sábado, 4 de junio de 2011

Clave mediática

El carnaval uruguayo es un patrimonio simbólico y artístico valioso, más cuando está inscripto en un país que se vive jactando de no tener identidad. Dentro de la categoría de las murgas, una que se destaca es La Clave. Venida de San Carlos (Maldonado), se ganó el reconocimiento merecido de la gente, y los jurados de carnaval están bajándole el valor del impuesto al derecho de piso. No es fácil ingresar a las ligas mayores del concurso ni acoplarse a temáticas que, si bien atañen a la realidad nacional (aunque no siempre), muchas veces se ciñen a matices que involucran únicamente a la metrópolis.

En su espectáculo 2011, un fragmento del “cuplé de los paros” recita lo siguiente: “Y cuando juega Forlán, paran los informativos. Mientras que duró el mundial, no hubo hechos delictivos. Aflojó la sensación, paró la crónica roja. Hay que parar de mirar lo que a ellos se les antoja”. No me parece mal que la crítica se haga respecto a uno de los dispositivos constructores de nuestra realidad como son los medios masivos de comunicación. Hay miles de argumentos –incluso de más peso–, para hacerla.

Sin embargo, así como los medios recortan situaciones para exhibirlas con ciertos sesgos, una murga también lo hace. Selecciona, jerarquiza, incluye y construye un discurso estético sobre datos y hechos relevantes de la actualidad mediata. ¿Qué archivo emplea la murga como fuente de sus espectáculos? ¿Cómo sabe cuál es la agenda pública?

¿Fue a entrevistar al sindicato que hizo paro? ¿Estuvo todo el día en el parlamento cuando hubo una interpelación? ¿Hizo guardia para conseguir la palabra de ese personaje tan solicitado por la decisión que tomó? La respuesta a esa corta lista de preguntas es no. Tampoco tiene por qué hacerlo. Figuran agentes e instituciones encargados de esa porción de la vida cotidiana.

Entre ellos me interesa aludir a los periodistas y a los medios de comunicación. La misión del periodista no es alarmar, es informar. La función de los medios no es provocar caos, es transmitir acontecimientos. Sé que es una explicación vaga y llana. Simplemente son etiquetas que atribuyo gruesamente. Existen filtros entre el hecho, lo que periodista capta, lo que el medio valora como trascendente y la difusión definitiva. Existen intenciones y presiones, muchas presiones. 

Claramente la murga se refirió al informativo televisivo de Canal 4 que, ante tanto ataque y debido a los resultados de estudios estadísticos, disminuyó sus minutos dedicados al periodismo rojo. De todas maneras, evitemos la metonimia. ¿Es la única oferta informativa? ¿El periodismo solo informa crónica roja?

Los efectos que puede acarrear una noticia son vastos. Pero eso ya concierne a otro tipo de actores que no son los medios ni los periodistas sino los receptores, un  universo que apropia e interpreta lo que sucede basándose en lo que piensa, en cómo cada ideología lo permea, en su subjetividad. En ese grupo estamos cada uno de nosotros, por tanto, ¿qué miramos? ¿Siempre somos criteriosos ante la abundancia de mensajes que nos saturan? La murga aconseja “parar de mirar lo que a ellos se les antoja”. Yo soy menos extremista y propongo ser más selectivos y analíticos.

Asimismo, en el sector receptivo se halla la propia murga, con la diferencia que ella se reposicionará como emisora de un perfil que elabora con nuevas intenciones y presiones. Entonces, ¿no es tan forjadora de realidad como un medio, desde el momento que su espectáculo es visto por cientos de personas y es difundido por la prensa, la televisión, la radio y además es inmortalizado a través de la red virtual? ¿Ella no es parte de lo que a los medios se les “antoja” mostrar?

No olvidemos la función de servicio que cumplen los medios (lo cual no implica que siempre estaremos conformes con lo que nos brinden). Si reflexionamos acerca de La Clave (mediática), observaremos que existe la posibilidad de escoger dentro de su menú, por ejemplo, los deleitosos sonetos que propone La Clave (a secas).


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