martes, 24 de mayo de 2011

Confesiones de una típica onicofágica

Aunque hace unos veinte años que la padezco, no hace mucho descubrí que la compulsión irrefrenable a comerse las uñas se denomina “onicofagia”. Causas posibles: ansiedad, inseguridad, adicción de las papilas gustativas a la piel que habita debajo de las uñas, adicción del tejido epidérmico de los dedos a alguna sustancia narcotizante proveniente de los dientes, miedo de una niña de tres años ante la terrible noticia de que ese avión chiquito que desaparecía en el cielo llevaba en su interior a su querida Tía Helena.
Consecuencias: manos antiestéticas, dedos de monstruo, cutículas ensangrentadas, pequeñas infecciones, desgaste de los incisivos, riesgo bucal ante múltiples bacterias, riesgo de aislamiento social ante múltiples rezongos de las personas que no disfrutan ver a una joven y dulce muchacha destrozándose las yemas de los dedos, posible formación de una masa de uñas en el estómago que podría provocar indigestión e incluso muerte.

Pero lo más interesante de todo (y esto lo descubrí unos segundos después de conocer el nombre técnico de mi trastorno alimenticio), es que “onicofagia” es un precioso anagrama de “iconofagia”, es decir, la compulsión irrefrenable a devorar imágenes. Es el término que un teórico brasileño llamado Norval Baitello acuñó para caracterizar esta sociedad plagada de lo visual, donde permanentemente devoramos imágenes y somos devorados por ellas. Y lo más fascinante de esta coincidencia etimológica entre ambas “fagias” es que también la “onicofagia” es una manera particular de engullir imágenes, en este caso, la autoimagen, que se resquebraja con cada acto de autofagia. Con cada desayuno de uñas, también digiero la posibilidad de una despampanante mano con uñas rojas y pintadas y perfectas como las de las publicidades, como las que hay que usar (aunque mejor rojas no, sino con un brillito) para las entrevistas de trabajo.

Tratamientos recomendables: intentos exhaustivos de autocontrol, doblar y desdoblar un papel cada vez que percibimos concientemente las ganas de comerse las uñas, utilizar un esmalte con sabor a picante (aunque puede tener contraindicaciones si lo terminamos ingiriendo, como seguramente sucederá), usar uñas postizas, más autocontrol, cubrir con curitas los dedos al mejor estilo Michael Jackson, intentar autocontrolarse (“no te muerdas, no te muerdas”), no tomar el 175 con la esperanza de llegar en hora al trabajo, cortarse los dedos, escribir durante las 16 horas diarias de vigilia posts sobre onicofagia para mantener los dedos ocupados.

9 comentarios:

Diego dijo...

Si yo fuera doctor le recetaría un novio con sistema anti-onicofágico.Si ya tiene uno, la de las benditas no es mala.

Muy lindo post

Lourdes Nievas dijo...

La verdad es que nunca me había tomado tan en serio lo de la gente que se come las uñas, y la verdad tampoco me considero iconofágica.
Pero contado en 1a. pers. me pareció súperfuerte la experiencia, qué modo más preciso de ansiedad.
Vamo'arriba, Marian, todos los días son DAY ONE.

Anónimo dijo...

Anda a terapia...

Mar dijo...

Anónimo: Se agradece cualquier contribución para pagar los honorarios del terapeuta.

También se agradece la lectura, y la buena disposición a dar buenos consejos.

Florencia dijo...

De onicofágica a onicofágica: excelente artículo!

Saludos!

FLACA dijo...

jejejeje... lo que se hereda no se roba, la onicofagia puede ser una compulsión congénita.Casi se me saltan los lagrimones con lo del avión y la Tía, pero morí de la risa con el final.

Ángeles dijo...

Soy onicofágica desde que tengo memoria, pero creo que se puede controlar. Lo he hecho, aunque no para siempre (5 meses sin hacerlo), pero espero un día encontrar el punto cúlmine, donde pueda autoproclamarme onicofágica rehabilitada.

Amé el post.

G, Alden dijo...

Pues yo soy igual y he empezado mi nuevo intento pero hoy lo hago público. http://diariodeunaonicofagica.blogspot.com/

he tratado de todo.. pero ahahha ni una ni otra me ha surtido efecto :(.. así que... hoy es mi día 0....espero soportar más que la última vez..:(!!

Anónimo dijo...

Magno artículo :)
Soy onicofágica desde que tengo memoria, y lo sufro, también, desde que tengo memoria.
Es una "lucha" diaria, una batalla que nunca se gana.
Gracias por compartirlo :D