sábado, 19 de noviembre de 2011

Se van a examen

Cuando todos esperaban que a esta altura del año comience la “bajada” (como define el programa radial “Justicia Infinita” a esta época), cuando todos piensan en las costas de Uruguay, cuando la mayor preocupación del montevideano promedio es saber si se puede coordinar la licencia con el resto de la familia o con los “amigos de verano”, cuando ya se palpita el calor, no me queda más que bajarlos a tierra y contarles todo lo que pasa en este bendito país. Bueno, todo no. No tengo tiempo ni espacio (ni tanta información) para acaparar la totalidad de hechos que hacen al Uruguay. Por eso les propongo atender un tema de interés general y del que no podemos ser ajenos.

¿Maleducados o mal aprendidos?

“Educación”, señores. Eso es de lo que más se habla en estos tiempos. ¡Enhorabuena! Bienvenida sea la discusión. Repasemos entonces este asunto: en uno de los primeros discursos de José Mujica como presidente de Uruguay, el mandatario prometió “educación, educación y educación”. Esa tríada daba para pensar que el gobierno se iba a ocupar de la educación, ¿no?

El Poder Ejecutivo se levantó una mañana y se enteró que las pruebas PISA habían dejado al descubierto algunos problemas educativos que debían ser atendidos de inmediato. Oposición va, oficialismo viene, al tiempo se reunían para ver cómo lo solucionaban. Meses después, la directora más famosa del Uruguay, Graciela Bianchi, anunció que tenía pensado tomar medidas con el plan de estudios del Liceo Bauzá, independientemente de lo que el Consejo de Educación Secundaria (CES) dispusiera. Algunos la apoyaron y otros la criticaron, pero a ella poco le importó.

También se supo que desde la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República se reclamó al CES que los estudiantes que recién ingresaban a la educación terciaria “científica” no podían pasar las pruebas que la Facultad les ponía a principio de año. Otro dolor de cabeza para las autoridades.

Silencio, gente en obra

Mientras todo esto ocurría, el nacionalista Daniel Corbo, integrante por la oposición del Consejo Directivo Central (CODICEN) de la Administración Nacional Pública (ANEP) redactaba un nuevo programa educativo denominado “Promejora”. Este plan, en breves líneas, permite a los liceos que suscriban a él (no es obligatorio) realizar modificaciones a su plan de estudio durante un año mientras son sometidos a una estricta evaluación de la ANEP. La idea es visualizar de dónde y hasta dónde van los centros con los cambios que propongan. Todo en el marco de experimentar y buscar salidas a los malos resultados académicos de los jóvenes uruguayos que reflejan las pruebas.

Este plan generó un profundo rechazo de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria, quienes entienden que se pretende que los liceos compitan entre sí. Los docentes también entienden que con el Promejora se va hacia un modelo de educación Chilena. A su vez, Secundaria también reaccionó ante este proyecto: entre otros argumentos, explicaron que los planes de estudio, según la última ley de Educación, sólo pueden ser establecidos por Secundaria.

Daniel Corbo - CODICEN
Ahí surgieron múltiples problemas políticos: el plan fue propuesto por un integrante del Partido Nacional y es rechazado por el sindicato docente y por las autoridades de Secundaria, Pilar Ubilla y Fernando Tomeo, representantes del MPP. La oposición reclamó que el gobierno “gobierne”, y que es el CODICEN quien manda, por lo que el CES tiene que acatar. Mientras todo esto pasaba (durante esta semana) el presidente Mujica estaba en México y cada tanto realizaba alguna declaración poco jugada sobre el tema.

Lo que pasó y lo que pasará

Recientemente se celebraron varias reuniones entre Secundaria y el CODICEN en busca de acuerdos sobre este punto. El primero quiere que el Promejora se modifique y que intervengan en su nueva redacción todos los actores de la enseñanza. El segundo aceptó eso pero sin el apoyo de Corbo. El nacionalista presentó una contrapropuesta que permite la intervención de otros actores, pero que no modifica el Promejora. Ayer viernes, a última hora, se anunció que hoy sábado se firmará un acuerdo entre Secundaria y el CODICEN sobre este asunto.

Según informa el diario El País, el documento que se firmará hoy es el resultado de una síntesis entre las diversas propuestas. El CODICEN promete atender la opinión de los docentes, al tiempo que se acordó extender el plazo para que los liceos se puedan anotar en el Promejora. Siendo más claro: van a estudiar modificaciones al plan, mientras piden a los liceos que se sigan inscribiendo.

Si el Promejora es o no la salvación de la crisis educativa en Uruguay, lo pueden responder los expertos en esta materia. El problema es cuando esos expertos no se ponen de acuerdo. Lo lamentable de todo esto es que mientras ellos discuten, 4 mil jóvenes no terminarán las clases este año por los altos índices de deserción estudiantil.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cuba sí, Estadio Charrúa no


Al fin, después de veinte años sin venir, después de diez años que lo espero, después de seis meses de haber adquirido la entrada, llegó el día del concierto de Silvio Rodríguez en Uruguay. Probablemente, si hubiera ocurrido a mis 16 años (esa época en que se citan frases contestatarias o de amor –que no es lo mismo pero es igual- sin comprenderlas bien, solo para afianzar una identificación con alguien admirado) la emoción y la ansiedad habrían sido mucho mayores. De todos modos, aunque éstas ya no sean mis épocas liceales, no dejaba de ser un suceso significativo. Silvio Rodríguez en Uruguay. Al fin, después de tantos casetes escuchados hasta el hartazgo.

