martes, 26 de julio de 2011

La ficticia frontera fractal: Primer episodio

Desde que el cine se ha hecho una realidad, ha traído consigo el debate sobre la conflictiva relación, precisamente, entre la realidad y el cine.
Esta cuestión podría remontarse al primer momento del cine cuando el tren llegó a la estación, el cual con su llegada provocó un gran alboroto. Cabe destacar el hecho nada despreciable de que este lío no se dio en una de las tantas llegadas a la estación propiamente dicha, sino que el asunto fue la primera vez que el tren llegó (o no) en el cine. Dicho malentendido ocurrió porque la gente decidió hacer caso omiso al grito de: “ésta es sólo una ilusión de movimiento creada por la sucesión de varias fotografías en poco tiempo; nada nos puede arrollar”. La gente, en vez de escuchar, optó por correr temerosa del tren que se acercaba.


 A partir de esta anécdota – cuya realidad es cuestionable - se pueden desprender varias cosas: para empezar, que el tren falso tuvo más suceso que el verdadero. Por otro lado queda claro que puede haber varios niveles de real y realidad. En un primer nivel muy superficial se podría decir que los trenes reales son los tangibles y los que están en la pantalla no… aunque las cintas donde está grabado el tren sí es real, la luz proyectada también, y el tren en que se basa también; pero el tren de la pantalla no.
Pasando a un plano más complejo, podemos decir que la cuestión de la realidad no viene de la mano de la materialidad, sino de la imitación. Desde este campo se puede decir que todo el cine en sí es una imitación, una ilusión que a partir de un registro recrea la realidad. Por ende, una imitación de la realidad, ¿podría ésta parecerse demasiado a la realidad?

Pero se puede enfocar la realidad de otra manera, ya que la imitación se da a partir de la recreación y la creación (teniendo como base la imitación del mundo; no podemos pensar por fuera del mundo) o a partir de las capturas y explicaciones de la realidad. A simple vista, podría decirse que esta separación es la que diferencia entre las ficciones y los documentales

Foto: Magdalena Schinca
Voy a darme un respiro de esta complicación para sugerir un pequeño divertimiento geométrico. Dibujemos un triángulo equilátero y delimitemos cada lado en tres segmentos iguales. De cada uno de los segmentos del medio tracemos dos segmentos de tal modo que se formen tres triángulos; los cuales tendrán como un lado uno de los segmentos del primer triángulo. Ahora repitamos el procedimiento que hicimos con el primer triángulo en los tres triángulos más pequeños; si lo hizo bien tendrá seis triángulos más pequeños aún. Por último repita este proceso hasta que se aburra.
 Lo que se formara será una figura bastante compleja llamada fractal; y todo este entretenimiento geométrico se debe a que las fronteras entre el cine y sus realidades son fractales. Estos límites son complejos, no lineales, y sobre todo se dan de tal manera que siempre se puede hacer una nueva delimitación por otro lado. Ergo, nunca serán límites en sus bordes.

Pero … … ¿Cómo podemos encontrar la realidad en el cine si no sabemos qué es real realmente?

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