo


Y son esas historias grandes y mínimas las que me envuelven día a día para que lea decenas de noticias y reportes y previews y análisis de gimnasia en la esfera virtual de la “Gymternet”. La triste historia de la gimnasta que nunca llegó a los Juegos Olímpicos por culpa de una lesión insistente; la de la gimnasta con aires de diva que no pudo volver al gimnasio a tiempo y fracasó en competir en sus segundos Juegos; la del equipo que todos daban por muerto y se recompone en el momento exacto para dar pelea (¿metáforas bélicas, yo?). Los principales eventos de las competencias son con frecuencia catalogados como “storylines” en un fascinante paralelismo con el cine y la TV; las transmisiones de la NBC de Estados Unidos necesita mostrar clips lacrimógenos (llamados “fluffs”) sobre el inmenso esfuerzo de las atletas para luego mostrarlas ejecutando una rutina; la palabra “drama” es utilizada en casi el 47% de los comentarios de los foros cibernéticos sobre gimnasia.

No es simplemente que el melodrama “venda” o “entretenga”. Es también que los simples mortales precisamos las empatías, los personajes detrás de las frías rutinas, los héroes detrás de los deportistas, los dioses detrás de los héroes. 


Y después nadie comprende por qué rompo mi abstinencia de llanto cuando descubro que mi gimnasta preferida tiene una inflamación en el pie que compromete sus posibilidades de medalla.