Todo estaba predestinado a ser un evento perfecto. Mi madre, mi tía, mi mejor amiga y yo, todas en una espléndida ubicación en el sector VIP, nada de gradas: sobre la mismísima cancha del Estadio Charrúa. Pero si hay algo que debemos aprender, amigos míos, es no todo lo que estaba predestinado a ser, es. Ya la llegada en auto fue un caos absoluto, avanzando metro a metro a merced de los semáforos y el tránsito endemoniado de Avenida Italia en la hora pico. Hora pico + 20 mil personas con el objetivo de llegar a un mismo lugar= 30 minutos para avanzar 200 metros.

Llegamos sobre la hora en busca de la bendita puerta cinco. Mientras todas las demás puertas estaban vacías, la nuestra estaba atestada de gente. Nos dispusimos a esperar cerca de la puerta, pensando que, si eran entradas numeradas, no tenía sentido la noción de “colarse”. Una mujer nada simpática que, irónicamente, estaba delante nuestro, nos piantó un discurso eufórico y agresivo sobre  muestra inmoralidad por no haber hecho la cola que ella había tenido que hacer y no sé cuántas cosas más, pobre señora. Claro, entonces nos dimos cuenta que la cola tenía una longitud de miles de cuadras. Lo que tuvimos que caminar para llegar hasta el final fue más de lo que habíamos caminado para encontrar la maldita puerta cinco.

Y es que la cinco no era solo “nuestra” puerta. Era la de casi todo el estadio. Medio estadio entrando por una misma puerta. Y sin portero, sin acomodador, sin nada. Nada de nada. Setecientos pesos en entrada y cualquiera podía meterse por donde quisiera porque nadie controlaba nada. Digamos que fue el peor día de ventas para los revendedores. Decir que era un recital de Silvio Rodríguez y no, por ejemplo, del Indio Solari, porque la cosa podría haber terminado mucho peor. O quizás no, y son meros prejuicios. La cuestión es que la gente mantuvo la calma aún cuando la voz de Silvio empezó a sonar y la mitad de los espectadores nos encontrábamos afuera.

Me perdí el momento ese tan lindo de todo concierto, cuando finalmente el artista sale al escenario. Lo perdí, ya está, nunca lo voy a volver a tener. Al contrario, cuando ya en la cuarta canción logramos entrar al estadio, en vez de disfrutar a Silvio estuvimos largos minutos avanzando en una horda desorientada ante la falta de un mísero acomodador, y luego preguntando sector por sector para ver cuál era el condenado VIP 12b. VIP, un corno. Silvio estaba lejos, naturalmente, pero ni siquiera podíamos divisarlo porque toda la gente que entró sin  respetar su número de entrada (o sin entrada directamente) se había apiñado de pie delante de nuestro sector. Pero al menos ya estábamos allí, y teníamos una pantalla gigante.

La pena es que la desagradable travesía de la entrada empañó, durante los primeros minutos, lo que debería haber sido un momento no sé si mágico, pero al menos especial.  Afortunadamente, Silvio cantó casi tres horas, por lo que hubo tiempo suficiente para quitarse el mal humor y entregarse a sus canciones. Todos sabemos que los recitales de músicos con mucha trayectoria  tienen su mejor parte en la segunda mitad. Antes presentan los temas nuevos, que muy pocos conocen, en melodías de belleza variable. Está bien, ningún artista –salvo Vilma Palma- merece cantar solo canciones del noventa para atrás.


(La captura no es mía, es tomada de un alma amable que compartió su registro en la ciberesfera)

Pero fueron, por supuesto, esas canciones del noventa para atrás las que nos emocionaron. Más que los clásicos Ojalá, Óleo de mujer con sombrero, Por quien merece amor y la preciosa Playa Girón, me conmovieron cuatro canciones quizás no tan conocidas, que siempre había escuchado con el sueño de sentirlas en vivo algún día. 

La maza, la primera que escuché de él y que me asustaba de niña con los golpes de percusión que imitaban un corazón o una maza sin cantera, fue también la primera conmoción de la noche. La gaviota, una pequeña canción de melodía increíble, fue un regalo inesperado. Casi había olvidado que quería escuchar esa canción. Tan rápida, tan detenida. Qué belleza. Luego, El Necio. Canción poderosa como pocas, también inesperada, y más poderosa que nunca. Y después, casi al final, Pequeña serenata diurna. ¿Cómo alguien puede cantar “soy un hombre feliz” en una melodía tan pero tan melancólica y lograr que le creamos profundamente?


(Ya se habrán dado cuenta que este recital tiene una data de largos años, aunque su voz sigue intacta)

Me acuerdo de un amigo que hace años me había regalado un casete con esas dos últimas canciones porque eran sus preferidas y yo nunca las había escuchado. Qué alegría habrá sentido cuando Silvio se las regaló en vivo, desde el lugar del estadio donde se encontrase.

Tal vez el final podría haber tenido una culminación más enérgica. El tercer bis no culminó con Unicornio, el hit que faltó sin aviso, tal vez porque no lo pudo encontrar. Al contrario, el concierto cerró con dos canciones nuevas (es decir, poco conocidas), sin demasiada emoción. Canción urgente para Nicaragua también habría sido un final explosivo. Pero, ¿saben qué? No importa. La ternura de su guitarra vale por cualquier final taquillero.

En fin, la espera de veinte años terminó, la noche esperada terminó, Silvio terminó, y pese a los obstáculos fue una velada linda.  Igualmente me quedo con un “ojalá”: que no se vuelvan a  (des)organizar espectáculos con esta negligencia, ni en el Estadio Charrúa ni dondequiera que sea. Los artistas merecen que se los disfrute con respeto. Quizás la próxima vez la calma de la euforia por su venida aplaque la sed de ir a verlo y todo discurra con mayor tranquilidad. Y que va a venir, es casi cierto: descubrí que las dos palabras que más usa en sus canciones son “corazón” y “porvenir”. Y esas dos palabras juntas solo pueden significar algo bueno.