jueves, 9 de junio de 2011

El capítulo final de Supercampeones

Lo dieron de tarde en Canal 4 y todos los niños estábamos esperando, con cierta nostalgia anticipada, el final de ese cuento de hadas futbolístico japonés.
Una vez iniciado el capítulo todo marchaba bien hasta ese último minuto; ese minuto que a todos nos dejó los ojos más grandes que los propios seres animados.
¿Cómo poder olvidar a Oliver despertándose y contándole a la madre que soñó que salía campeón? Pero sobre todo, ¿cómo olvidar cuando segundos después se mostraba al pobre Oliver tirado en una cama con las piernas cercenadas? Ese minuto final encastraba muy bien con el arranque de la serie, cuando el protagonista en busca de un balón casi era atropellado. La interpretación era simple. Ese auto nunca frenó y toda la serie era el sueño de un niño paralítico.
Fotografía: Analía Buffa
Muchos niños lloraron y dejaron la práctica del deporte, lo que provocó que los padres se quejaran y dejaran de transmitir el episodio. Pero eso no evitó que el mensaje llegara. Los que lo vimos, entendimos que podemos soñar con ser campeones, aunque llegada la hora, despertaremos y nos daremos cuenta de que no tenemos piernas.

3 comentarios:

Nicolas dijo...

Ruy, esporádicamente miraba Supercampeones y las aventuras de Oliver Atom, o algo así. Si recuerdo a mi hermano que se devoraba la serie (como cualquier orta serie japonesa) comentarme de la parálisis de Oliver. Sí recuerdo haber visto el primer episodio, y la imagen de Oliver a punto de ser atropellado.
La primera vez que oí el final, nunca lo vi, no me molestó mucho. Pero ahora que lo pienso, me parece que es el final más pesimista que se les pudo haber ocurrido. Porque, como dijiste, nos hace dar cuenta que soñar se puede, pero la realidad es otra. Eso si, QUE IMAGINATIVO EL AMIGO OLIVER

Mar dijo...

El recurso del sueño es malgastado infinitas veces en las telenovelas argentinas, aunque sin el efecto traumático de Supercampeones.

Te imaginarás que nunca vi este dibujito, pero esa imagen no real que circuló me dejó bastante impactada. Me dio una sensación parecida a la que me producía el Semanario de lo Insólito...

Anónimo dijo...

la visa es cruel, loco...